domingo, diciembre 3, 2023

Antonio Fontán, las memorias republicanas de un liberal

Episodios republicanos. Apuntes sobre religión y política en la II República (1931-1936). Antonio Fontán. Editorial Rialp

Antonio Fontán fue un liberal en la transición, como le definió Miguel Angel Gozalo en un célebre libro en el que perfiló con precisión la esencia política del hombre que desempeñó varios cargos en la España posterior al franquismo. Fontán fue senador, fue presidente del Senado, ministro de administración pública y diputado en Cortes entre 1979 y 1982. Fue además un intelectual y un sabio latinista. La historia del manuscrito de este libro se cuenta de manera sucinta en el prólogo de la obra. El texto tiene fecha de 1999, aunque Fontán comenzara a elaborarlo en 1959 y lo terminara en 1962.

Fontán y la memoria

antonio fontán

En 2009, recuperado de una crisis cardíaca, Antonio Fontán tenía dudas sobre la publicación: no quería que la difusión de una obra sobre la Segunda República en aquel momento “pudiera hacer pensar que las cosas no iban a salir como él había querido”. Hoy quizá estamos más cerca de pensar, o tenemos más razones para hacerlo, que las cosas van en un sentido que nos recuerda aquella deriva. Lo cierto es que la obra de Fontán nos ayuda a comprender aquel tiempo, pero también los sucesos de días más actuales.

La obra revisionista de las últimas legislaturas de nuestra democracia sobre la II República, y sobre todo la demolición de la obra de la Transición que practica el gobierno de la nación hacen de estas memorias de Fontán un libro de un valor muy alto y relevante. No estamos ante un libro de historia con su rigor y su aparato crítico de notas. Estamos ante unos apuntes en los que la memoria tiene un gran peso, pero asentada, matizada y corregida por lecturas y reflexiones, por conversaciones e investigaciones.

El punto central son las relaciones entre la religión y la política en los años de la República. Y aquí Fontán hace la principal aportación a la lectura de los hechos, sucesos y posiciones que derivaron en la guerra civil. Como afirma Jaime Cosgaya en la nota introductoria, Fontán “estaba convencido de que la clave del caos y el desorden previos a la guerra civil residía en el ambiente intelectual que había inspirado la Segunda República y del que los católicos, por exclusión o voluntad propia, según los casos, habían quedado al margen”. La vida pública de Fontán, su labor intelectual, estuvo marcada por proyectos como el Instituto de Periodismo o la revista Nuestro Tiempo en los que siempre quiso estar en el centro de la vida intelectual.

Propaganda y violencia verbal

Aborda Fontán en primer lugar  el final de la monarquía de Alfonso XIII, para entrar enseguida en el despliegue del mapa político de la época y sus actores. En el lado de la izquierda, “los socialistas aspiraban a derrotar a los católicos en la política, eliminarlos del Estado y condenarlos a un ghetto permanente y marginal, en el que se fueran debilitando cada vez más. Pero en los estratos de la propaganda, las violencias verbales eran máximas” Ni socialistas ni comunistas se cuidaron de someter a control la violencia antirreligiosa, y por eso en los episodios más crueles no había “diferencias sustanciales entre el anticlericalismo socialista y el de sus hermanos y rivales anarquistas”.  En ese contexto surgen iniciativas como El Debate de Herrera, hombre de acción que habla de enseñanza y ciencia: “la enseñanza y la prensa son las dos grandes fortalezas enemigas”.

La República llega con estrépito y voces, pero dice Pla, el cronista, “no puede superar en realidad la fase meramente sonora de los problemas que enfocó”. Un régimen hablado, un régimen de discursos, muchos, pero escasas soluciones. Un régimen improvisado, dogmático, que crea un problema que no existía, el de “la mayoría religiosa oprimida”. El resultado es que cinco años de república “habían acentuado los extremismos hasta colocar a los españoles al borde de una decisión absoluta. El ímpetu revolucionario había hecho imposible la convivencia democrática y cinco años de desorden y de violencias en la calle (la república había costado más de seis mil muertes violentas por razones política o en algaradas callejeras) habían exaltado los ánimos hasta grados de frenesí”.

Marxismo hasta las últimas consecuencias

Recuerda Fontán que la República no era la estación final para los socialistas de Largo Caballero, sino el socialismo, un socialismo marxista y revolucionario: “hay que ser marxista y serlo con todas las consecuencias”. Junto a ellos, los republicanos, con una actitud absurda y suicida. “las únicas explicaciones que cabe imaginar escapan del orden de la política para caer en el de la psicología personal de sus caudillos, en el sectarismo anticatólico y en las consignas que a cierta parte de ellos llegaban desde las logias”.

Llamo la atención del lector sobre este párrafo del epílogo de esta obra, en el que habla de los vencedores de las elecciones de febrero de 1936, que en pocos meses demostraron que no podían gobernar España: “constituían una combinación inestable, integrada por diversas utopías políticas, teoríca y prácticamente incompatibles entre sí, que entraban en pugna en cuanto querían plasmarse en una acción conjunta de Gobierno”. En el único punto que confluían era en una política antirreligiosa, antimilitar, permisiva con la subversión que promovían los más violentos.

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Antonio Fontán

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