Sandra cuenta en Condenadas a la clandestinidad cómo empezó en el mundo de la prostitución. Su hijo tiene necesidades educativas especiales. Su testimonio, enviado por ella misma al canal de podcast, no tiene intermediarios. el color de voz de esta mujer española, el tono con el que habla, no deja dudas. Se encuentra bien, su trabajo le permite dar a su hijo una educación especial, a la altura de sus necesidades. Habla con un tono cordial de los hombres con los que trata. Se entiende que algunos de ellos son parte de una relación de largo plazo. Alguna vez ha tenido la tentación de la política. Lo dejó. No le gusta la ley que propone el PSOE, y que ahora apoya el PP. Piensa que la condena a la esclavitud, a ser presa de las mafias, a la clandestinidad. El debate sobre la prostitución está abierto. Y las voces se escuchan aquí, porque el Congreso no las atiende. Cada capítulo de Condenadas a la clandestinidad contiene el testimonio de una mujer.

En la primera de las grabaciones de Condenadas a la clandestinidad (Bienvenidos a la prostitución) una mujer dominicana explica su experiencia. Llegó a España en busca de una vida mejor, de dinero para enviar a su familia. La ley de extranjería española exige tres años de estancia antes de acceder al permiso de residencia. No tienes papeles; no puedes trabajar. Un día, entró el mundo del trabajo sexual. Hoy sigue ejerciendo, con libertad y con seguridad.

Los testimonios que se añadirán en los próximos capítulos insisten en la misma línea: abolir la prostitución es condenar a miles de mujeres, hombres y transexuales a la clandestinidad, a una forma de trabajo en la que no pueden garantizar su seguridad. Las experiencias de Francia o de Noruega, con leyes similares a la que se impulsa en España, indican que la violencia, las agresiones, los secuestros, robos, violaciones y asesinatos, se han multiplicado. Las mujeres, sobre todo, no denuncian por no reconocer que hacen un trabajo ilegal.

Los promotores de la ley afirman que pretenden perseguir la trata y la actividad de los proxenetas, que ya está castigada en el Código Penal vigente en España. Pero además quieren cerrar todos aquellos locales en los que se ejerce el trabajo sexual. Por contra, las mujeres afirman que esos locales les permiten ejercer su profesión con garantías, con seguridad, con control de clientes, y a cambio de un pago por el uso de las instalaciones. Cerrar esos locales significa quedarse en casa, sin protección, sin seguridad. Castigar a los clientes supone además dejar sin servicios a personas que por soledad o discapacidad, necesitan recurrir a las personas que trabajan en este ámbito.

La ley no es solución, dicen todos los testimonios de Condenadas a la clandestinidad. Traerá violencia y dejará a las de 150.000 familias que viven directa e indiréctamente de este trabajo, sin forma de vida. Viola derechos fundamentales. El llamado «si es sí» se aplica para resaltar la libertad sexual, pero se niega a quienes quieren ejercer su derecho a vivir de un modo que han elegido. Insisten en que ellas y ellos son los primeros que colaboran para combatir situaciones de prostitución forzada, trata, esclavitud, proxenetismo. Por eso declaran, perplejas y perplejos, que esta ley condene la prostitución para terminar con la trata, y deje en situación de debilidad frente a las mafias, a todos y todas las que ejercen trabajo sexual. Hay debate. Lo menos que podemos hacer es dar voz a quien no la tiene, y escuchar a quien no ha sido escuchado por el poder político y por el legislador.

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