Cowboys. Dirigida y escrita por Anna Kerrigan. Fotografía John Wakayama Reparto Steve Zahn, Sasha Knight, Jillian Bell, Ann Dowd. Filmin

Cowboys es un drama que tiene como elemento central el conflicto de una familia por una hija que siente que ha nacido en un cuerpo equivocado. Se siente niño, le gusta vestir de cowboy como su padre, siente adoración por su padre, y se comunica mal con su madre, porque percibe que a ella no le gusta su actitud. La madre le dice que Dios nos da a cada uno un cuerpo y que con eso hay que tirar. El mundo llamado transgénero ha entrado en el cine, y en el género tan masculino de western, que también abordó la homosexualidad en su tiempo. Anna Kerrigan ha elegido para su debut en el cine una historia que se sitúa en la corriente actual de subrayar todo lo que tenga con la identidad sexual, en especial, lo transgénero.

La historia de Cowboys juega con unos equilibrios muy compensados para evitar caer en lo maniqueo. Esta vez la mala es la madre. La madre de Joel es conservadora, creyente, no tuvo la gracia de la belleza, canta mal, y no acepta la diversidad. Es el lado negativo de la película, la que impide que Joel desarrolle su personalidad masculina y la exprese de la forma que más le gusta: camisas de cuadros, hebillas de cinturones con pistolas y estrellas, y botas de vaquero de colores llamativos. Nunca rosas. A Joel le gustan las pistolas, los tirachinas, los juegos de indios y los relatos del oeste. El pelo lo quiere corto, y los sombreros como los de su padre. Adora a su padre y evita a su madre.

La segunda parte del conflicto viene del padre. Steve Zahn encarna con una gran eficacia y en un papel soberbio las contradicciones de un padre que ama a su hija por encima de todo, que la acepta como es, y que le consiente casi todo. Lo único que tiene vetado es manejar el rifle. Los padres viven separados, porque él padece un trastorno bipolar que a su mujer la lleva por el camino de la amargura. Algún día el feminismo tendrá que elevar una queja contra los arquetipos de la mujer en el cine. La que no es desagradable y antipática es una arpía que es capaz de pedirle a su marido que le arregle un tirador de la puerta mientras el hombre está en una operación antinarcóticos. Pero ese es otro debate.

Cowboys comienza con la fuga del padre y su hija, ya vestido de hijo, por las montañas, camino de Canadá, un país donde según el padre, aceptan lo que llega con entusiasmo, sin preguntar. La madre denuncia el secuestro de su hija, y en la investigación de la policía van aflorando los conflictos, como las capas de una cebolla. Para dibujar todo el árbol de problemas, Kerrigan recurre, quizá en exceso a la técnica del flashback. Demasiadas vueltas atrás para sostener unos hechos que podrían haberse contado de forma más eficaz y sencilla.

La película tiene la belleza de los grandes paisajes del oeste montañoso en los estados fronterizos con Canadá. Y un tratamiento delicado de un problema complejo, aunque para conseguirlo tenga que cargar las tintas en la madre, retratada como un ser simple, romo, sin matices, incapaz de una aproximación comprensiva y tierna hacia la hija. Por otra parte el desarrollo de la narración tiene momentos muy previsibles. Lo mejor de Cowboys, sin duda, la interpretación de Steve Zahn, aquí en un papel protagonista, lleno de matices, de grandeza y de miseria, que ha sabido encarnar en una actuación conmovedora, en la llega a la profundidad de un padre que sabe que pagará un alto precio por buscar la improbable felicidad de su hija.

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