Truman Capote es uno de los grandes cuentistas norteamericanos. Ha pasado a la historia de la literatura por obras maestras como A sangre fría o Desayuno en Tiffany’s, y a la historia de la crónica social por su vida social rutilante, por sus apariciones deslenguadas y escandalosas en programas de televisión de gran audiencia. Pero sobre todo era un magnífico escritor de cuentos, que han sido editados, desperdigados, en muchos libros. Cuentos únicos les propone escuchar uno de sus cuentos más celebrados.

El cuento

El escritor Reynolds Price escribió un magnífico prólogo para los Cuentos completos de Capote, que en España fueron editados por Anagrama. Price afirma que en algunas obras de Capote late «su dolorosa soledad infantil y su desconcierto ante los misterios sexuales y familiares que habían empezado a socavar su confianza y que a la larga contribuirían en medida a su hundimiento final en una angustiosa vergüenza, aun en medio del gran éxito posterior artístico, social y económico. Los mismos dilemas se exponen parcialmente en cuentos como «El halcón decapitado», «Cierra la última puerta» y «Un árbol de noche»

Un árbol de noche narra el encuentro de Kay, una joven que regresa de una funeral, con una extraña pareja formada por una mujer desinhibida y aficionada a la ginebra, que viaja en tren acompañada de un hombre sordo y mudo de aspecto enigmático y gestos equívocos. En Un árbol de noche se despliega con maestría la enorme capacidad de Capote para sugerir, para transmitir emociones y sentimientos en breves pinceladas, su colosal y exquisita sensibilidad.

El autor

En ese mismo prólogo antes citado, Price afirma que lo que sabemos de los primeros años de Capote «nos ofrece un gráfico casi perfecto para cualquier discípulo de Freud que vaticine que una madurez desastrosa es el resultado casi inevitable de una infancia desgraciada». Capote tuvo una niñez desplazada, solitaria, emocionalmente desvaída, que está reflejada con detalle en la meticulosa biografía que escribió Gerarld Clarke.

Fue en esencia un niño desamparado por una madre demasiado joven, sexualmente aventurera y un padre canalla que le abandonó en una pequeña ciudad de Alabama, en una casa llena de primas solteras. El apellido Capote se debe al segundo matrimonio de la madre de Truman, con un cubano llamado Joe Capote, «de notable encanto y fidelidad exigua».

Capote creció como un niño físicamente raro, de voz aguda y afeminada. Sus notas en la escuela eran mediocres slavo en redacción y lectura. Su vocación de escritor es temprana. Su primer empleo lo tuvo en la sección de arte de The New Yorker, lo que le abrió los círculos sociales elitistas de Nueva york.

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