«En este siglo acabaremos con las enfermedades, pero nos matarán las prisas “. (Gregorio Marañón) Vivimos, sin duda, una exaltación de lo urgente. Este siglo XXI, que no es el mismo al que se refería Don Gregorio Marañón en la cita anterior, se caracteriza por la necesidad de lo inmediato. El asombroso avance en materia de comunicación global que ha supuesto internet y sus derivados nos ha llevado a un punto en el que, lejos de primar la calidad de los servicios, prima la velocidad, la inmediatez. Es, sin duda, la virtud más valorada, por encima de otras que antes se consideraban esenciales, como la calidad y, en lo referente a la información, la veracidad.

No sé si ustedes se han vacunado ya. A mí me tocó hace tres semanas, con Pfizer. He de confesar que, al principio de esta crisis sanitaria, desconfié muchísimo de la eficacia de las vacunas. Es cierto que, al contrario de lo habitual, mi desconfianza se basaba en criterios que afamados científicos exponían en los medios de comunicación, pero no hace falta ser científico o médico para comprender que, si el desarrollo normal de una vacuna es no menos de dos años, estas vacunas preparadas en dos meses no ofrecían muchas garantías; pero, como una vez más, esta con razón, primaba lo inmediato, hubo que actuar con prisa. Como dice mi admirado Tallón, “ me gusta hacer las cosas deprisa y mal “. Un dogma de fé.

Cometí el error, antes de dormirme, de echar un ojo a las redes, a ver que se comentaba de la vacuna Pfizer que, por otro lado, ya corría por mis venas

Tampoco es que yo sea Miguel Bosé, ni ganas de serlo. No obstante, si hemos de atender a las cifras estadísticas, las vacunas están demostrando su eficacia. Eso sin olvidar que las cifras no solo son manipulables, sino que la manipulación se ha convertido en una máxima para el gobierno de España. A lo que iba. Que me pusieron la Pfizer. Pues nada, como era sábado, me fui para casa a echarme una siestecilla. No es que solo me eche la siesta los sábados, no vayan a pensar, pero el sábado es de pijama y zapatillas.

No obstante, cometí el error, antes de dormirme, de echar un ojo a las redes, a ver que se comentaba de la vacuna Pfizer que, por otro lado, ya corría por mis venas. Y claro, la prisa me hizo buscar en Twitter, ese templo del libre albedrio y la información no contrastada, dándome de bruces, sin preámbulos, con un video de una supuesta experta en el que aseguraba, así, sin anestesia, que todos los vacunados con Pfizer moriríamos antes de siete años. Se jodió la siesta.

No es que yo le otorgase más credibilidad de la debida a esta información, pero cuando la presunta doctora empezó a explicar  como el ARN de la vacuna se fusionaba con el ADN y que esto iba a hacer que nuestro cuerpo sufriera mutaciones insospechadas, la verdad, el buen rollo sábado tarde desapareció en el acto. Vamos, que desde entonces no como pasada la media noche, no vaya a ser que me transforme, como los gremlins. Luego, con más calma, y buscando fuentes contrastadas y fidedignas, ya me fui tranquilizando. Relativamente.

29 segundos

De cualquier modo, no soy el único al que las prisas le han jugado una mala pasada en los últimos días. Si no, que se lo digan a Pedro Sánchez, protagonista de la cumbre bilateral más rápida y sin embargo más fructífera de la historia de la OTAN. Supongo que habrán visto el video, pero veintinueve segundos de persecución por un pasillo, en busca de la ansiada foto, hablando sin parar a un Joe Biden que le mira como pensando que biblia quiere venderle, dieron, sin embargo, para tratar varios temas de vital importancia en nuestras relaciones bilaterales. El video de la persecución es impresionante, pero yo les recomiendo el de la rueda de prensa. No me había reído tanto desde la empanadilla de Móstoles. Auténtico, nuestro presi.

Parece que a Pedro Sánchez también le gusta hacer las cosas deprisa y mal. Porque, si no es así, la otra hipótesis es que nos toma por imbéciles o que el imbécil es él; Ambos supuestos, espeluznantes. No digamos ya si resulta que ambas opciones son válidas. No sé por qué, alguien con tan poca fe en España y los españoles se obceca en seguir gobernándonos.  Supongo que será porque el  Falcon mola más que el Peugeot que tenía antes de habitar la Moncloa. Espero que lo tenga bien guardado, porque pronto le va a hacer falta de nuevo. Bueno, si los españoles le demostramos que, contra su criterio, no somos imbéciles. Así que, en la medida de lo posible, infórmense. Y no tengan prisa,”  que las prisas no son buenas, que hacen daño, que dan penas, y se acaba por llorar…”  ( Noche de ronda)

deprisa y mal

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