De Bill Gates sabemos, gracias a una serie documental sobre su vida, y su día a día, que es un hombre que lee mucho, que lee con sistema, y que dedica buena parte de su tiempo y su talento a pensar, reflexionar y actuar sobre los grandes problemas del mundo. Su Fundación invierte mucho dinero en vacunas, en combatir las grandes enfermedades de la humanidad, las que matan de verdad, las más letales. Bill Gates ya advirtió de la pandemia.

No son las que padecemos en Occidente, pero recordemos el lema que preside la Fundación Gates: todas las vidas tienen el mismo valor. En esa serie documental vimos que uno de los grandes asuntos a los que Gates dedica tiempo, talento y equipos multidisciplinares, es la creación de un retrete que salve millones de vidas. La diferencia vital entre ricos y pobres radica en el saneamiento. Tener retretes es tener una vida larga. No tenerlos equivale a enfermedades, disentería, vida entre mosquitos.

Otro de los asuntos a los que Gates dedica tiempo, dinero y talento, es la búsqueda de un reactor nuclear limpio. Los expertos en el cambio climático saben que la solución a la crisis del clima es una energía que sea capaz de suministrar una cantidad energética capaz de sostener el gran consumo mundial, y que a la vez sea limpia. Gates estaba a punto de desarrollar esos reactores gracias a una alianza entre Estados Unidos y China cuando estalló la guerra comercial entre Trump y Pekín. Y el proyecto se aparcó.

No estamos preparados para la pandemia

Por todo eso no sorprende la reflexión de Gates en estas charlas Ted. Era 2015. En una charla breve (las Ted no se alargan nunca más allá de los veinte minutos) Gates explica con claridad y datos que el mundo no está preparado para el gran riesgo de nuestro tiempo: las pandemias. Hemos preparado nuestros ejércitos para una respuesta rápida y eficaz. Pero hemos bajado la guardia frente a los virus. No tenemos ejércitos de expertos en combate contra las pandemias. El mundo había asistido hacía poco tiempo a la crisis del ébola, y sobre la base de esa experiencia, Gates habla del mundo que viene.

La charla, como todas las de Gates, es un prodigio de comunicación. Habla un inglés claro y sencillo, capaz de llegar a la mente y al alma de personas de todos los niveles educativos. Lo hace con eficacia, sin dramatismos exagerados. Lo hace también con humor. Es imposible decir más en menos tiempo. Conviene verla.

Pero no se trata de una anécdota. No es la flor de un día. Gates insiste, y en una entrevista con la CBS que tiene algo menos de antigüedad, insiste en el problema: los grandes enemigos de la humanidad no son las armas nucleares sino los invisibles microbios, los virus letales que se propagan a una gran velocidad en un mundo globalizado.

Un cambio de mentalidad

A la vista de lo que estamos sufriendo, la pandemia que Gates señala se ha concretado en el coronavirus, es probable que el mundo cambie, y que reoriente sus energías a combatir los enemigos reales. Hemos visto cómo el origen del virus, el foco inicial, se localiza en una región con pocos controles sanitarios, en mercados en los que se mezclan alimentos con animales vivos, y que luego se ha difundido con una gran celeridad por los desplazamientos humanos, que no tienen límite ni fronteras. Hemos visto países que han aplicado herramientas de inteligencia artificial para contener la propagación y han tenido éxito, y otros que han despreciado los riesgos y han fracasado. Un problema global debe tener respuestas globales y en esto Gates da muchas interesantes indicaciones. Porque hay otra conclusión radical de estas crisis. Hasta ahora las epidemias eran «cosa de africanos o de chinos». Si hay algo que confirma el coronavirus es que las pandemias no distinguen, y nos enseña que toda vida tiene el mismo valor.

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