Factfulness. Hans Rosling. Traducción Jorge Paredes. Editorial Deusto.

No es el primer libro que nos enseña a leer bien las estadísticas y a dejar las impresiones para fiarnos de los datos. Pero creo que es uno de los pocos que se atreve a contradecir la plaga de pesimismo que deprime al mundo. Tenemos muchos problemas, pero el mundo y sus habitantes nunca ha estado mejor que en el tiempo presente. Y sin embargo seguimos comprando con facilidad la mercancía de los apocalípticos.

El libro comienza con una radiografía y con un test. La imagen corresponde a un tragasables en plena faena: se ve el perfil de la espada, la cruz del mango, el cráneo del sujeto tragador, las mandíbulas abiertas como en una sonrisa. Hans Rosling confiesa su pasión por el circo, y en concreto por los tragadores de cuchillos. Lo que parece imposible se hace realidad. El público enloquece.

Dicho esto, entramos en materia. El libro habla del mundo y de las formas que tenemos de entenderlo. Y en ese entendimiento los humanos somos muy imperfectos: tenemos sesgos, tendemos a creer más lo negativo que lo positivo, tenemos una fuerte tendencia al drama, y a dar más valor a las amenazas que a los progresos. Creemos que lo peor está por llegar. Pensamos, en fin, que todo está muy mal, que el mundo ha ido a peor, que se desliza por una pendiente hacia el abismo y que la tendencia a empeorar es una línea recta de progresión continua que no tiene variaciones.

El 60 por ciento de las niñas de países pobres terminan la educación primaria

Un test en el que nos superan los chimpancés

Así que para empezar, ¿por qué no responder a unas preguntas con datos concretos? ¿Cuántas niñas en el mundo finalizan la educación primaria? ¿Cuál es la esperanza de vida en el mundo en la actualidad? ¿Dónde vive la mayor parte de la población mundial? ¿Ha aumentado o ha disminuido el número de muertes debidas a desastres naturales? ¿Cuántas personas en el mundo tienen acceso a la electricidad? Diseñado como un test en el que tenemos que elegir la respuesta correcta, el resultado es sorprendente. La media de aciertos suele ser inferior a la que obtendría un mono que eligiera las respuestas al azar. Al menos esta es la experiencia que dice haber tenido Hans Rosling, un médico, científico, que fue colaborador de la Organización Mundial de la Salud y de Unicef, fundador de Médicos sin fronteras en Suecia, y que dedicó los últimos años de su vida a escribir este libro.

Factfulness es una obra sorprendente, persuasiva, dramática, y divertida. Los dos últimos adjetivos se deben a que el propio Rosling es el protagonista de algunos de los ejemplos que pone en el libro, y alguno es terrible. Por ejemplo cuando cuenta cómo ejerciendo como médico en África, un diagnóstico apresurado le llevó a aconsejar el aislamiento de una población. Las mujeres, al ver que el transporte por carretera estaba bloqueado, buscaron barcas de pescadores para llevar sus productos agrícolas al mercado. No sabían nadar. En el naufragio de los botes que las llevaban por mar murieron todas.

El asunto es serio. Rosling emplea parte del libro enseñarnos a distinguir en las cifras, en las clasificaciones, y en las estadísticas. Saber leer estadísticas, saber interpretar números, es algo fundamental para moverse en un mundo que lo mide todo. Por ejemplo, cuando nos ofrecen datos extremos que reflejan realidades separadas. El autor aconseja buscar en la zona media, donde suele estar la mayoría de la población. Factfulness se divide en capítulos que analizan los sesgos humanos del conocimiento. Las noticias malas son más probables que las buenas, porque las buenas no son interesantes para los medios. Las personas a menudo glorifican el pasado, y el pasado nunca fue del color de rosa. Las tendencias nunca son en línea recta, pero en una línea de progreso nos fijaremos más en los pequeños descensos que en las mejoras a largo plazo.

El hombre no tiene capacidad mental para consumir toda la información que hay ahí fuera. Seleccionamos. Y en esa selección somos más propensos a procesar las historias que tienen elementos dramáticos. Caso a caso, Rosling va demostrando la falsedad de la afirmación de que «la población mundial no hace más que aumentar», o la exagerada percepción que tenemos del riesgo terrorista, o los riesgos del instinto que nos lleva a generalizar, o la idea de que las características innatas determinan el destino de las personas y de las naciones, de las religiones y de las culturas. No hay, por ejemplo, un destino escrito para África, y nos sorprendería comprobar el desarrollo de algunas zonas del continente si actualizamos nuestro conocimiento.

Una perspectiva histórica

Rosling anima a practicar el factfulness como un modo de conocimiento, como una forma de enfrentarse a los problemas con eficacia. En uno de los pasajes del libro afirma que «la urgencia es uno de los peores distorsionadores de nuestra visión del mundo (…) La visión excesivamente dramática del mundo en las mentes de las personas crea una constante sensación de crisis y de estrés. La sensación urgente de ahora o nunca que crea provoca estrés o apatía», que termina por llevarnos a ceder ante nuestros instintos y tomas decisiones equivocadas.

El libro de Rosling tiene perspectiva histórica, una visión científica, y una argumentación al alcance de cualquiera. Pero no es el libro de un frívolo inconsciente, todo lo contrario. El texto termina con la enumeración de los cinco riesgos globales que deben preocuparnos: la posibilidad de una pandemia mundial similar a la gripe española que mató a 50 millones de personas tras la primera Guerra Mundial; una crisis financiera; una tercera guerra mundial, el cambio climático, y la pobreza extrema, no como riesgo en sí mismo, sino por su capacidad de generar conflictos o servir de base para brotes de enfermedades contagiosas.

El libro está dedicado a la mujer que le salvó la vida gracias precisamente al Factfulness. Se disponía a obtener muestras de sangre de una tribu afectada por una enfermedad paralizante llamada konzo. Los habitantes, a los que nadie había explicado el sentido de obtener muestras de sangre, se rebelaron y amenazaron a los médicos con cortarles en pedazos con grandes machetes. Una mujer terminó con la sublevación. Pidió silencio y explicó que aquello tenía sentido. Un año antes, los médicos habían terminado con una epidemia de sarampión gracias a las vacunas. Aquella mujer, que no creyó en los adivinos, ni en los apocalípticos, ni en las decisiones precipitadas, practicó factfulness.

1 Comentario

  1. Lo vi en la librería Troa de Serrano el otro día, y no me decidí a comprarlo. Pero su crítica, Sr. Urdaci, me ha convencido. Un saludo

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