En el primer capítulo de Tierras de Sangre, la colosal obra del historiador Timothy Snyder, se detallan las consecuencias de las hambrunas en la Unión soviética en los tiempos de Stalin. El fracaso de los planes quinquenales y de la planificación económica, y el odio de Stalin contra los campesinos (kulaks) llevaron a la muerte a millones de personas. En los primeros años 30 murieron, tan solo en Ucrania, tres millones y medio de personas. Las cifras son estimaciones a partir de los censos, porque Stalin blindó el territorio cuando supo las consecuencias de su política. Se trataba que nadie en el mundo supiera lo que estaba ocurriendo en Ucrania. Pero un periodista galés, Gareth Jones, evitó el cerco de Ucrania y contó la verdad. Sus colegas de la prensa, corresponsales acomodados en la vida muelle de Moscú, se lanzaron a una campaña de descrédito. Esta es la historia que se narra en Mr Jones. La película, que se puede ver en Rakuten, es un homenaje a los periodistas que cuentan la verdad, sin calcular las consecuencias.

Orwell y Gareth Jones

El relato, sin embargo, lo inicia Georges Orwell. Estamos en año de aniversario orwelliano. Este 2020 se cumplen setenta años de su muerte. La primera escena nos muestra una casa de campo rodeada de trigales. En el interior, un escritor teclea las primeras frases de Rebelión en la granja. Fundido. Gareth Jones habla en una reunión de políticos británicos a los que asesora. Les relata su entrevista con Hitler a bordo de un avión. Les asegura que Hitler quiere la guerra en Europa. Estamos en 1933. Los prebostes británicos ríen incrédulos.

Gareth Jones es un periodista joven, un periodista sin periódico, sin editor, pero entusiasta, valiente y voluntarioso. Persigue una entrevista con Stalin. No entiende cómo, mientras el mundo pasa hambre por las consecuencias de la Gran Depresión, en Rusia invierten en un desarrollo industrial sin precedentes. ¿De dónde saca Stalin el dinero? Jones tiene muchas preguntas, y con ellas llega a Moscú.

El cinismo de los corresponsales extranjeros

Lo que encuentra en la capital soviética no responde a sus inquietudes. Un colega periodista que le había prometido la revelación de una historia de portada, ha sido asesinado. La versión oficial dice que en un atraco. El servicio de espionaje soviético lo acaba de eliminar. Los corresponsales viven confinados en la capital. No pueden salir de Moscú. A cambio, para adormecerlos, el régimen les regala una vida de privilegios, fiestas con todo el catálogo de vicios occidentales, y mucha propaganda. Jones trata con Duranty, el corresponsal de The New York Times, que le recibe con actitud despectiva y paternalista. Ya saben, la superioridad moral de la progresía. Gareth Jones consigue entrar en Ucrania, en tren.

Timothy Snyder resume así la experiencia de Jones. «Se bajó del tren en una pequeña estación y caminó por los campos con una mochila llena de alimentos. Encontró hambre a una escala colosal. En todas partes escuchaba las dos mismas frases: «todo el mundo tiene el vientre hinchado de hambre» y «estamos esperando la muerte». Durmió en suelos de tierra con niños hambrientos y supo la verdad. Una vez compartió su comida con una niña que después exclamó: «ahora que he comido cosas tan buenas ya puedo morir tranquila».

Una escena de Mr Jones
Una escena de Mr Jones

Hambre, mortandad, canibalismo. El mismo canibalismo que reconocería Jrushov en su informe secreto al XX Congreso del Partido Comunista (1956) tras la muerte de Stalin (1953) Lo que vio Gareth Jones eran las consecuencias de la requisa de trigo para pagar las importaciones, y de los traslados masivos de campesinos. Las granjas no producían lo previsto. La reacción de Stalin fue privar a los campesinos incluso del grano de siembra. Esa política agravó aún más las consecuencias. El siguiente paso fue confiscar la carne. Cuando los muertos se contaban por cientos de miles, Stalin convirtió Ucrania en un gran campo de concentración, cerrado y vigilado. La mujer del dictador se pegó un tiro en la cabeza. Incluso Stalin amenazó con suicidarse. La historia siempre lamentará que no lo hiciera.

La hambruna silenciada

Jones fue detenido y expulsado de Rusia después de someterle a un chantaje: si hablaba de lo que había visto en Ucrania, seis ingenieros británicos detenidos y encarcelados pagarían las consecuencias. Nadie habló de la hambruna, salvo Gareth Jones, que no se calló. Arthur Koestler, también testigo de las consecuencias de la requisa de trigo, atribuyó el hambre a los enemigos de la Unión soviética. La culpa de los errores del comunismo siempre es ajena.

Duranty, que había recibido el Pulitzer por una serie de artículos sobre la Rusia estalinista en 1932, negó la hambruna en The New York Times y atribuyó la mortalidad a enfermedades derivadas de la mala nutrición. Fue siempre consciente de lo que estaba ocurriendo pero afirmaba en su periódico que el hambre servía a un propósito superior y que no se podía hacer una tortilla sin «romper algunos huevos». Algunos huevos: tres millones y medio solo en Ucrania. Hubo más territorios de la Unión soviética que padecieron las consecuencias de la implacable tiranía. Pero en esas regiones no entró ningún Gareth Jones.

La película está punteada con fragmentos de Rebelión en la granja. Orwell asistió a las conferencias de Gareth Jones en Londres. Gracias a su testimonio, supo que Stalin no era el líder paternal, generoso y compasivo que dibujaba la propaganda soviética y repetía la izquierda comunista europea.

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