corral cervantes

Si tuviéramos que elegir la mejor de las plataformas de Home Cinema, hoy nos inclinaríamos por Filmin. Es la oferta más equilibrada, la más cómoda de manejar. Y su selección de cine clásico nos parece la mejor de todas cuantas pueblan la enorme oferta de cine a través de internet. Entre sus títulos están ‘La ciudad desnuda», que hoy queremos comentar, o ‘El merodeador’ una de las películas de Joseph Losey. ‘La ciudad desnuda’ fue rodada casi en su totalidad en las calles de Nueva York, y sigue siendo un clásico muy interesante.

En la estela de Weegee

La ciudad desnuda le debe su título a la serie de fotografías de Arthur H. Fellig, más conocido como Weegee. Fellig trabajó para la prensa sensacionalista y se convirtió en toda una leyenda. Llegaba a la escena del crimen antes que la policía. Su historia fue llevada al cine por Howard Franklin en El ojo público. En La ciudad desnuda se adopta una forma expresionista y un punto de vista psicológico propio del cine negro. Está rodadad en 1948, y tiene como referencia otro clásico: Berlín: sinfonía de una gran ciudad, dirigida en 1927 por Walter Ruttmann.

Escena de La ciudad desnuda
Cartel español de Escena de La ciudad desnuda

La Ciudad Desnuda es la película más interesante de la etapa americana de Jules Dassin. La historia que cuenta no tiene nada especial, es más bien una historia raquítica. Jean Dexter, una joven modelo, es asesinada en su piso de la ciudad de Nueva York. Los primeros planos de la película nos muestran a los implicados en la historia en escenas de su vida cotidiana a la misma hora del crimen.

Un detective veterano, Dan Muldoon se encarga del caso. Le acompaña un policía novato: Jimmy Halloran. Dassin adopta desde el principio un tratamiento de documental, incluso narrado con una voz en off. El neorrealismo italiano ha entrado en el cine americano. Contrasta con la expresión cruda y violenta del cine negro de la épca. Dassin opta por despojar a la historia de artificios narrativos. La cuenta tal cual, con el máximo realismo posible. Para conseguirlo, rueda en exteriores, en las calles de Nueva York. Algunas escenas están rodadas incluso en calles populosas, a plena luz del día.

Rodaje de La ciudad desnuda

Esa forma de rodar implicaba muchos problemas. Entre otros, problemas de luz, porque no se utilizan focos para rellenar zonas de sombra o controlar la exposición de la película. El director de fotografía William H. Daniels consiguió un oscar por esta película, precisamente por su ingenio a la hora de resolver estas cuestiones técnicas. En las escenas finales, en la persecución del autor de los dos crímenes que se muestran en la película, Daniels utilizó cámaras camufladas para el rodaje. Otro de los trucos que utilizaron fue el de contratar artistas callejeros para que atrajeran la atención de la gente mientras los actores hacían su trabajo entre la multitud.

La Ciudad Desnuda, vista con la perspectiva del tiempo puede parecer algo ingenuo, pero el espectador que conozca algo el cine será capaz de apreciar el cambio que supuso imponer una estética realista a una acción que podía haberse dramatizado en su totalidad. La investigación avanza paso a paso, como si se tratara de un documental. Y el trabajo de la policía está desplegado sin épica ni excesos heróicos. Esto hace que escenas como el reconocimiento del cadáver de Jane por parte de los padres tengan una fuerza realista extraordinaria. Estamos a unos padres que parecen sacados de la vida real, que sufren la herida desgarradora de haber perdido a una hija y que tienen que volver a su soledad.

Fotografía de Weegee
Fotografía de Weegee

Intención realista

No hay suspense en la narración. Tan solo al final, durante la persecución que cierra la película, asistimos a una escena de solución incierta. Los puntos centrales de la película están en la investigación, y en los momentos de sorpresa que el investigador jefe prepara para desconcertar a los sospechosos.

La cinta mantiene el interés durante toda su duración, y el espectador tiene al final la sensación de haber asistido a un ejemplo de un cine híbrido, entre la ficción y el documental, una historia en la que la gran protagonista es la ciudad de Nueva York, con todo su cúmulo de historias de triunfo y fracaso, de ambiciones y caídas que se concentran en la ciudad.

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