Sobriedad, atemporalidad y contemporaneidad, claves de la propuesta de Johan Inger con el ballet ‘Carmen. Tal cual’, que vira de lo luminoso a la oscuridad revelando la propia transformación de la protagonista. Es el montaje coreográfico de la Compañía Nacional de Danza con el que ya lleva siete años de exitosas giras. Y suma y sigue…

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Esta nueva versión del clásico se centra en la violencia desde la mirada de un niño.

La Compañía Nacional de Danza (CND), dirigida por Joaquín De Luz, recientemente ha llevado a escena el montaje coreográfico ‘Carmen. Tal cual’, la inmortal ópera de Bizet, con dirección y coreografía de Johan Inger. Este ballet recientemente se estrenó en el Festival de Teatro y Danza Castillo de Niebla (Huelva).

La primera propuesta de danza de la programación es también el cierre de temporada de la CND. El excepcional escenario del Patio de los Guzmán, bajo la noche de verano, estuvo al servicio del simbolismo y la belleza de la coreografía, por la que Inger recibió el Benois de la Danse en 2016. Cuando recibió el encargo de la Compañía Nacional de Danza de montar una nueva versión de Carmen, siendo él sueco y Carmen una obra con un marcado carácter español, se encontró ante un enorme reto, pero también una gran oportunidad. Su aproximación a este mito universal tendría que aportar algo nuevo.

Para ello, Inger decidió centrarse en el tema de la violencia, aproximándose a ella a través de una mirada pura y no contaminada: la de un niño. Partiendo de este enfoque, Inger crea un personaje, que propicia que seamos testigos de todo lo que pasa, a través de sus ojos inocentes, a la vez que contemplamos su propia transformación. “Hay en este personaje un cierto misterio, podría ser un niño cualquiera, podría ser el Don José de niño, podría ser la joven Michaela, o el hijo nonato de Carmen y José. Incluso podríamos ser nosotros, con nuestra primitiva bondad herida por una experiencia con la violencia que, aunque breve, hubiera influido negativamente en nuestras vidas y en nuestra capacidad de relacionarnos con los demás para siempre.”, explica el director y coreógrafo.

El espacio escénico para esta propuesta de Carmen se basa conceptualmente en la creación de una escenografía muy clara y limpia, definida por la sencillez y rotundidad de las formas, y por la honestidad visual de los materiales elegidos. Se busca la asociación de atmósferas mediante la reinterpretación de la novela original, evitándose cualquier tipo de estética costumbrista.

Sugerentes atmósferas

Sevilla es un lugar cualquiera, la fábrica de tabacos es cualquier industria y los montes de Ronda representan un estado de ánimo al límite, que traducido al espacio se refleja como suburbios, ámbitos oscuros, escondidos o inseguros. Para crear estas atmósferas la escenografía recoge tres materiales, el hormigón, el espejo y un onduline negro, y surge de una forma, el triángulo equilátero que representa de manera instintiva y por asociación al universo de la obra. Tres es el número que rompe la baraja, tres el que provoca los celos, tres el que finalmente desemboca en la violencia.

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El montaje se define por su sobriedad, atemporalidad y contemporaneidad.

Tres por tres igual a nueve prismas

Por su parte, la escenografía se sintetiza en nueve prismas móviles con tres caras diferentes cada uno, conducidos por los bailarines a través de la coreografía, y con los que se va articulando los diferentes espacios. Espacios limpios que no obstaculizan la lectura del discurso danzado, y que acentúan posibles lugares y posibles estados de ánimo sólo a través de la forma y del material.

Con diseño de vestuario de David Delfín, las pautas marcadas por el director, han sido sobriedad, atemporalidad, contemporaneidad y un sutil acercamiento a la década de los 60. Todo ello visto desde la simbología y la metáfora. Los caracteres y personalidad de los personajes se verán tocados por estos conceptos. Su idea es crear una nueva Carmen, huyendo de los estereotipos estéticos de la obra y de la época, desdoblando y trasladando sus personajes a una especie de equivalente contemporáneo.

Por otro lado, la violencia y la frustración se traduce en sombras, personajes que irán tomando más presencia y protagonismo en la segunda parte de la obra. Sofisticación en los personajes durante la fiesta del primer acto, cotidianidad en un personaje de limpiadora… El personaje de Carmen, « ser libre, valiente, contemporánea, quizá una personalidad apocalíptica», según Inger, se traduce en un vestuario que transmite fuerza e identidad, quizá tocada por cierta ambigüedad estética.

El 14 de septiembre próximo, la CND presentará su nueva programación en el madrileño Teatro de la Zarzuela. FAN FAN ha podido saber que, al final de la próxima temporada, la compañía realizará tours por Burgos, La Habana, Rennes (Francia), y el Palau de las Arts, de Valencia.

La violencia y frustración de esta ‘Carmen’ se traduce en sombras y en personajes cada vez más relevantes.

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