La piel de la naranja. Paula Bozalongo. Prólogo de Frank Báez. Editorial Hiperión

La piel de la naranja es el segundo libro de poemas de Paula Bozalongo. El primero, Diciembre y nos besamos, mereció el XXX Premio Hiperión de poesía. Esta vez acompaña los poemas un prólogo de Frank Báez en el que se nos dice que este ha sido un conjunto de poesías de gestación lenta, meditado, corregido. La clave, añade Báez, está precisamente en el poema que da título al libro, en el que Bozalongo «recuerda un juego de su infancia, en que se competía para ver quién pelaba la naranja de la manera más perfecta». Desnudar la naranja sin interrumpir el giro espiral del cuchillo sobre su carne tenía premio: el júbilo de mostrar el trofeo al resto de la mesa. Por eso el poema propone: «juguemos como niños para que no se rompa la piel de la naranja o unamos sus fragmentos cuando lo más temido ya suceda». Y anota con una marca las derrotas: «las veces que perdimos habitan el paisaje de esta topografía inesperada»

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Así que el lento proceso de terminar el libro sería el compromiso de Bozalongo con la búsqueda de la perfección, la fe de que se puede conseguir una piel íntegra como un muelle. El libro comienza con un espacio hostil. Formada en Arquitectura, Bozalongo reitera referencias al espacio que alberga lo humano: «los desperfectos hacen incómoda una caa pero aquellas presencias que no acaban de irse la hacen inhabitable». Habla esta primera entrada del cáncer a través de la voz de la madre. Lo compara con un gran amor que se ha pedido: «se va y siempre esperas que atraviese el umbral, que acuda y te susurre -tranquila, estoy aquí, he vuelto y pasaremos la última noche juntos«.

La piel de la naranja remite siempre al universo privado de la autora, a su ser más íntimo. Anota Báez en el prólogo que el libro «abarca temáticas muy variadas, tales como la niñez, la muerte, el cáncer, la imposibilidad de la comunicación, el divorcio, la angustia, el amor o el mundo doméstico. Pero no todo es soledad y depresión, hay espacio para las pequeñas victorias, para el deseo y para la libertad».

Miedo es una palabra reiterada en el libro, y en el tercer poema se convierte en una pesadilla espiral: «tuve miedo y no paré de hablar hasta que tuve miedo de la vida. No pude evitar las noches y tuve miedo de mi hasta que tuve miedo del miedo». La muerte y la enfermedad, las ausencias, se pasean por los versos, imponen su ley y deshacen cualquier fantasía: «como a un árbol vivía atada a una mentira que aún tuviera sombra». Y el amor como única posibilidad de aventura: «la tierra está pisada. Ya no quedan espacios para el descubrimiento sino en la piel del otro». Y la despedida: «nos decimos -adiós-, educados, distantes, indiferentes, fríos, por si en alguna vida nacemos hipopótamos o amigos». Y en todos, un fragmento de biografía: «con otros miedos, hoy, soy todavía esa niña que no aprendió a dormir porque le teme a todo lo que no tiene nombre, y busco cada noche la luz que me proteja»

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Paula Bozalongo (Granada, 1991), graduada en arquitectura por la Universidad Politécnica de Madrid, ha publicado los poemarios Diciembre y nos besamos (2014), con el que obtuvo el premio Hiperión y el premio Bridges of Struga, y La piel de la naranja. Sus poemas también han aparecido en las antologías Todo es poesía en Granada (2015), En otro tiempo (2016) y Re-generación (2016).

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