La quilma del sembrador (y la clemencia de Maldoror) es el segundo poemario de la poetisa y narradora leonesa.

La poetisa y narradora leonesa Cristina Flantains ha lanzado su segundo poemario, La quilma del sembrador (Eolas Ediciones). Este nuevo libro ve la luz tres años después de su primer poemario, Phi (PiEdiciones, 2016). Si aquél primer libro fue concebido como “un viaje a través del deseo, el azar, el tiempo y la muerte”, éste se nutre de experiencias y anhelos vitales que la autora introduce en su zurrón, como si fueran pequeños granos o miguitas que luego va soltando, poco a poco, para marcar el itinerario de ese camino inescrutable que nunca se desanda, y que en el fondo no nos conduce más que hacia lo que somos o incluso, con suerte, hacia lo que nos gustaría ser.

La quilma del sembrador (y la clemencia de Maldoror)
El nuevo poemario de Cristina Flantains contiene versos sesudos y de corte muy profundo. La quilma del sembrador (y la clemencia de Maldoror)

El título completo, La quilma del sembrador (y la clemencia de Maldoror), de la poetisa leonesa Cristina Flantains. contiene una referencia expresa a Los cantos de Maldoror, un libro publicado en 1869 por el escritor Isidore Ducasse. Más conocido por su seudónimo de Conde de Lautréamont, Ducasse es considerado el gran renovador de la poesía francesa del siglo XIX e incluso un precursor del surrealismo.

Pero a diferencia de Lautréamont («Mi poesía consistirá, sólo, en atacar por todos los medios al hombre, esa bestia salvaje, y al Creador, que no hubiera debido engendrar semejante basura»), los poemas de  Flantains parecen ahondar en lo que nos hace ser personas humanas y actuar de una forma u otra, a veces contradictoria, queriendo siempre ir más allá de todo, en el intento de entender qué hacemos en este mundo

Y cuando consiga abrir
la puerta grande que en medio del muro
de ladrillo rojo espera, espera cerrada, cerrada,
será rayo de luz

en el intento, también, de comprender cómo somos a partir del pensamiento y las emociones

Llegar a las cosas que no tienen nombre
bajo el celaje azul del áspero día
arisco como la palma que acaricia
con los nudillos rotos tras la ira urente

y del amor

Ábrase la puerta de
este corazón sin rumbo,
pues amar no es camino ni mapa ni guía.

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