La sharía​ o ley islámica​, es el cuerpo de derecho islámico. Constituye un código detallado de su conducta, en el que se incluyen también sus normas relativas a los modos del culto, los criterios de su «moral» y de su vida. La actualidad internacional y la tragedia de Afganistán han generado cierta movilización. Ante la confusión y el oportunismo, a los defensores del hiyab en Esquerra Republicana de Cataluña se les ha ocurrido salir a reivindicar los derechos de las mujeres afganas.

Tiene algo de esquizofrenia. Como si la sharia con la que someten e imponen en los guetos islamistas de Europa fuera diferente, como si su ley islámica no  fuera la misma que imponen los talibanes. No hay una sharia buena y otra mala, de la misma forma que no hay dos versiones del islam, solo corrientes con diferentes matices con los mismos principios y con el mismo Corán.


Cierto, unos son  más contenidos, y aparecen con mejor carta de presentación. Han creado buenas campañas para penetrar en la democracia, con frases como «el hiyab es mi libertad,  feminismo islámico,  islam es paz». A pesar de estas campañas, al final sale su verdadera esencia: la sharia no deja de ser la ley de un modelo social político en contraposición a la democracia a los derechos humanos tanto en Europa como en Afganistán, Siria y Arabia Saudí.

Es algo visible tangible. Basta pasear por ciertos barrios y municipios. Veremos los mismos códigos morales, comprobaremos cómo se extiende la cárcel del hiyab entre las niñas, mujeres con colores cada vez más oscuros y velos más largos. No tenemos que ir a Afganistán para ver mujeres caminado detrás de los hombres,  adolescentes privadas de su libertad, de su identidad femenina.

Los matrimonios forzosos en Afganistán son igual de terribles que los que se aplican en Europa,  o ¿acaso ya nos hemos olvidado de las miles de víctimas en Europa por crímenes de honor? ¿Nos hemos olvidado de la muerte de la  joven que asesinaron los hombres de su familia por no aceptar el matrimonio que le imponía su familia?

 
Cierto, el marketing de los talibanes no es sutil, no es delicado. Digamos que nos golpea sin anestesia, mientras que en occidente estamos paralizados por lo políticamente correcto. Creemos que hacemos grandes avances por la igualdad, la libertad y la democracia permitiendo el avance del hiyab, primer instrumento político de la ley islámica.

Es hora de despertarse, de entender que nuestra democracia necesita que tengamos claros nuestros valores y saber defenderlos, porque los talibanes están lejos pero la ley islámica circula y fluye libremente en nuestros barrios, en nuestras escuelas y universidades con toda su diversidad de argumentos ante la pasividad de lo políticamente correcto.

Nosotros que vivimos en democracia trabajemos seriamente para que nuestras futuras generaciones no tengan que escoger entre sharia o democracia.  Algunos calificarán mi reflexión como un argumento islamófobo,  pero ¿no será también que el argumento de la islamofobia también es una gran estrategia de marketing de la sharia? 

sharia

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