Resulta que una intriga, como su propio nombre indica, tiene que constar de preguntas. Empiece planteando la trama de forma interrogativa”.(“El enigma de la habitación 662”.Joël Dicker).

Tengo que confesarlo. Tras un breve periodo de desintoxicación, he vuelto a leer a Joël Dicker. Es verdad que las novelas de Dicker bien merecen la pena el tiempo que les he dedicado, pero mi intención al leer, en el breve espacio de tres o cuatro meses, todas las novelas que tiene publicadas, que no son tantas, ha sido doble. Por un lado, el disfrute, indudablemente, de leer a un autor que tiene la virtud de engancharte desde la página uno. Es muy difícil encontrar el modo de introducir al lector en la temática desde el comienzo de la obra, y él, indudablemente, lo consigue.

Por otro lado, desde el primer libro que cayó en mis manos, me propuse diseccionar las obras de este autor. Como Robert Jeremy Cole en “El médico”, de Noah Gordon, mi intención era coger el bisturí y abrir en canal sus textos, con el fin de entender, aparte de la lógica brillantez, que es lo que convierte a una novela en un best seller, despertando la avidez por la lectura de todo aquel en cuyas manos cae. Esta labor forense, tengo que confesar, no había dado el resultado deseado, hasta ahora.

Se preguntarán ustedes que por qué, precisamente, Joël Dicker, habiendo otros autores más prolíficos, más prestigiosos e indudablemente, más estructurados en sus textos, que también son best sellers con toda seguridad cada vez que publican. La respuesta es muy simple; porque Joël Dicker, ya sea con su nombre o con un pseudónimo, protagoniza en realidad la mayoría de sus obras. Esto ocurre en La desaparición de Stephanie Mailer”, “El libro de los Baltimor”,” La verdad sobre el caso Harry Quebert” y, principalmente en “El enigma de la habitación 622.

Lo veo normal, a la par que inteligente. Dicker recurre a aquello que conoce bien para estructurar, a partir de esa premisa, el resto de la trama. La solidez que le da hablar de sí mismo como personaje, dota de verdad a la obra, siendo esto, a mi modo de ver, lo que las hace tan atractivas.

Para mí, sin embargo, en mi labor forense de sus escritos, esto ha sido de gran ayuda, desde el punto de vista de que, en muchas ocasiones, habla como escritor, e incluso, como en el caso de “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, su partenaire en la obra es otro escritor, lo que desarrolla la trama en gran medida en el mundo literario. Pero insisto en que, hasta la fecha, los resultados no habían sido los deseados, para mí. No es de extrañar, dado que yo no soy novelista y por otro lado, tampoco soy forense.

Así pues, afronté, hace unos días la lectura del último libro traducido al español que me quedaba por leer, “El enigma de la habitación 622”; y hete aquí que, casi al comienzo de sus páginas, me encontré con algo que no esperaba. En esta parte de la obra, Joël coincide, en un hotel vacacional, con una mujer que, de inmediato, se interesa por él y por su trabajo, lo que la lleva a hacerle preguntas sobre cómo se desarrolla una novela, una trama. Ella, como tantos otros, ha intentado en más de una ocasión escribir una, pero, a pesar de tener una idea de la trama que quiere desarrollar, se pierde en el desarrollo.

Si alguno de ustedes ha intentado escribir una novela, así, lanzándose al vacío sin paracaídas, habrá comprobado que, aunque sepas qué quieres que ocurra, o más bien, cómo quieres que empiece y cómo quieres que termine, es muy difícil desarrollar un argumento que mantenga el interés durante toda la trama. Desarrollar personajes creíbles y que aporten algo al texto. Cuajar, finalmente, una historia que merezca la pena ser leída. Pues bien, Joël Dicker, en este sentido, aconseja a su interlocutora; “Resulta que una intriga, como su propio nombre indica, tiene que constar de preguntas. Empiece planteando la trama de forma interrogativa. ¿Por qué una joven recién casada mata a su marido en la noche de bodas?. ¿Quién es esa joven?. ¿Quién es el marido?.  ¿Cuál es la historia de su relación?”.

Esta reflexión, me ha hecho pensar. No es que yo sea muy dado a ello, la verdad. Pensar suele traer problemas y dolores de cabeza. Al margen, me ha hecho reflexionar y he comprendido que si bien este consejo, esta metodología, puede ser eficaz en el caso de la escritura, de la literatura, también puede ser muy útil en nuestra vida diaria; más aun en el momento caótico que nos está tocando vivir.

El problema, muchas veces, es la simplificación. Tenemos que plantearnos, en un alarde de reflexión, qué somos en nuestra vida. Según yo lo veo, podemos ser parte activa de lo que está sucediendo, tratando de ser reflexivos y buscando las razones por las que ocurren las cosas, tanto a nivel particular como general. O por otro lado, podemos ser pasivos, meros observadores del caparazón de los acontecimientos, quedándonos en la superficie de lo que ocurre, sin pasar del titular, tal y como está ocurriendo en una parte, desafortunadamente amplia, de la sociedad española.

Siguiendo la premisa del escritor, no hay que pararse en la noticia, en el suceso. Cabría, en muchos casos, reflexionar y no quedarnos en lo que ha ocurrido, sino en por qué ha ocurrido. La noticia, en todas las ocasiones es el final de la trama, la consecuencia. Lo importante es saber cómo y por qué hemos llegado hasta allí. Por poner un ejemplo, que ilustra este enunciado, esta semana pasada, dramáticamente, Un hombre asesinó, en Lloret de Mar, a su mujer y su hija mientras dormían, para luego suicidarse en el jardín de la vivienda.

Una desgracia, sin duda. Si nos quedamos aquí, en el caparazón, otro caso de la llamada “violencia de género”. Un hombre violento que ha matado a su mujer y su hija para luego, presa del remordimiento, quitarse la vida.  Pero si profundizamos, si nos preguntamos quien es él y como ha llegado aquí, nos encontramos con que estamos hablando de un ciudadano ruso. Es más, un ciudadano ruso acaudalado. Y si seguimos profundizando, resulta que se trata de un oligarca contrario a Putin.

Para rematar la intriga, resulta que ese mismo día, en Moscú, el vicepresidente del banco Gazprombank, magnate del gas y asesor de Putin fue encontrado muerto en su apartamento junto con su mujer embarazada y su hija de trece años.

Y si seguimos escarbando encontramos que otros dos altos cargos de Gazprom se suicidaron en enero y febrero;  Y el veinticuatro de marzo, Vasily Melnikov, otro oligarca, fue hallado muerto en su piso de lujo en Nizhny Novgorod junto con los cadáveres de su esposa y sus dos hijos de cuatro y diez años.

Sin embargo, los medios españoles generalistas han obviado la posible relación de todos estos casos, tratado el caso de Lloret de Mar como un caso más de violencia de género, que interesa mucho más a la progresía que nos gobierna y, por qué no decirlo, favorece sus doctrinas. Aunque trágico, es solo un ejemplo. Cojan un periódico, vean un telediario y no se queden en la noticia. Pregúntense cuales han sido los desencadenantes y, probablemente, entenderán la verdad. Una verdad generalmente incómoda, oculta bajo el barniz. Abran los ojos. La verdad les hará libres. Nos hará libres a todos.

El que no conoce la verdad es simplemente un ignorante. Pero el que la conoce y la llama mentira, ¡ese es un criminal!”. (Bertolt Brecht).

@julioml1970

frente al espejo
Julio Moreno

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