Piano Works Debussy. Coreografía e interpretación: Lisbeth Gruwez. Piano en directo: Claire Chevallier. Música de Claude Debussy. Asistencia artística: Maarten Van Cauwenberghe. Espectáculo para 2 intérpretes.

Un piano, una pianista y una bailarina. Esa es la esencia de Voetvolk, la compañía belga que sirve de vehículo para la coreógrafa e intérprete Lisbeth Gruwez, una asidua del Teatro Central de Sevilla, al igual que su maestro Jan Fabré. Los días 13 y 14 de febrero volvió a la capital andaluza con Debussy Piano Works, su primera incursión en la música clásica, una personal visión de la música del compositor francés.

Claude Debussy suele mencionarse como el gran compositor impresionista, emparentado emocional y estilísticamente con el movimiento pictórico de Monet, Degas o Cézanne. Su música está llena de sensibilidad, de tonalidades cambiantes, de sutiles variaciones de ritmos y de matices armónicos. Un compositor inspirado por la naturaleza, el atardecer, la intuición y el simbolismo.

Austeridad sobre el escenario

Sin embargo, el escenario del Teatro Central de Sevilla se volvió sobrio y austero para acoger el nuevo espectáculo de Lisbeth Gruwez. La sencillez de la puesta en escena, con un piano en primer término y un panel dorado como único elemento decorativo, hacía presagiar un espectáculo minimalista, muy centrado en las capacidades interpretativas de sus dos únicas componentes y sin grandes alardes ni golpes de efecto.

En efecto, es precisamente así como se desarrolla Debussy Piano Works. Se trata de un espectáculo esencial, básico, en el que danza y música aparecen en primer plano y son, en pocas palabras, los únicos protagonistas. Nada es capaz de distraer la atención del espectador de lo que ve y lo que oye, y es que nada cambia salvo la melodía y los movimientos de la bailarina y coreógrafa, aparte de un ligero desplazamiento en el panel dorado, que se desliza en algunos momentos de su posición inicial.

Un espectáculo de piano y danza

Claire Chevallier y Lisbeth Gruwez comparten el espacio a partes iguales. La primera, con un derroche de técnica en la interpretación de las composiciones del músico francés, aunque sin florituras. Y la segunda, haciendo gala de un lenguaje físico igualmente técnico, pero sin grandes adornos ni espacio para el virtuosismo, repitiendo movimientos, giros, pasos y diagonales como si se tratase de un ostinato danzado, y que realiza con la naturalidad de quien baila en el salón de su casa.

Un espectáculo esencial, difícil, muy físico y extremadamente personal, tanto en la interpretación como en la elección de las piezas musicales, que probablemente se encuentran entre las más complejas y enrevesadas del repertorio de piano del compositor. Un visión de Debussy compleja y sutil, alejada de los coloridos pinceles de los impresionistas y centrada en el marrón, gris y beige del vestuario de sus protagonistas.

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