Pues resulta que, ahora que da el sol en la escalera de atrás, aquello está de bote en bote. A mí me gusta. Cuando hace solecito la gente está de mejor humor y, cuando somos muchos, hay mas risas. Hoy estaba la escalera que no había un hueco. Bea enseguida que ve el jaleo desaparece. Tina y Marga son como yo, disfrutan de la gente y estaban contentas.

Luego está Lola. A Lola la gente de la oficina le cae fatal. Salvo contadas excepciones como el caso de José Luis. Pero ella no se va, no. Ella aguanta carros y carretas para luego poder despotricar. En el fondo disfruta de eso.
Ha llegado Víctor, de contabilidad, y nos ha estado contando que este fin de semana ha estado haciendo una ruta por la sierra con su súper bici de montaña, que le ha costado 8.000€… Yo no paraba de mirar a Lola, la cara de asco se iba acrecentando según iba avanzando Víctor en su narración. En cuanto ha vuelto a decir el precio de otro de los complementos que se había comprado para sus rutas por la sierra, Lola ha saltado:
—Te voy a llamar la azafata del precio justo.
El silencio en la escalera ha sido instantáneo. Y ha seguido:
—No he visto a nadie que se le de tan bien decir los precios. Pero, lo que no tiene precio, es que tengas que ir a la montaña con una bici carísima a desfogar tus frustraciones porque no tienes cojones a desfogarlas donde se tienen que desfogar.
Con tanto desfogue, Víctor ha sonreído tímidamente, ha dicho un “Joer, Lola, como eres” y ha comenzado a beber su café, poco a poco, para no seguir hablando.
Lola ha echado una mirada a todos los demás con cara de “¿alguno más?” Y, como siempre tiene que haber un inconsciente en todos lados, Pablo, un chico bajito, redondito y con gafas, compañero de Víctor en contabilidad, le ha dicho “A ver si la que no desfogas eres tú” acompañando la frase con una risa bobalicona que se le ha cortado en seco cuando le ha visto la cara a Lola.
—Mira, Doraemon, desfogo yo con diez antes de que a ti una tía te de su teléfono.
La escalera ha quedado despejada en pocos segundos, mientras Lola miraba con una ceja levantada a todos los que iban desfilando.
—Si explotara el departamento de contabilidad quedaría una oficina que daría gusto verla.
No podemos con ella.

Dejar respuesta

¡Deja un comentario!
Nombre