Los buenos hijos – Rosa Ribas – Tusquets Editorial – 19,50€ – 362 páginas

Rosa Ribas regresa con Los buenos hijos, la saga familiar de los Hernández. Una familia icónica en donde las relaciones familiares se ven entrelazas con la laboral, y es que esta inusual familia tiene una agencia de detectives bastante conocida en la ciudad condal, en donde la rutina no forma parte de su día a día. A los Hernández los conocimos con la primera entrega de esta saga Un asunto demasiado familiar en donde en las últimas páginas conocimos el regreso de Nora a casa y este será el inicio de un nuevo sobresalto para esta inigualable estirpe

Sinopsis inicial

Nora regresa a casa tras meses de ausencias debido a la muerte de su marido. Nadie la obliga a hablar y es que ese clan no es muy partidario de expresar los sentimientos como tal, como si nada hubiera pasado ella retoma su papel en la agencia familiar Hernández Detectives, sabe de antemano que un caso le hará no recrearse en la reciente pérdida. El caso que le asignan no es algo muy espectacular pero al menos la tiene alejada del barullo de vivir de nuevo en su casa. Y es que para los que volver a casa es todo un alivio, no pensarían lo mismo si residieran con los Hernández dónde funcionan mejor como empresa que como núcleo de unión y es que nadie está a salvo de dudas ni especulaciones.

Portada de 'Los buenos hijos' de Rosa Ribas
Portada de ‘Los buenos hijos’ de Rosa Ribas

Para Mateo, el patriarca, líder y jefe de la empresa la vuelta de Nora tampoco le sorprendió bastante pero estaba más tranquila al tenerla cerca. Él no solo lleva el peso del negocio sino también parte de la responsabilidad familiar y es que lidiar con su esposa Lola se había convertido ya en algo agotador. Todos debían entender su “problema” pero resultaba complicado convivir con alguien así y cada vez estaba más agotado de todo ello, pero no quería renunciara a nada y menos a su empresa, quizás lo que más feliz le hacía en la vida.

Marc era el único varón de sus hijos y él quería no ser por más tiempo un mero empleado, quería ser socio de la empresa pero su padre no pensaba lo mismo. Él insistiría hasta llegar a su objetivo, al menos no se quedaría esperando sin más réplica y es que defendería sus intenciones hasta el final. Por el momento compartió con su hermana, lo que a priori parecía un simple caso pero que se convertiría en el más esencial de su vida. Un matrimonio contrató a Hernández detectives para esclarecer los motivos por los que su hija de tan solo catorce años se había suicidado, Marc comenzó a indagar aunque la pareja finalmente quiso no seguir indagando, él no se resignaría a quedarse con las dudas y eso cobraría un fuerte impacto para la familia.

Lazos de sangre

La agencia no era el único asunto “turbio” en el que todos estaban enredados y es que al regreso de Nora, el caso de Marc habría que sumarle los problemas ocasionados por Lola y por Claudia, la hermana de esta, quiénes eran unas personas algo peculiares. Lola suponía en ocasiones alguien perfecto para dar con la raíz del problema, pero eso era en contadas ocasiones y es que la mayoría del tiempo vivía ajena a lo que ocurría realmente en el mundo.

La relación materno-filial con Nora, Marc o la pequeña Amelia era casi inexistente, ellos preferían estar al margen de lo que ella opinara o actuara, justificarían siempre que era fruto de sus demencias pero a veces su actitud era tan cruel que era difícil escapar de sus intenciones, de odio y rencor para/con todos lo que tenía a su alrededor.

De este círculo no podemos evitar hablar de la pequeña del clan que tras su romance con Ayala, pudo en jaque al entramado de los Hernández. Este era el fiel escudero de Mateo Hernández, sabía cómo actuaba y por ello renegaba de su relación, pero poco caso le hacía ya al pobre señor Hernández. Quizás su labor como detective seguía en auge pero la faceta familiar aún se le resistía, quizás había llegado el momento de cambiar de vida, pero el destino le tenía ya destinada otra jugada maestra, una que haría que todo tomase otras vertientes.

Mi valoración personal

Leí Un asunto demasiado familiar conforme salió al mercado y disfruté tanto con la saga Hernández que en cuanto supe que la autora publicó Los buenos hijos, la segunda entrega de la saga, no pude resistirme a anticiparlo a mis lecturas. Me gusta el tono irónico que utiliza la autora a la hora de escribir, y es que el complejo entramado de personajes resulta cuanto menos curioso de leer.

Foto de archivo de Rosa Ribas, autora de "Un asunto demasiado familiar" y "Los buenos hijos"
Foto de archivo de Rosa Ribas, autora de «Un asunto demasiado familiar» y «Los buenos hijos»

Ese tono de crítica social y de narración denotan el gran trabajo que emplea la autora en sus trabajos, y es que la trama en sí me es casi indiferente. Lo significativo de esta saga es la caricatura de los personajes, están bien cuidados y se exponen como reales, auténticos, no pretendiendo ser un reclamo de héroes sino de gente llana con problemas triviales pero envueltos en un toque dramático.

Es una novela con tintes excéntricos, perversos pero icónicos que hacen que quiera volver a saber de ellos en poco tiempo. Adoro a esta familia y más después de leer las últimas líneas que dejan como siempre un final abierto que se cerrará en la siguiente entrega donde incidiremos de manera más profunda en esa particular familia, donde ahora están más pendientes que nunca.

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