Algunas veces vivo y otras veces, pongo un circo y me crecen los enanos. Algunas veces doy con un gusano, en la fruta del manzano prohibido del padre Adán”.(“Que se llama Soledad”. Joaquín Sabina).

Hay días en que uno se pregunta qué ha hecho mal, para torcer el destino, que poco antes se mostraba brillante y nítido. Hay semanas, incluso, en las que uno se pregunta cuando demonios va a llegar el lunes, a ver si la siguiente nos presenta mejor cara. Esta semana pasada, sin duda, ha sido una de estas semanas.

No voy a enumerar aquí las desgracias unipersonales que he tenido que sufrir, ofreciendo, eso sí, mi mejor cara. Desde que dejé el alcohol, porque me hacía sentir bien, esta ha sido la primera semana en la que, de verdad, he echado de menos una buena borrachera. Es cierto que, beber para olvidar, solo empeora las cosas, porque cuando despiertas el problema sigue allí y por lo general has conseguido, como poco, un dolor de cabeza importante, eso si no has causado un problema adicional o empeorado el existente.

No sé si ustedes habrán experimentado el pánico del domingo por la mañana, consistente en recordar, repentinamente, que anoche a horas completamente inapropiadas le mandaste a alguien un whatsapp. No tiene por qué tener connotaciones eróticas, ni afectivas siquiera. A mí, por ejemplo, me ha pasado con David Summers, de estar de fiesta con mi mujer, amigos o conocidos  y escuchar una canción de Hombres G, no sé, a las cuatro de la mañana y movido por la emoción macerada en bebidas espirituosas, escribirle diciéndole “ Tío, esta canción es la ostia “. Supongo que, en esos momentos, David maldecirá el momento en el que se le ocurrió proporcionarme su teléfono. Lo siento, amigo, ya es tarde para lamentarse.

Bueno, pues el sábado a mediodía, me encontraba en ese momento en el que sientes que ha pasado la tormenta, que tus desdichas han finalizado y las olas, suavemente, vuelven a acariciar tu orilla, sentado en una terraza del Madrid primaveral, con mi mujer Maricarmen y mi hijo Jorge, cuando una llamada de teléfono nos dio la vuelta, como un golpe de viento te arranca la sombrilla una mañana de playa.

Aquí he de ponerme serio. No es que crea que la seriedad aporte gran cosa a ninguna situación, pero la puta semana guardaba en la manga su peor carta. La llamada la recibió Maricarmen; Era nuestra amiga Soledad. No oí la conversación, pero se intuía la seriedad del asunto; y eso que Soledad es como Liam Neeson, que con el mismo tono de voz te puede pedir la hora o amenazarte de muerte. Es una mujer pragmática, no dada a los aspavientos. Creo que por eso, por su forma suave de decir buenos días o anunciar una catástrofe, Maricarmen aceptó la noticia como se la estaban dando, con calma.

Doy gracias a Dios de que así fuera, porque la noticia no podía ser peor; No obstante, como ya he dicho, Soledad no trató de quitarle trascendencia, pero tampoco perdió la calma. Esta gente de Cantabria suele ser muy cabal y muy pausada. El asunto en sí era que, en una revisión rutinaria, a Soledad le habían detectado un tumor de mama, según sus propias palabras “bastante malo”.

Leído así, la noticia es un jarro de agua fría; y de cualquier otra forma, también. Pero como ya he comentado, el estoicismo en la forma de tomarse las cosas puede ser un factor determinante para futuros resultados. No voy a entrar en lugares comunes como que estas cosas siempre le pasan a los mejores, a quien no se lo merece, aunque en casos como este sea muy cierto; Esto es puro azar. Todos estamos en el bombo; lo que ocurre es que tenemos la impresión de que este tipo de putadas solo le ocurren al de enfrente.

Así que, en adelante, a Soledad le quedan unos meses de batalla, de la cual saldrá tocada y con algunas bellas cicatrices de las que sentirse orgullosa, pero sin lugar a dudas, saldrá victoriosa. No solo ella. Esta es una batalla en la que los que la queremos la vamos a acompañar, compañeros en la lucha.

Ya sabes, Soledad. Aquí hemos venido a jugar; la rendición no es una opción. La Ruperta, para otros. Y este juego, la vida, es tan hermoso que merece la pena hasta cuando sale cruz. Las espadas están en alto, la mirada al frente, firmes, esperando los refuerzos, que llegan el jueves; Mirando al enemigo a la cara, con esa media sonrisa, desafiante, que no te van a robar.

Con tus amigos, con tu familia y con dos cojones. A por todas.

Para la libertad, siento más corazones que arenas en mi pecho, dan espuma a mis venas y entro en los hospitales y entro en los algodones, como en las azucenas”. (Miguel Hernández).

@julioml1970

que se llama soledad

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