corral cervantes

Es Caló es un templo de la cocina mediterránea, un lugar inspirado, donde el paisaje y la cocina son armonía. Hay platos que se debe probar en Formentera. Y si uno va a Formentera no puede evitar, si es persona de gusto y cultura, unas gambas con huevas: es un prodigio de sabor, un plato con magia, que se debe tomar lento, mientras se contempla el mar, casi en silencio.

La oferta gastronómica en Formentera ha crecido en número de restaurantes, bares, quioscos en la playa y últimamente en lo que quieren que se conozca como “casas de comida”: aquellas que nutrían a arrieros y tratantes de cualquier cosa en medio del páramo. Una casa de comidas es algo muy serio. De casas de comida tradicionales han nacido grandes restaurantes. Pienso, sin ir muy lejos, en el Celler de can Roca. Pienso en Martín Berasategui, que aprendió los secretos de la cocina en la casa familiar por la que pasaban comerciantes, camioneros, y gentes de viajar.

Toñi y Es Caló

En Formentera también ha crecido, y mucho, la calidad de la cocina (los nuevos masterchefs han traído hasta aquí la sana competencia). Incluso han obligado a rejuvenecerse a los más tradicionales, aunque la estrella (no la Michelin, que la perdimos) sigue siendo el producto, el autóctono y el de aquí al lado. Ahora se lleva lo que se llama el «producto de kilómetro cero»: verduras de las huertas de la comarca, carne de reses que han pastado en prados cercanos, y un pescado que ha salido del mar esta misma mañana.

Pescado, crustáceos y lo que en muchos casos nos da el campo. De eso se trata, de saber darle el grado idóneo de cocción al manjar que nos llega fresco cada día a las cocinas de Formentera. Y en ese empeño Toñi Ibáñez ha convertido su restaurante Es Caló en un templo del bien comer. 

Boquerones de culto

Langostas, bogavantes, gambas (de aquí), galls de Sant Pere, Roixes (cabracho para algunos) meros y otras lindezas se entremezclan en los fogones de esta cocina con otros platos o platillos para disfrute de los muchos, muchísimos comensales que pasan por allí. Arroces, tartáres de esto o de aquello, incluso esos boquerones en adobo acaban convirtiéndose en platos de culto.

Dicen algunas lenguas que la “langosta frita” complementada con unos huevos fritos, de corral (doy fe de ellos, conozco las gallinas) es el plato icónico de este restaurante al borde del mar en Es Caló de San Agustín…quizás. Yo me inclino por uno que lo convierte en singular…me refiero a las “huevas con gambas”. Las tienen retratadas en la foto que preside este artículo. Mi consejo es que no se vayan de Formentera sin probarlas. No les he referido en este escrito el “bullit de peix”…no se preocupen que no se me olvidaba.

Allioli de Formentera

Es una de las grandes opciones para un grupo de más de tres…Porque de una tacada (sin tener que pensar en primeros o segundos) conformas una comida completa con un pescado excelente y unas patatas de km0 de mucho lujo regadas con una salsa hecha a base del caldo de la cocción del pescado y ese particular “allioli” característico de estos lares (leche, sal, aceite, ajo, perejil y algo de zumo de limón). Cuando crees que estás lleno (las raciones son abundantes) aparece el camarero con un arroz a banda, de esos de un milímetro de grosor, con cierto socarrado que lo enaltece…pocos se acaban el plato, pero solo probarlo vale la pena.

Y todo esto que les cuento en un “marco incomparable”, con una carta de vinos que raya la excelencia y un servicio esmerado que combina con la cocina para conseguir un ritmo de adecuado de la comida…sin necesidad de hacer dos o más digestiones (¿les suena?)

Si se pasan por Formentera entre finales de marzo y primeros de Noviembre, reserven, vayan y coman o cenen (a gusto del consumidor) porque no les defraudará…

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