Un corresponsal en el frío. Memorias de 40 años entre España y el Este de Europa. Ricardo Estarriol. Prólogo de Xavier Mas de Xaxás. Editorial Rialp

Me he tomado la licencia de utilizar para el título de este artículo una imagen que proporciona el propio Estarriol en sus memorias. Corresponsal para el este de Europa de La Vanguardia, con sede en Viena, Estarriol consiguió llegar a Jabárovsk, en la Siberia profunda, para buscar noticia de las reuniones entre chinos y rusos por aquella crisis que los marxistas llamaron la «controversia chino-soviética». Era 1970. Estarriol, el único periodista occidental que se encontraba en aquella ciudad, relata cómo una mañana, mientras esperaba la llegada de los chinos al edificio donde sabía que se celebraban las reuniones, aprovechó el tiempo para rezar y leer el Pravda. Este libro de memorias, apasionante, habla de un mundo que desapareció, de una profesión que era otra profesión, pero habla sobre todo del eterno impulso en el que confluyen la vida del hombre y la del periodista: la búsqueda de la verdad y su comunicación, sea cual sea el precio y el esfuerzo.

Estarriol

Un corresponsal en el frío es una gran lección de periodismo, pero también de humanidad y de espiritualidad. Estarriol entró joven en el Opus Dei. Confiesa en sus memorias una naturaleza rebelde, alérgica al ordeno y mando, pero generosa y entusiasta en las empresas alimentadas por la convicción. Después de estudiar Derecho y Periodismo se marcha a Viena, porque Escrivá de Balaguer le pide impulsar el trabajo de la Obra en el Este. La vida de Estarriol ya circula por las vías paralelas del periodismo y la espiritualidad, y el libro es el relato de las estaciones y los episodios que conforman su vida, la personal y la profesional.

El lector asiste a los grandes acontecimientos de la segunda mitad del siglo XX, al menos a todos los que tiene que ver con la Guerra Fría, y el frío del Este, no solo por la temperatura de sus inviernos gélidos, sino por el congelamiento al que el bloque soviético sometió la libertad de sus ciudadanos. El mundo que narraba Estarriol era un mundo cerrado, arcano, opaco, oscuro y contaminado por la propaganda. Y sin embargo el periodista perseguía la verdad con un método que las memorias despliegan en toda su amplitud: estar en los lugares donde ocurren los hechos, mirar con detalle, contar con rapidez y precisión.

Claro está que ese «estar, ver y contar» que Xavier Mas de Xaxás establece como la sencilla regla del corresponsal esconde una trastienda muy compleja. Para estar tienes que conseguir el acceso, para saber ver tienes que saber mirar y discriminar aquello que es puro decorado, para contar tienes que tener armas, herramientas, capacidad de relato. Y para todo tienes que almacenar unos conocimientos que te permitan identificar lo relevante entre las líneas de un discurso en apariencia plano.

Desfilan por el libro, narrados con precisión y una cierta dosis de aventura, los hechos fundamentales que llevaron a la caída del comunismo. El telón de acero cayó en Varsovia, afirma Estarriol. En varios capítulos se detalla el nacimiento del sindicato Solidaridad, en los astilleros de Gdansk. Volvemos a vivir en su pluma aquellos hechos que mantuvieron al mundo con la respiración contenida, por el temor a una intervención soviética, a una nueva partición de Polonia. Estarriol estaba allí. No con el afán protagonista de decir «yo estoy aquí» sino como exigencia fundamental para contar la verdad.

Unos hechos que en sus inicios el mundo no supo ver. En 1980 comienza la huelga en los astilleros de aquellos «hijos que había despedido la revolución soviética». El mundo no capta la envergadura de lo que está ocurriendo. Por ejemplo: «en el momento más crítico de la huelga de Gdansk, el dirigente de Comisiones Obreras, Marcelino Camacho, que acababa de pasar con su familia unas vacaciones en Polonia, no pensó ni por un momento en solidarizarse con los obreros del astillero, sino que visitó oficialmente a su anfitrión, Jan Sydlak, miembro del politburó del P.C. y jefe de los sindicatos oficiales, unas horas antes de que Sydlak perdiera su puesto». Camacho regresa a Madrid y declara ante la prensa «que nadie había sido detenido».

El relato de la ley marcial que decreta Jaruzelski para contentar a los soviéticos hiela la sangre y traslada al lector al momento de sombría incertidumbre de la gran crisis del bloque soviético. Asistimos también a la llegada de la perestroika, el hundimiento de la Unión soviética, los viajes del Papa Woytila al Este, las guerras de los Balcanes, ese momento trágico en el que las fuerzas de la ONU no sirvieron para la paz sino para consolidar las «conquistas de los agresores». Las memorias de Estarriol son una gran lección de periodismo, también de compromiso con el apostolado. Ambas dos empresas tienen en el corresponsal el mismo sentido y el mismo destino.

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Primavera de Praga. Foto de Josef Koudelka

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