Un atelier en una zona burguesa del Madrid burgués. El taller de Santiago Bandrés es su casa, su casa es su taller. Preside la entrada un retrato del diseñador/modista, en blanco y negro, de una nitidez deslumbrante: los ojos grandes, la sonrisa tersa, una mirada que no deja de observar, aguda. Le hemos pedido una conversación y la entrega sin límite de tiempo. En las estancias hay una colección de cazadoras vaqueras a las que ha dado una buena nueva vida. En la habitación en la que hablamos, iluminada por un sol frío del final de la tarde, cuelga su primera pintura: un retrato de perfil de su madre, vestida en amarillos y morados. En la otra pared, en orden de desfile, todos los vestidos de Bandrés que son la obra de este diseñador que sigue la senda que trazó Balenciaga.

santiago bandrés

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