Y vamos bajando la cuesta, que arriba en mi calle se acabó la fiesta “. ( “ Fiesta “. Joan Manuel Serrat ).

Hoy es uno de esos días que uno empieza, inopinadamente, con un sabor agridulce. Me encontraba yo esta mañana, calentito en mi cocina, en pijama y zapatillas, tomándome el primer café del día, cuando en el telediario matinal he escuchado que Joan Manuel Serrat deja los escenarios. Es verdad que, en estos tiempos oscuros, la noticia podría ser aun peor, luctuosa, pero el abandono de los escenarios, para un artista como Joan Manuel Serrat, también es morir un poco. Dicen que partir es morir un poco y, en este caso, hablamos de una partida; hacia una vida diferente, probablemente, a la edad que ya va teniendo El Nano, una vida mejor, pero una partida al fin.

Hace algunos años, cuando falleció Truman Capote, Gore Vidal, que cultivaba una enemistad antigua y profunda con Capote, hizo las siguientes declaraciones a una periodista, toda vez que esta le preguntó por la muerte del escritor : “ ¿ Su muerte ?. Creo que es buena para su obra “. En el caso del Nano, no creo que su abandono de los escenarios vaya a influir, ni positiva ni negativamente en su obra, dado que el arraigo de sus canciones en nuestra cultura musical y, en muchos casos, en nuestras vidas mismas va más allá de poder verle en directo.

A mí me enseñó que no hay camino, se hace camino al andar, lo que en muchas ocasiones ha sido un acicate para seguir adelante, cuando el horizonte dibujaba nubes negras. 

En mi caso, la música de Serrat forma parte de la banda sonora de los años más felices de mi vida, los de mi infancia, cuando en el coche de mis padres, o en su magnífico equipo de música, de esos que llevaban plato y cassette, su música sonaba con asiduidad.

Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa, y escondido tras la cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya “. ( Mediterráneo ).

Esta canción, indudablemente una de las más bellas que se hayan compuesto nunca, era un himno cuando nos acercábamos a la playa, por las vacaciones de verano. No podía faltar, en ese viaje, precisamente hacia mi querido Mediterráneo. Otro detalle que me despierta muy profundos sentimientos cuando escucho a Serrat, es que era, sin duda, el cantante y compositor favorito de mi querido y añorado tío Vicente. Recuerdo, perfectamente, que cuando Serrat sacó el que yo considero su mejor disco, “ En Tránsito “, la primera grabación, antes de comprar el LP, me la dio mi tío.

Ahí figuran frases tales como “ antes que les den el pésame, a sus deudos, entre lágrimas, por su irreparable pérdida y lo archiven bajo una lápida; ¿ no le gustaría no ir mañana a trabajar y no pedirle a nadie excusas ? “. Si esto no es una filosofía de vida, que baje Dios y lo vea.

Este tipo de canciones, que más que canciones son filosofía, que desgranaron artistas de esa generación, me han enseñado más que muchos libros de texto y han sido, para mí y para muchos, una guía para desenvolvernos en este siglo loco y en el aun más loco siglo XX.

Incluso ahora, en el desempeño de mi labor periodística, siendo demasiado osado en el término, muchas veces me veo reflejado en su trabajo. “ Buscaba una canción y me perdí, en un montón de palabras gastadas. No hago otra cosa que pensar en ti, y no se me ocurre nada “. ( “ No hago otra cosa que pensar en ti “ ).

Así que, aunque Joan Manuel abandone los escenarios, nos queda la música, nos queda la filosofía y la sabiduría que sus canciones han transmitido a varias generaciones. A mí me enseñó que no hay camino, se hace camino al andar, lo que en muchas ocasiones ha sido un acicate para seguir adelante, cuando el horizonte dibujaba nubes negras.  Y me ha recordado, a veces, que “ retoñarán aladas de sabias sin otoño, reliquias de mi cuerpo, que pierdo en cada herida. Por que soy como el árbol talado, que retoño, y aún tengo la vida “.

Así que, como dice Sabina en una canción que le dedicó, “ mi primo el Nano, que no me toca nada y es mi hermano “. Gracias por acompañarme en mi andadura, y aunque marches a lugares apacibles, sin duda bien merecidos, acuérdate de aquellos a los que dejas, al menos, un poco huérfanos.

Ay, mi amor, sin ti no entiendo el despertar. Ay mi amor, sin ti mi cama es ancha. Hay mi amor, que me desvela la verdad. Entre tú y yo, la soledad, y un manojillo de escarcha  “. ¿ Se puede escribir algo más bonito ?.

@julioml1970

viento
Julio Moreno

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