El el poemario Sillas invisibles, del poeta extremeño Juan Calderón Matador es una edición exquisita y muy acertada de Antonio Benicio Huerga en su editorial Los Libros del Mississippi

Sillas invisibles, nuevo poemario de Juan Calderón
Sillas invisibles, nuevo poemario de Juan Calderón

El tiempo / se ha sentado en las sillas invisibles, según el poeta extremeño residente en Madrid Juan Calderón, autor de su último poemario, Sillas invisibles, en uno de los poemas de este nuevo libro.

Sillas invisibles

Son las sillas invisibles las que conforman y confirman nuestra memoria. La silla es el símbolo de todo lo que el poeta ha querido reunir en estas páginas ante la mirada emocionada de sus lectores, a los que invita también a sentarse a esta mesa de la que forman parte la nostalgia del tiempo pasado y el territorio siempre cercano de la infancia, los recuerdos que quedan indelebles en nosotros y los viajes que nos marcaron y, muy especialmente, las ausencias de los amigos que tanto nos enseñaron y a los que debemos recordar y rendir cuentas. Lugares y personas que son nuestra vida y son nosotros mismos. Sin esas sillas invisibles no podríamos entender quiénes somos.

La madurez poética de Juan Calderón es la clave para interpretar estos poemas. Es este libro una declaración definitiva de certezas, momento de hacer recuento, de afirmar abiertamente -con las citas de Neruda y García Márquez que abren el libro- que sólo el amor nos salvará de esta vida y lo terrible que es conjugar el corazón con el olvido.

Estructurado en cuatro partes, el poeta en la primera de ellas observa la vida mientras llega la barca. Vivir, Juan Calderón lo sabe, es ser testigo de lo que acontece y es ir creando los recuerdos que nos acompañarán en el futuro. Juan Calderón además de poeta es autor de teatro y narrativa -su última publicación fue el libro de relatos El cuentista bajo la encina blanca – Antología (1968-2018)-, y también compositor, pintor…

Sus múltiples facetas creativas recalan con acierto en estos poemas de Sillas invisibles. Así, escritos en un tono narrativo aparecerán en este primer bloque Historias de dragones y ángeles caídos, recuerdos de infancia (ese magnífico niño de secano como un Cristo clavado en las cruces del tedio), el erotismo que destila por ejemplo en el poema Muchacha en flor (los peces de sus dedos /recorrieron el largo de sus muslos), el compromiso con el sufrimiento…

Y se sirve de símbolos como el del agua para que sus poemas nos transmitan naufragios a veces, otras, la calma de la contemplación (hay dolor en los ríos, un agua tan cansada / que perdió la costumbre de correr), cerrando con un poema magnífico de declaración de amistad y otro reflexivo en la que el misterio y el dolor desembocan en la búsqueda de la paz interior, según el poeta Javier Díaz Gil.

Esa paz interior es el puente hacia la siguiente sección, A los que alcanzaron la otra orilla. Doce poemas que son a un tiempo retratos y elegías a los amigos que se fueron y a los poetas y artistas admirados. Los maestros, en definitiva, a los que rinde tributo: Aleixandre, Mallarmé, Cecilia, Frida Kahlo, Juan Ruiz de Torres, Francisco Fenoy…

El poeta Juan Calderón Matador
El poeta Juan Calderón Matador

Maestros a los que seguir preguntando, … que me ha de entender / y darme las respuestas que preciso, declara en el poema dedicado a Aleixandre: el amor y lo prohibido como temas de fondo. Si en el anterior bloque se valió de lo narrativo introduce aquí en el poema a Jacque Canales un formato de diálogo teatral para potenciar aún más este juego de preguntas y de búsqueda de respuestas al que me referí antes.

Diez poemas conforman la tercera parte, Lugares y maletas. Diez poemas que son memoria de espacios que marcaron al poeta. Es aquí donde Juan Calderón alcanza un tono más lírico. Nos da la mano para llevarnos al Alburquerque de su infancia o a las calles de Madrid y de nuevo nos conduce al símbolo del agua y es ahora el mar como contemplación: el paisaje mediterráneo de Guardamar, la ciudad de Cádiz…

El dolor

El dolor es quien protagoniza la última silla invisible del libro. Con el dolor a cuestas titula el poeta esta parte final. El dolor es el que nos hace conscientes de la vida. El dolor que nos hace más fuertes y comprometidos con el que sufre. Es Juan Calderón poeta comprometido con el débil, altavoz de los que no tienen voz para mostrar su injusticia. El dolor pequeño, anecdótico (si es que hubiera algún dolor pequeño) de un bolso robado y junto a él, el dolor enorme por las guerras, por el África explotada y empujada a emigrar se muestran como terribles cicatrices en la mirada y el alma del poeta.

Pero hay voluntad reivindicativa y de rebelión y hay ánimo de esperanza. Porque el dolor que se denuncia busca crear conciencia. Se puede salvar el mundo escribiendo un poema, estoy convencido, si el poema es capaz de conmover e implicar a un lector.

La excelencia poética de Juan Calderón se encuentra en la estructura de este libro pero también en su forma, con el empleo cuidadoso de la silva libre impar, ese ritmo musical de los versos impares: los heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos…, el uso acertado de las anáforas y las imágenes creando el ritmo perfecto que nos va llevando como el agua querida del poeta, poema a poema, hasta la mesa de sillas invisibles, dispuestas, donde el lector es bienvenido. Donde el lector de la mano de estos poemas pueda ser memoria y presente, esperanza y dolor y también compromiso.

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