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‘Tengan criterio’, la columna de Julio Moreno

criterio
Bueno, pues, al fin, está nevando en Madrid. De verdad, ya pensaba que esto de la nevada era como la cura del Covid; algo que se anuncia, y se anuncia, y se anuncia, pero nunca llega. Aun así, no deja de ser asombroso que una nevada que, hasta hoy, no pasaba de ser anecdótica, lleve cuatro días abriendo los telediarios. Es la noticia anticipada, como en Minority report, la película protagonizada por Tom Cruise, en la que, por medio de la tecnología, pueden conocer un delito futuro antes de que ocurra y así detener al delincuente antes de que lo cometa. Con la diferencia de que en ese caso, resulta práctico, pero en el caso de la pre-noticia de la nevada, no ha resultado muy útil. Debe ser que la gente, a base de oír a diario que viene el lobo, ha perdido su capacidad de asombro y credulidad.

Cuento de Navidad, la columna de Julio Moreno

NAVIDAD
Bueno, pues al fin es Navidad. He de confesar que la Navidad, no en lo referente al hecho religioso, sino a la época del año en sí, no es que no me guste, es que la borraría del mapa con toda su parafernalia. Si pudiera permitírmelo, me metería en la cama el veinte de diciembre, o mejor aún, el dieciocho, y no saldría hasta el diez de enero, más o menos, para que ya no quedase ni una lucecita, ni un arbolito ni ninguna de las cosas que pueblan el periodo navideño y que se supone que nos tienen que encantar.

‘Nos vemos en los bares’, la columna de Julio Moreno

Los bares
“Buenos días. ¿ lo de siempre ?”. Esta frase, que parece sencilla, compendia sin embargo valores que trascienden la mera sintaxis del enunciado. Valores tales como respeto, conocimiento y profesionalidad. Si, el análisis sintáctico no nos va a llevar a esta conclusión, pero hay que ir más allá, hay que mirar al fondo, traspasando la frase, con una de esas miradas que no te miran, sino que te hacen la autopsia, como la de Michael Douglas cuando Sharon Stone cruza o, más bien, descruza las piernas en instinto básico.

La columna vacía, por Julio Moreno

frente al espejo
Hay un momento en la vida de todo autor, aunque sea un autor aficionado como yo, en el que debe enfrentarse a una columna vacía. La columna, que habitualmente está llena cuando empiezas a escribirla, solo necesita ser ordenada y redactada. Es sencillo. Todo suele suceder de tal manera, al menos en mi caso, que muchas veces tengo la sensación de que no soy yo quien escribe, sino que me la han dictado.

Julio Camba en Nueva York

Julio Camba en Nueva York
Vuelve Camba. Vuelven sus artículos de viajes, sus columnas de un humor muy serio. Camba hizo tres viajes a los Estados Unidos. El primero en 1916. Era corresponsal de ABC. De aquella primera visita es Un año en el otro mundo, publicado por vez primera en 1917. Regresó invitado por la Fundación Carnegie en 1927. La ciudad automática corresponde a esa segunda inmersión. En plena guerra mundial, Camba deja atrás Europa y sus años de corresponsal en París y Berlín, el fragor de los cañones y algunos incidentes diplomáticos en las capitales europeas. Camba está con los aliados. En Estados Unidos asiste a las elecciones presidenciales de ese año, que ganará Wilson, el presidente que metió a los Estados Unidos en la primera guerra mundial. "¡Qué hondura, qué originalidad, qué delicadeza en las páginas escritas por este hombre indiferente e irónico!", escribe Azorín al leer Un año en el otro mundo.

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Tomás Baleztena se asoma a la puerta de su estudio, en un bajo del Carabanchel de Vista Alegre. Tiene un aire de marino, elegante, enjuto, elemental. En el estudio están clavados en la pared tres grandes lienzos. Son tres obras en marcha que le dan al rincón un ambiente abisal de grises, azules y negros oceánicos. El suelo está impregnado de óleo, y en un lado hay una montaña de tubos de color, como si los hubiera arrastrado una marea. Tomás va cogiendo cuadros terminados y los coloca en la luz para que tengan la misma vida que los animó. Hay paisajes de fronda y luz, árboles que han convertido su larga vida en un garabato, algún retrato de aire holandés en el que la luz pinta un rostro que pudiera ser de cualquier tiempo.
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