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Rita Sánchez, embajadora de la cocina mexicana: «tengo en la memoria todos los sabores de mi vida»

Rita Sánchez
Rita es en España "la cocina mexicana". Sin más. Nada menos. Nació en Guadalajara de Jalisco. Viene de familia numerosa. Así que creció en los fogones, acostumbrada, como dice "a ver cazos grandes, ya que éramos once de familia, más los invitados que nunca faltaban desde el desayuno hasta la cena. Nadie se resistía a la sazón de mi mamá, que heredó de mi abuelita. Tradición que pasa de madres a hijas y de suegras a nueras". Tiene el español de Rita una música que uno no se cansa de escuchar. Una melodía que viene de antiguo, como una lengua que los españoles hubiéramos perdido y se hubiera conservado al otro lado del océano, enriquecido, amasado con suavidad. Y así también pasa con las historias que cuenta esta mujer que atesora un saber enciclopédico sobre la cocina mexicana. Todo un mundo.

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el poder del perro

‘El poder del perro’, un western que no es un western

El poder del perro (Netflix) comienza con una escena clásica en el oeste americano: el traslado de un gran rebaño de ganado. Viajan por el Oeste, en paisajes agrestes, de grandes llanuras vacías y colinas nevadas. Es Montana, en el norte de Estados Unidos, pero está rodado en Nueva Zelanda. El rancho es propiedad de dos hermanos. Dos mundos. Uno de ellos, George (Jesse Plemons) es tranquilo, aseado, culto, callado. El otro, Phil Burbank (Benedict Cumberbatch) es un vaquero duro, de mirada de lobo, agresivo, sucio. Estamos en los años veinte. El genero es el western, pero solo en apariencia. El poder del perro es una película de trama psicológica en la que Jane Campion juega con la ambigüedad y la sorpresa.
zweig

‘Biografías’: la obra de Zweig sobre las vidas de los grandes de la historia

Las cajas de Acantilado se han convertido ya en un clásico. Suponen siempre una inversión que merece la pena. Las entrevistas de The Paris Review, que fueron un superventas en diciembre pasado, fueron un éxito, creo que inesperado incluso para la propia editorial. Reunir en dos tomos conversaciones con grandes de las letras era un regalo para los amantes de la literatura o para los seguidores de un género en el que la revista ha alcanzado la excelencia. Reunir sesenta años de conversaciones con los grandes autores permitió crear dos tomos ineludibles. Lo mismo podemos decir de la obra biográfica de Stefan Zweig, un género en el que llegó a la cumbre, porque las biografías del austríaco son clásicos, por su valor histórico pero también por su capacidad de penetrar en los pliegues psicológicos de personajes que en muchos casos son de una complejidad muy difícil de abarcar.
Bichopalo

Bichopalo, una gran mesa, sin prisa, sin pausa

En el mundo prepandemia, Bichopalo era un pequeño restaurante de mercado, en el de Barceló. Unas pocas mesas altas, una cocina diminuta, una técnica muy precisa, una imaginación desbordante y una atención que sobrepasaba la excelencia. Esas eran las armas de los hermanos Pozuelo. Daniel y Guillermo.  Daniel se ha formado en grandes cocinas desde Arzak a Alboroque. Hasta que puso la suya, porque llega un punto en que la disciplina de otros no puede encerrar la creación propia. Uno cuenta con los dedos las veces que ha tenido la oportunidad de ver crecer un restaurante, desde un pequeño fogón, hasta la fama. En el caso de Bichopalo, los Pozuelo están dando pasos en esa dirección. No buscan la celebridad. No tienen prisa. Van a su aire, con paso seguro, no han cambiado la esencia: en sus platos ya hay una gran cocina. Y a precios de clase media urbana. Tienen lista de espera. No es extraño. Ahora les digo el porqué.
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