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Testigo de excepción. Ignacio Carbajosa. Editorial Encuentro

Veinte días en la frontera entre la vida y la muerte. Veinte días administrando consuelo, el sacramento de la unción de los enfermos, oraciones, gestos, caricias, en el tramo final, en el que muchos han pasado al otro lado, «a la habitación de al lado» que diría Agustín de Hipona. Y otros han regresado a la vida. El diario del sacerdote Ignacio Carbajosa es una pieza de una humanidad conmovedora, un relato escrito con humildad, una reflexión sobre «la hora de nuestra muerte», una oración por los muertos y por los vivos, y un diario que cuenta una realidad oculta, apenas narrada por las tribunas mediáticas, oculta al ojo público. Con él hemos entrado en la UCI, y en las habitaciones donde hombres y mujeres han muerto lejos de los suyos, en una soledad atenuada por la visita del pater.

Una llamada para acudir a la frontera

Testigo de excepción es un libro breve, intenso, profundamente humano, escrito «en voz baja». En el tono en el que se habla en los hospitales, en la UCI, en una ciudad desierta en la que se mueven solo las urgencias o «el capellán del hospital». La noticia del estado de alarma, del confinamiento, le produce a Carbajosa un cierto «encanto»: tiempo para dedicarlo a sus estudios bíblicos. «He de confesar –escribe– con un tanto de vergüenza que la perspectiva de las diferentes prórrogas del estado de alarma no me desagradaba: daban alas a mi investigación, un campo en el que me muevo con gusto». Pero el primero de abril, el sacerdote recibe la llamada del subdelegado de pastoral sanitaria: necesitan un sustituto para la capellanía del Hospital San Francisco de Asís.

 Es un misterio: unos sufren y maldicen, otros sufren y dan gracias. 

Ignacio Carbajosa

Carbajosa se convierte en Testigo de excepción, «testigo privilegiado de la vida y la muerte de tantas personas que se presentaban ante mí como un espectáculo de altísima dignidad y espantosa fragilidad». Y en el preámbulo del libro anota el porqué de este pequeño tomo, libro de una vibrante intensidad: «merecía la pena dejar huella por escrito de lo que he visto y oído. Coincide con aquello que no han visto y oído los familiares que no podían acompañar a sus seres queridos». En el libro anota historias personales, conversaciones significativas. Las que pueden ser anotadas. Hay otras que permanecen en ese lugar que describe Nabokov en La verdadera vida de Sebastian Knight, citado por el autor: «en alguna parte, de algún modo, por algún testigo inmortal de la vida mortal».

Una enferma peleona

Forrado en una armadura de capas protectoras, el sacerdote recorre el hospital, la zona COVID, donde se topa con la batalla personal, radical, de cada uno. Y cada uno lo vive a su manera. Es un misterio: unos sufren y maldicen, otros sufren y dan gracias. Algunos semiinconscientes («el oído es el último sentido que se pierde») otros en la niebla del Alzheimer o la demencia. Algunos en plena rebelión: «Hoy me he topado con una monja «peleona». Tiene un largo historial de servicio en hospitales, además de haber pasado largos años en países de mayoría musulmana en el norte de África. Ahora se topa con el dolor en su propia carne. Y se rebela. Lo mismo hizo Job, el personaje bíblico que levantó su puño contra el cielo exigiendo justicia».

El pater asiste a las cimas del calvario, asiste a sacerdotes el domingo de Resurrección: «ambos sacerdotes, enfermos, me hieren. Entiendo que libran una batalla personal en la que yo no puedo entrar» Agotado, el sacerdote abre puertas de habitaciones donde no entran familiares, asiste a conversaciones con videollamada en la que escucha las promesas de verse pronto con la certeza de que los que están al otro lado no volverán a ver a su padre, a su marido, a su abuelo; imparte la comunión entre sondas, gasas y pañales, reza con los pacientes, les enseña a dar una mano a Cristo y otra a su madre María. Es un libro que se lee con el corazón encogido, también es un libro que devuelve a las víctimas del COVID la dignidad arrebatada por el silencio oficial y por la propaganda que ha ocultado a los enfermos y ha reducido las víctimas mortales a la mitad.

No son héroes

Carbajosa rechaza el título de héroe: «Héroes. me pongo en la piel de los sanitarios, hoy compañeros de fatigas. ¿Héroes? No es eso lo que nos da ánimos. Nace de una mentira: self made man. Remite a mis fuerzas y por eso me deja solo con mi capacidad: «Eres un héroe». ¿Qué es sin embargo lo que se agradece? El aplauso como muestra de cariño, de agradecimiento. Aplaudir o decir gracias, es decir: «Te quiero» Y yo lo recibo como: «Soy querido, mi vida vela la pena, alguien me espera»

En en libro de Carbajosa hay una gran rebeldía, contra una cultura que ha ocultado la muerte, contra una educación equivocada: «¡Cuánta mentira y cuánta sospecha irracional en nuestra educación!» La ilustración y el romanticismo nos prometieron la absoluta autonomía de lo humano. En la frontera de la muerte, el hombre es otro: «¡Y pensar que nos creemos dioses, el ombligo del mundo! Pensamos que nuestro yo controla el cuerpo y sus acciones. Qué gran ingenuidad… y qué gran mentira cuando se convierte en educación sistemática y dominante».

Ignacio Carbajosa
Ignacio Carbajosa

El testigo de excepción

Ignacio Carbajosa nació en Cartagena en 1967. Por eso en algún momento del libro, cuando se cruza con algún murciano de la capital surge una chispeante fricción. Es profesor de Antiguo Testamento y lenguas bíblicas en la Universidad San Dámaso y director de la revista Estudios Bíblicos. es doctor en CC. Bíblicas y Licenciado en Economía. Entre sus publicaciones podemos destacar De la fe nace la exégesis. La interpretación de la Escritura a la luz de la historia de la investigación sobre el Antiguo Testamento y Las características de la versión siríaca de los Salmos.

En Testigo de Excepción hay una dedicatoria a Fernando Savater, «compañero de camino». Con Savater y Miguel García Baró, Carbajosa participó en un debate en 2019 sobre Job y el sufrimiento inocente. Fue un debate abierto en torno a estas preguntas:  “¿Qué sentido tienen estas muertes y el sufrimiento que las acompaña? ¿Estamos en manos del azar y del mal? Nos da miedo formular en alto estas preguntas: nuestra sociedad las considera una patología ‘post-traumática’. ¿Es así? ¿No describen más bien lo genuino de nuestra naturaleza humana? ¿Por qué dar a luz a un desgraciado y vida a los que viven amargados? El grito de Job ha acompañado durante siglos la aventura humana en Occidente. En él la pregunta sobre el sufrimiento inocente se convierte en voz que se levanta para pedir cuentas a Dios. En el siguiente video pueden ver la grabación de aquella mesa redonda.

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