corral cervantes

Irene Gervás y Chema Cebrián forman con sus once hijos una gran familia. El día que a Irene le diagnosticaron que estaba infectada de coronavirus el médico le recomendó aislamiento total de la familia. Un remedio imposible. Desde aquel día, los 13 viven aislados en su casa de Valladolid. Familia y amigos se organizan para que les lleguen alimentos desde el exterior. La organización interna es el gran desafío. En la entrevista con Fanfan nos cuentan cómo son las horas de sus días, como se distribuyen las tareas, cómo la pandemia ha cambiado nuestra vida y nuestra forma de ver las cosas. Son trece en casa.

En el final del aislamiento

Trece en casa y el coronavirus. La familia lleva dos semanas largas aislada. Ahora ya ven el final del túnel: «estamos recuperados, un poco bajo vigilancia médica, con antibioticos. Tenemos tanta carga viral, pero bastnate mejor. Hemos tenido días complicados, desde las dos semanas largas que llevamos confinados. De los trece, doce hemos estado mal. Nuestra hija mayor es la única que ha sido asintomática, que no ha notado nada. Los niños, unos un poco mejor otros un pcoco peor, con fiebre, vómitos, pero se han recuperado».

Si en tiempo normal una familia tan grande es difícil de gestionar, con el virus como inquilino las cosas se complican: «todo es bastante complicado, es como rizar el rizo. Si normalmente es difícil manejar la familia con once, con el virus se complica a la enésima potencia. Los niños no tienen colegio, pero no pueden perder las clases, y se ponen nerviosos. Tenemos mucha ayuda alrededor y gracias a eso y a nuestros hijos mayores que nos han dado una lección de responsabilidad , hemos salido a flote».

Los Cebrián-Gervás, al completo

La vida cotidiana en casa

Teníamos curiosidad por ver cómo se organizan trece en una casa, como se consigue que haya un orden, que se cumplan unos objetivos: «Nosotros empezamos a organizarnos cuando todavía no teníamos síntomas. No pensábamos que nos fuese a tocar. Hicimos estrategias sencillas con un horario para que todos tengamos algo que hacer. Elaboramos una lista de encargos, adaptada a la edad de cada uno. Y luego hicimos una cosa muy sencilla pero que ayuda mucho, que es ponerse una serie de retos, muy sencillos pero que si todo el mundo las consigue redunda en un ambiente general mejor. Cada uno tiene una consigna adaptada a cada persona. Y todo salpicado de paciencia, comprensión y sentido del humor. Cuando algo se consigue es una fiesta, y si no, se intenta de nuevo».

Los enfados, dice Irene, se superan por elevación. Cuando se apaga la televisión no todos están contentos. Pero si la televisión se apaga para merendar un bocadillo de nocilla, entonces se puede convertir en una fiesta. ¿Y qué se dice a los niños cuando preguntan por el virus y los riesgos de la pandemia? Chema contesta: «los niños saben mucho, entienden mucho y tienen mucha información. Yo al principio le daba importancia a esto pero era escéptico, pensaba que había algo de exageración, pero los niños, como se lo cuentan en el colegio, eran muy conscientes. Saben que no tenemos que salir a la calle, y saben que los mayores tienen muchos riesgos». Irene añade que «los niños necesitan estar en casa, con la vida tan rápida que llevamos, y esto de alguna forma lo han agradecido».

El lado bueno

En todas las casas esta crisis nos ha permitido «hacer familia»: «es importante que este es un tiempo muy valioso para pararse. Y otra cosa muy importante es que hasta ahora, esa parte de la sociedad que son nuestros mayores, que estaban ahí a un lado, han pasado a importarnos mucho, a estar en primer plano. Hace unas semanas estábamos hablando de la pastilla para la eutanasia y ahora todos pensamos que no queremos que se vayan, que esta parte de la sociedad es muy importante».

Chema piensa que va a haber un antes y un después de esta crisis: «hemos superado debates como la eutanasia por superación. Nos parece a todos muy tremendo que por el hecho de una persona tener más de ochenta años no se le ingrese. Hay muchas cosas que esta sociedad llevaba una deriva que no estaba bien. Ojalá nos haga parar, pensar, recolocar la situación, y que con la generosidad de todos cambiemos en la forma de pensar»

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