La gratitud no sólo es la más grande de las virtudes, sino que engendra todas las demás”. (Cicerón).

Con el paso de los años, he de decir, que he aprendido ciertas cosas. No muchas, la verdad, pero si algunas. Ocurre que cuando algo es para ti una certeza, una realidad sólida, muchas veces sucede algún avatar que la desmorona; por lo tanto, una de las cosas que sí he aprendido es que la vida no está hecha de certezas, sino de incertidumbres. El devenir humano se sustenta en lo probable, en lo posible, nunca en lo seguro.

Sin embargo, es muy propio del ser humano, en la soberbia que nos caracteriza, sentirnos seguros en nuestro bastión, intocables .  Hasta que aparece la realidad, la providencia, el azar, para desbaratar nuestras posiciones. A lo largo de los años, por desgracia, he visto muchos casos de gente a los que la vida ha mandado reveses del todo inesperados. Por eso, los que aún no hemos sufrido la garra del caprichoso destino y, de alguna manera, nos sentimos en una posición de privilegio, tenemos el sagrado deber de ser agradecidos y, además, de devolver a la vida algo de lo que, generosamente, nos ha aportado.

Tengo que decir que, si hay algo que siempre he envidiado de los poderosos, ya sea económica o mediáticamente, o ambas cosas a la vez, es la capacidad que su posición les aporta de ayudar. Un gesto, una mención, una presencia en un acto, pueden hacer mucho por los que necesitan ayuda de todo tipo. Es aquí, realmente, donde reside el poder de aquellos que se encuentran en posiciones de privilegio. Por eso, si la vida, en su ingente generosidad te da la oportunidad de ayudar, de posicionarte en la privilegiada orilla de los que no necesitan ayuda y , por el contrario, pueden aportarla, hay que aceptar el reto al vuelo y no dejar pasar ese tren.

Entre las cosas maravillosas que me han pasado en los últimos dos años, años que, por otro lado han sido fríos y grises, en otros aspectos, como una nube de tormenta, se encuentra la sorpresa que me ha dado la vida de introducirme, modestamente, en ciertos círculos mediáticos.

Hace al menos un año y medio, cuando estaba empezando a publicar mis artículos, tuve la fortuna de que, a través de tuiter, herramienta que ha sido determinante en mi nuevo caminar, me contactase y me empezase a seguir Borja Casado. Para quienes no conozcan a Borja, se trata de un compositor e intérprete castellonense, pero afincado en Murcia. He de decir que yo, entonces, no conocía a Borja, pero me llenó de curiosidad que alguien como él pudiera tener el más mínimo interés en mi trabajo.

Generoso como es, aunque esto lo descubriría más tarde, Borja no tardó en hacerme partícipe de que estaba preparando algo importante, muy importante diría, que le tenía absorbido y motivado al máximo. Por eso, cuando me dijo que le gustaría contar con mi ayuda, sin darme más detalles, le respondí que contaba conmigo incondicionalmente en lo que yo, desde mi humilde posición, pudiera serle útil.

Así que, sin mucha demora, Borja me habló de Ainara. Ainara Reina de Nicolás es una niña, que podría ser perfectamente la hija de cualquiera de nosotros, que tuvo la desgracia de nacer con un síndrome, el síndrome de Cach. Es esta una enfermedad terrible, ya que los niños que la padecen nacen aparentemente sanos, desarrollando con normalidad sus habilidades motoras y cognitivas, para después, muy pronto, aproximadamente a los dos años, comenzar a sufrir un proceso degenerativo del sistema nervioso, que por lo general les deja postrados hasta el final de sus días, que suele producirse a muy temprana edad.

A lo largo de estos casi dos años, he intentado en numerosas ocasiones ponerme en la piel de sus padres, y como padre he comprendido que, cuando te ocurre algo así, solo tienes dos opciones. Maldecir tu suerte y la de tu hija y sentirte desgraciado o, por el contrario, asumir lo que la providencia ha puesto en tu camino y luchar. Los padres de Ainara han decidido luchar, no solo por su hija, sino por todos los niños que tienen la desgracia de sufrir este cruel problema.

Y en esa lucha, desde cero, han conseguido crear una red de contactos, una cadena de favores, en la que han quedado atrapadas muchas personas, algunas notorias, otras anónimas, que de alguna manera, colosal o humilde, han sentido que podían aportar, creando esta asociación que han dado en denominar, acertadamente, Soldados de Ainara.  Así, atraparon a Borja; y Borja me atrapó a mí.

La sola comparación del colosal trabajo de Borja, que ha empeñado su tiempo, su talento, su esfuerzo e incluso su dinero en editar un disco, maravilloso, llamado Durazno 46, a beneficio absoluto de los Soldados de Ainara, y mi nimia contribución, en darle difusión en distintos medios, a través de artículos como este, resulta imposible. Pero, desde un principio, Borja trató de que entendiera que lo importante no es lo mucho que algunos pueden aportar, sino que cada uno, desde su posición, soberbia o humilde, haga lo que esté en su mano.

 De este modo, este sábado 4 de junio, después de haberlo hecho ya en numerosas ciudades de la geografía española, Borja Casado presentará en Madrid, en la sala Rincón del arte nuevo (calle Segovia 17), a las 20:00 su disco DURAZNO 46, a beneficio de Soldados de Ainara, en un concierto que yo, gracias a su generosidad, tendré el honor y el privilegio de presentar.

Algunas personalidades del mundo del arte y de la cultura, como David Summers, que generosamente interviene en este disco, actores como Jesús Olmedo, Cristina Medina, Ricardo Arrollo, el malogrado Jordi Rebellón, Nerea Garmendia, Christian Gálvez e incluso la Reina Leticia, con su presencia en algún acto, han aportado su particular grano de arena a esta causa tan noble y tan necesaria.

Así pues, un soldado no gana una guerra, pero un ejército sí. Os conmino, pues, a que podáis decir con orgullo, como lo hago yo, que formáis parte de este ejército tan bello, tan generoso y tan poderoso, de los Soldados de Ainara.

 “Necesito un amigo, que reciba con gratitud mi auxilio, mi mano extendida, aún cuando eso sea muy poco para sus necesidades”.(Charles Chaplin).

¡ Somos Soldados de Ainara!.

@julioml1970

nunca juraste que saldría ileso

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