Un hombre decente. John le Carré. Editorial Planeta. 21,50 euros

Dice que Un hombre decente es su última novela. Ha confesado tener cáncer, un tumor controlado que pone fecha de caducidad a su vida. Y reconoce que se siente con derecho a hacer lo que quiera, sin miedo, por viejo. No le gusta el Brexit, no le gusta Boris Johnson, no le gusta un socialismo que vuelve a su origen comunista, y no le gusta que Inglaterra sea una nación sin rumbo ni brújula, atrapada entre dos frentes extremistas.

Un espía decadente en el final de su carrera y un joven idealista que aborrece los populismos. Entre esos dos polos se libra esta novela de John le Carré que según el autor es la última de su larga carrera. Los dos extremos morales del relato son la rabia frente al rumbo político del Reino Unido y la esperanza, encarnada por Florence, una joven que dejará el servicio secreto y ese desinhibido joven rival de bádminton que desafía al protagonista de la novela.

Un dilema moral

No es extraño que el actual director del MI6, Richard Dearlove, le haya dedicado duras palabras, muy poco cariñosas, a este Un hombre decente. El retrato que hace del servicio es el de una oficina deshumanizada hasta el extremo, en la que las conspiraciones internas para desplazar a otros colegas en beneficio del ascenso propio son cotidianas. Los agentes son peones de usar y tirar. Las causas a las que sirven, ya no merecen la pena. Si el servicio tuvo algo de mítico y legendario, lo ha perdido. Ahora sus operaciones son de baja estofa, intoxicaciones para debilitar las instituciones europeas, concertadas con Donald Trump.

 portada de Un hombre decente de John le Carré
Portada de Un hombre decente de John le Carré

Ahí reside el dilema moral que plantea Un hombre decente. Nat es el centro de la historia, el narrador y el protagonista. Su mundo pasado es el de la Guerra fría. La brújula política y moral funcionaba bien en aquel tiempo. Había solo dos polos: el este comunista y el occidente, imperfecto, pero democrático. La elección era sencilla, si uno sabía eludir los efectos tóxicos de la propaganda, aquel opio de los intelectuales que denunció Raymond Aron. Ese mundo terminó con la caída del muro. El de hoy es más complejo, más difícil, más turbio. El Reino Unido es un país atrapado entre dos extremos, con políticos de una exuberancia populista decepcionante, contagiados por el estilo de Trump: una política dominada por charlatanes e impostores.

En brazos de Trump

Le Carré recurre a la biografía de Nat para describir los cambios en el mundo de antes. Recuperado para dirigir una oficina del servicio secreto que vigila la Rusia de Putin, Nat viaja al Este, a los balnearios de la República Checa, convertidos en refugio de los millonarios exiliados de la Rusia de Putin, para escuchar el diagnóstico de un viejo contacto del imperio soviético: «El presidente Donald Trump, gran amante de la libertad, os va a salvar el culo, según me han dicho. ¿Sabes lo que es Trump? El que le limpia la mierda a Putin. Hace por el pequeño Vladi todo lo que el pequeño Vladi no puede hacer por sí mismo: cagarse en la unidad europea, cagarse en los derechos humanos, cagarse en la Otan. Nos asegura que Crimea y Ucrania pertenecen al Sacro Imperio ruso, que Oriente Próximo es los judíos y de los saudíes, y a tomar por culo el orden mundial. ¿Y qué hacéis los británicos? Le chupáis la polla y le invitáis a tomar el te con vuestra reina. Cogéis nuestro dinero negro y lo blanqueáis».

John le Carré, autor de Un hombre decente
John le Carré, autor de Un hombre decente

Nat viaja a Chequia para intentar desentrañar una trama que será el torbellino que le atrapará, del que saldrán las sorpresas cruciales que dan sentido a la trama. La novela camina entre la amistad de Nat con su compañero de bádminton y la vida profesional de un agente que siente que está de vuelta de todo, apoyado por su mujer, Prue, a la que la fidelidad al MI6 se la trae al fresco. En ese cuadro, Nat deberá hacer una elección entre seguir a la voz de sus principios morales, o la fidelidad a la institución. Esa es la clave de Un hombre decente.

Sin más dilación

Le Carré expresa con esta novela su decepción con las instituciones, su fe más enraizada. Lo explicaba en una entrevista. Su madre murió cuando él tenía cinco años, su padre, un estafador, entraba y salía de prisión. Creció en los orfanatos, en las casas de acogida. Las instituciones fueron su casa, su refugio. Hoy, con el Brexit, con la política dominada por charlatanes, se siente un exiliado.

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