Un Raskólnikov. Emmanuel Bove. Hermida editores

En la estela de Dostoievski, Emmanuel Bove escribe Un Raskólnikov, novela breve de aire alucinado, hipnótico, obsesivo, en la que se cuenta el descenso a los infiernos de Changarnier y su novia Violette. Viven en los bajos fondos de una ciudad que el lector imagina que es París, por la nieve, por la humedad, por lo sucio. Buscan quién les page la fiesta o les preste una cama. “Todo el mundo en esta tierra tiene dinero amor y satisfacciones, menos nosotros -dice Changarnier-. Todo el mundo va, viene y vive menos nosotros”

Los personajes de Un Raskólnikov no tienen trabajo, no tienen ambiciones. Van de aquí para allá, tristes, indecisos, arrastrando una duda existencial, como seres que se mueven a ratos por inercia. Atraen a otros inertes, como un loco que les contará los motivos de su propia culpa con la que carga. La novela avanza en una espiral delirante. Y esa deriva es una de las razones por las que a este escritor francés, que va y viene desde el olvido, no se le considera muy francés, y si, más bien, ruso. Un Raskólnikov es una muestra pequeña, breve, de esa complejidad. Una novela que deja un enorme apetito por leer, por conocer mejor la obra de Bove.

Un Raskólnikov
Un Raskólnikov. Hermida editores

Ángel y demonio

Un hombre oscuro. André Gide anota en su diario que Bove es “un hombre luminoso y oscuro a la vez, una especie de santo tallado que, pese a estar en la parte más sombría de la iglesia se hace visible”. Luz y sombra, ángel y demonio. Esa dualidad extrema asoma también en esta novela breve. En un diálogo con Violette, Changranier fustiga a su novia con crueldad: “¿No te da vergüenza ser una pobre? ¿No te da vergüenza que te tengan pena todos los que te conocen?, ¿es que en el fondo no tienes la mínima dignidad? ¿Así que vives como un animal?”. Pregunta y pregunta hasta hacerle llorar. Unas líneas más adelante le llamará ángel: “pasas por el sufrimiento y por la fealdad conservando el corazón intacto”.

La culpa como motor central de unos personajes extraviados. Para entender este leit motiv quizá hay que mirar  en la biografía de Emmanuel Bove (París, 1898-1945). Bove en realidad es el  seudónimo de Emmanuel Bobovnikoff.  Se cambió el nombre después de un incidente con un policía que no supo pronunciar su apellido. Nació de padre ruso, exiliado, y de madre luxemburguesa. Su infancia, itinerante, transcurre entre París, Ginebra e Inglaterra. Como un tobogán. La vida estaba marcada por los golpes de fortuna del padre. Los valles de miseria eran largos y extensos. Los momentos de lujo, brillantes y fugaces.

La culpa desde la infancia

La culpa que aparece como el gran tema de Un Raskólnikov le acompaña desde niño. Su madre, Henriette, es la sexta de doce hermanos. Cuando se queda huérfana se muda a París en busca de trabajo. Conoce a un estudiante judío que viene de Ucrania. Emmanuel Bobovnikoff es un bohemio que la persigue sin descanso. Un día se cuela en su habitación. Ella le rechaza, le dice que se casaría con cualquiera menos con él. En 1989 nace Emmanuel, su primer hijo.

El matrimonio termina pronto. Diez años después Bobovnikoff conoce a una pintora inglesa de familia burguesa. Bove vivirá entre la miseria de su madre y la riqueza de su madrastra que le envía a estudiar a Inglaterra. Su madre vive en un sótano de Versalles mientras él monta a caballo. Pero en sus obras, como en Un Raskólnikov, Bove vuelve siempre a los ambientes en los que transcurre la vida de la madre.

Llega la guerra. Su madre muere de tuberculosis. Su madrastra se arruina. Bove no irá a filas: antes de cumplir los dieciocho se firma el armisticio.  Sus primeras novelas las firma con seudónimo. Son obras baratas que le ayudan a sobrevivir, a completar el magro sueldo de camarero, de friegaplatos, de conductor de tranvías. París es una ciudad cara. Para evitarla se marcha a Viena con su primera esposa. De regreso a París llegará su primera edición.

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Foto: Brassaï

Lejos de la Francia ocupada

Su primera publicación salió por el empuje de su amiga Colette. Se titula Mes amis (Mis amigos) Era 1924. Tuvo éxito y obtuvo el premio Figuière, que en la época tenía más prestigio que el Goncourt.  Le sigue El presentimiento (Pasos perdidos, 2016). En 1942 logra escapar de Francia, ocupada por los nazis. Ese año escribe  Un hombre de talento (Pasos perdidos)

Bove prometerá nunca más publicar en la Francia ocupada.  Se refugia en Argel, donde publica sus últimas novelas: Huida en la noche (Pasos perdidos, 2017) , y La Trampa (Pasos perdidos, 2014), en la que describe el infierno kafkiano de la Francia de Vichy, repleto de cobardes, de colaboracionistas. La Trampa es una de esas obras que demuestran que la resistencia francesa fue más bien una anécdota, elevada después de la guerra a la condición de mito.  En Argel contrajo el paludismo. Murió en 1945, en París. Gide, Beckett, Max Jacob, Colette, elogian su obra. Peter Handke ha sido su traductor al alemán, y le considera un maestro.

Una mirada extraviada y autista

Hermida editores ya publicó en 2017 su novela Armand. Es la historia de un joven que vive  con una mujer rica, mucho mayor que él. Un día se encuentra con su amigo Lucien. Lucien es pobre, como cuando se conocieron.  Armand le invita a su casa, son de nuevo amigos. Un día Armand va a casa de Lucien, conoce a su hermana, intenta besarla. Lucien se lo contará a la amante de su amigo, que le echa de casa. Armand vuelve a la miseria, y desde su pobreza imagina la vida de los otros: “Necesito a veces que me llegue la vista tan lejos como me lo permitan los ojos, de ver hasta dónde llega el aire que respiro. Las penas se vuelven menos grandes. Se confunden poco a poco con las de todos cuantos me rodean. Ya no sufro solo. Pensar que en una de esas casas que se extienden hasta el horizonte vive un hombre que a lo mejor se me parece me resulta reconfortante. El mundo me parece entonces menos lejano y sus alegrías y sus dolores más hondos y más seguidos.”

De su prosa se ha destacado la obsesión por los detalles. “Su mirada es extraña y autista -escribe Ricardo Dudda– Su precisión, su hiperrealismo, su austeridad y su mirada trágica y absurda influyeron a autores de posguerra como Claude Simon, Albert Camus, Samuel Beckett, Nathalie Sarraute, y a autores posteriores como Patrick Modiano, Peter Handke o J. M. Coetzee” Beckett dijo que nadie como Bove “tiene la sensibilidad por el detalle conmovedor”.

Su literatura cayó en el olvido hasta los años setenta. La edición de dos biografías permitió recuperar su obra. En España esta tarea la han desarrollado Pre-Textos, Pasos Perdidos, y Hermida editores.

*Las fotos que ilustran el texto son de Brassaï

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