Estaba yo en el momento feliz de ver el telediario en pijama y zapatillas, cuando me he enterado de que hoy hace veinte años que se abolió el servicio militar. Si, yo veo el telediario, todos los días, si es posible. Antes lo hacía para estar informado, pero últimamente lo veo para ver por dónde nos la quieren colar. Pues eso, que me he enterado que hace veinte años que los españoles no hacen la mili. Yo hice la mili, allá por el pleistoceno medio, en la base aérea de Cuatro Vientos, en Madrid.

Los hijos y la mili

Esto de la mili siempre ha tenido sus detractores, pero he de decir que es muy difícil, entre los que rendimos el servicio militar, encontrar a alguien que no recuerde con cariño esa etapa de su vida. Yo, concretamente, firmaría, como ya he dicho en más de una ocasión, para que mis tres hijos y todos sus compañeros de generación, hicieran la mili. Para la generación del tik tok, sería una lección de vida muy necesaria. Hay quien considera que ese era un tiempo perdido, pero resumir el asunto en términos económicos me parece una simpleza.

Cierto es que hubo generaciones que hicieron de librarse de la mili un arte. Yo conozco a más de uno que se las da de patriota pero, que a la hora de la verdad, movió Roma con Santiago para no hacer el servicio militar. Lícito, pero cobarde e hipócrita, sin duda. Si no querías hacer el servicio militar, siempre existía la posibilidad de la objeción de conciencia, lo cual era más honrado que librarte por la cara y luego ir marcando el paso de la oca. En fin…

Así que el sargento, con una de esas miradas que aparecen en tus pesadillas de por vida, le dijo : “ ¿ Y tú no sabes que por eso te libras ?. ¡ Gilipollas, vete al médico ! “. Supongo que nunca un “ gilipollas “ sonó tan bien como este, al menos, para Javi.

En el lado opuesto, se encuentra mi amigo Javi. Hace muchos más años de los que puedo admitir, a mi amigo Javi le llegó la hora del sorteo que decidiría su destino para hacer el servicio militar. Desgraciadamente, todo hay que decirlo, no tuvo suerte y le tocó en Melilla. No sé si merecidamente, los destinos africanos eran los más temidos por la soldadesca, por su dureza y por la lejanía del destino que, normalmente, no te permitía ir a casa en toda la mili. Si, para algunos eso seguro que era una ventaja, pero no nos desviemos del tema.

La mili en Melilla

Hay que decir que, por muy convencido que estuviera yo de hacer la mili, si me hubiese tocado Melilla me lo habría pensado bastante. Así se lo hice saber a Javi, que aún estaba a tiempo de solicitar la objeción de conciencia. No obstante, decidió, por convencimiento propio y demás cuestiones, que no, que él se iba a Melilla. Así que nos despedimos por una temporada larga.

Pocas semanas después de su partida, un domingo, me encontré con Javi, que paseaba tranquilamente con su novia. Lógicamente, me quedé muy sorprendido y le pregunté que como es que no estaba en Melilla. Hay que decir que Javi ha sido siempre un poco estrábico, pero con un estrabismo moderado, de esos que te cuesta detectar a la primera. Que es bizco, vamos, pero poco. En este punto tengo que decir que, en estos tiempos convulsos que nos toca sobrevivir, a lo mejor decir bizco se considera ofensivo. Si es así, y existe algún colectivo de bizcos que se pueda dar por ofendido, desde aquí pido disculpas.

La mili del bizco

 Así que, según me relató, se encontraba en formación bajo el tórrido sol del norte de África, cuando un sargento, que cuando empiezas la mili viene a ser, al menos, un teniente coronel, se acercó a él y, mirándole fijamente a los ojos, a los dos, de ese modo que te puede helar la sangre, le espetó : “ ¡ Chaval !. Tu eres bizco, ¿ no ? “. A lo que Javi, cuadrándose como el recluta patoso en la chaqueta metálica le respondió “ ¡ Señor, si, señor ! “. Así que el sargento, con una de esas miradas que aparecen en tus pesadillas de por vida, le dijo : “ ¿ Y tú no sabes que por eso te libras ?. ¡ Gilipollas, vete al médico ! “. Supongo que nunca un “ gilipollas “ sonó tan bien como este, al menos, para Javi.

Volviendo a mi servicio militar, yo hice la mili en un bar. Literalmente. En la base de Cuatro Vientos había entonces, con reclutas y todo, unos trescientos militares. No obstante, si no recuerdo mal, contaba con, al menos, cinco bares. En referencia a la idea maliciosa de que a los militares les gusta el bar, he de decir que sí, que les gusta el bar.

 Lo digo claramente porque, para mí, que te guste el bar es, sin duda, una virtud. Desconfío de la gente a la que no le gusta beber alcohol, casi tanto como de la que lleva un peine en el bolsillo o la que conoce de memoria el refranero español. Durante un verano memorable, mi camiseta favorita era una que rezaba “ no necesito divertirme para beber “. El ingenio humano, sin duda, no conoce límites.

Ya lo decía Quique San Francisco, que en paz descanse, en su acertado anuncio de las pasadas navidades. “ ¿ Esto es el cielo ? . Que inhóspito. Ni un puto bar “. La verdad es que esta idea me atormenta desde siempre. Yo llego al cielo y no hay ni un bar, y pido el traslado.

El novio de la muerte

Comprenderán que mi servicio militar fue maravilloso. Bueno, la primera mitad. Luego me hicieron cabo y ahí la cagué. En los bares no había cabos, así que, a hacer fotocopias. Si lo sé, no asciendo.

De cualquier modo, los soldados de reemplazo hacíamos una labor, que aunque en algunos casos fuera nimia, en otros resultaba muy útil a la sociedad, aunque se ignore. Yo, por ejemplo, he colaborado en salidas de helicópteros del SARS en busca de montañeros perdidos en la montaña o barcos desaparecidos que, por fortuna, han acabado bien gracias al buen hacer de los militares. Desde aquí, muchas gracias al ejército español.

Así que no olvidemos que si uno de los logros de esta democracia impostada que nos toca sostener es la abolición del servicio militar, hemos perdido más de lo que hemos ganado, como ha ocurrido en otros tantos supuestos. Las nuevas generaciones vivirán con la carencia de esta experiencia. Así que no se olviden de lo que viene por delante.

Soy el novio de la muerte… del de enfrente “.

Julio Moreno
Julio Moreno

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