Puede decirse que los años de la transición española constituyeron la edad de oro de los cómics en nuestro país. Fueron años de bonanza intelectual y cultural, en los que el cómic alcanzó su cumbre, tanto a nivel de cantidad como de calidad. La historieta nunca ha vuelto a tener tanta influencia en la cultura como durante estos años.

Nos encontramos a mediados de la década de los 70. Durante estos años, la sociedad española está experimentando cambios importantes, haciendo evolucionar a su vez a todos los productos culturales elaborados en ella, hasta que en 1977 se cierra definitivamente una etapa y se inicia una nueva, tanto para los autores como para los lectores. Es la Transición, hoy tan cuestionada.

Los años dorados

El auténtico «boom» del cómic para adultos se produce tras la muerte de Franco. Veníamos de una larga época de hegemonía del cómic infantil, de una constante repetición de fórmulas y estereotipos ya caducados, de un sistema de censura que protege a editores y autores de la competencia extranjera a la vez que los controla y en definitiva, de la inexistencia de un soporte digno y de calidad para publicaciones españolas nuevas medianamente decentes.

Desde 1977 hasta más o menos 1982/83 hay un auténtico aluvión de publicaciones: Tótem, El Jueves, Boomerang, El Víbora, Cimoc, Cómix Internacional, Makoki, Madriz, Rambla…Podemos destacar asimismo las revistas de contenido satírico, como El Papus, que incluso sufrió represalias, como el atentado de 1977 en su redacción: un maletín bomba que estalló en las manos del conserje dejándole totalmente despedazado. Los responsables, la violencia ultraderechista, vinculada a la policía y a las fuerzas de seguridad, cuyo fin era boicotear la recuperación de las libertades. Ni que decir tiene que el hecho fue denunciado sin tapujos en las páginas de El Papus.

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Viñeta de la edición especial de «El Papus» tras el atentado de 1977

Todas estas revistas parten del desencanto; desencanto con la ideología, con la clase política, con la nueva democracia a su entender poco participativa…»No tenemos ideología, no tenemos moral», afirmaba el primer editorial de El Víbora. Sus reseñas periodísticas fueron un ejemplo perfecto de la historia que no se contaba de la transición.

Los nuevos autores-dibujantes

El cómic fue un medio que en aquella época tenía grandes tiradas, pero lo que destaca sobre todo son sus creadores, de imaginación apabullante y corrosiva crítica social hasta tal punto que hoy sería delito en redes sociales. Surgieron en esta época multitud de nuevos dibujantes, que atraídos por el concepto «cómic de autor» escribían también sus propios guiones.

Podemos destacar nombres ligados a la Transición en el cómic como Ceesepe, Pere Joan, Mariscal, Nazario, Scaramuix, Ivá, Horacio Altuna o Daniel Torres, entre muchos otros; y series tan diferentes como Paracuellos, Makinavaja, Cleopatra, Peter Pank, Historias de taberna galáctica, Taxista, Frank Cappa…

El Salón Internacional

Es en esta época cuando se produce un acontecimiento social importante digno de destacar. Se trata de la consolidación de la proyección internacional del cómic español. Eclosiona con la creación de diferentes salones, jornadas y encuentros como el Salón Internacional del Cómic de Barcelona (desde 1981), el de Gijón (desde 1976) o el de Bilbao (desde 1977).

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Imagen general de una de las ediciones más recientes del Salón del Cómic de Barcelona

Mención aparte merece la llegada a España durante los 70 del llamado cómic underground, nacido en Estados Unidos a finales de los 60 de la mano de una serie de fenómenos sociales como las protestas estudiantiles de la época, la defensa de los derechos civiles, la oposición a la guerra de Vietnam, la experimentación con alucinógenos, etc. Su traducción en nuestro país fue la denominada “línea chunga”, inaugurada con fanzines como El Rrollo enmascarado, en 1973 en Barcelona.

El Víbora y Makoki

Piraña divina, Butifarra, Cascorro factory, El carajillo vacilón, fueron algunos de los títulos más emblemáticos del género, que en muchos casos se arriesgaron incluso al secuestro de ejemplares por parte de las autoridades. También El Víbora o Makoki, antes mencionados.

Entre los autores adscritos a este género podemos mencionar a Ceesepe, Mariscal, Nazario o Onliyú. Hasta tal punto fueron importantes estos cómics que uno de los personajes de uno de ellos, Los Garris, Cobi, creado por Mariscal, acabó convirtiéndose en la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

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