viernes, febrero 23, 2024

‘Estética del Polo Norte’: crónica de un viaje al amor primigenio

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Estética del Polo Norte. Michel Onfray. Traducción de Delfín Marcos. Gallo Nero Ediciones

estética del polo norte

Onfray es un filósofo francés nacido en 1959 con una amplísima bibliografía. Debo confesar que ya había leído a Michael Onfray y tenía una buena consideración de él, tanto por la organización del texto, como por sus ideas eruditas y radicales.

Estética del Polo Norte es un libro corto dividido en diez partes con una prosa poético filosófica. El primer capítulo se centra en el mundo de las piedras. El capítulo dos se centra en el frío. Después de una breve descripción de los efectos del frío intenso habla de los efectos del calentamiento global en el ecosistema. En el tercero de los capítulos nos habla sobre el concepto de espacio. El cuarto de los capítulos se refiere a la supervivencia. De cómo una civilización milenaria está a punto de desaparecer. «La etnología contemporánea ha enseñado, al menos a los más lúcidos, que uno nunca podrá formar parte de una civilización de la que no proviene».

Resulta curioso que un pensador claramente epicúreo decida ir a un lugar tan inhóspito como es el Polo Norte, lo cual provoca una serie de comentarios por su parte que van en la línea de lo que uno espera de un epicúreo, y que no hace si no realzar aún más el valor de lo que significa este viaje, y que él, como intelectual utiliza para filosofar y escribir de forma poética, pero lo que es esencial en el libro es el hecho que el autor en este viaje va de la mano del padre, del hombre que jamás salió de su terruño en Normandía.

El siguiente capítulo trata sobre el concepto de repetición. Aquí defiende la idea que las culturas escritas, precisamente por el hecho de poder abandonar en un papel, en una roca, en un pergamino, aquello que se desea sea recordado, no tienen la capacidad de síntesis necesaria para determinar aquello que es esencial en su cultura, cosa que si son capaces de hacer las culturas orales.

En este capítulo vuelve a insistir en la idea de que la civilización esquimal está viviendo los últimos coletazos. El siguiente capítulo es sobre el concepto de rito. Nada que ver con el nombre de una de las casas del pueblo de mi padre, a cuyo jefe de casa o de clan familiar llamaban precisamente el Rito por estar casado con la Rita. «Hoy, el silencio asusta, aterroriza, deja indispuestos a los humanos que, para combatir su angustia, vomitan un torrente de palabras inútiles, saturan la realidad con un rumor continuo formulado en volapük». Aquí nos habla de algo que cada vez se pierde más, sobre todo por parte de las instituciones, que es el respeto por las personas mayores por el simple hecho de serlo.

En este capítulo también se cuenta una anécdota que es muy importante para entender el significado del libro y es que, cuando la persona que les hace de guía, que es un jefe tribal inuit, casi octogenario, conoce la historia que les ha llevado hasta allí, se pone aplaudir, porque nadie mejor que él entiende el simbolismo de ese viaje. Es un viaje de despedida y un viaje de agradecimiento al padre y a todo lo que le transmitió al hijo.

«Por parte de los inuits, no fueron necesarias más aclaraciones ni palabras para explicar que se debe respetar a los ancianos, honrar a los mayores, por su sabiduría, por su larga existencia, por su reducido porvenir». En el siguiente capítulo nos habla de la colonización. Insiste en cómo la cultura occidental está destruyendo la cultura esquimal.

El siguiente capítulo trata sobre el sedentarismo. Y aquí trata sobre otra cuestión específica de los esquimales, junto con el de la cultura oral, que es el de ser una cultura nómada. Hacen del famoso poema de Kavafis su consigna vital, pero lo purifican, van más allá, porque en el poema de Kavafis existe una Ítaca. Aquí, sin embargo, no hay Ítaca, solo hay camino.

En este capítulo el autor nos cuenta una historia terrible. El hecho de que en los años 60 se dio traslado de forma forzosa a los esquimales hacia zonas donde pudieran estar más controlados y se destruyó sus antiguos campamentos. Hechos como estos eran algo por desgracia demasiado habitual no hace mucho. Leía hace poco algo parecido sobre los habitantes de la isla de Diego García, historia sobre la que se acaba de publicar una fantástica novela de Philippe Sands. Nos acercamos al final del libro con el capítulo referenciado al nihilismo. Aquí nos habla de un avión que en 1968 se estrelló en Groenlandia provocando un grave contaminación nuclear.

Aquí también trata del problema del alcoholismo, un alcoholismo salvaje, desmesurado, algo que también afecta a las tribus indígenas de Estados Unidos y que pone de manifiesto como la asimilación produce en los individuos la sensación de encontrarse en tierra de nadie. Quizás sus hijos o sus nietos o sus bisnietos acaben plenamente asimilados, porque es evidente que su cultura ya ha desaparecido. Ellos forman parte de una cultura que ha desaparecido y por eso su conducta es suicida. Son la prueba palpable de algo que ya no existe. Y para acabar, a modo de coda, un pequeñísimo capítulo titulado Serenidad. Finalmente existe un memorando. Se trata de un texto ya publicado en 1992 sobre la figura del padre, un hombre de campo de economía humilde. Podría decirse pues que en su conjunto el libro es una elegía al padre, una elegía si uno quiere un tanto extraña, pero, al fin y al cabo, una elegía.

Un libro precioso.

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