Hay algunos que se creen muy valientes cuando en una manifestación queman nuestra bandera o la foto del jefe de Estado. Es fácil ser valiente en un estado democrático, con una monarquía parlamentaria,  con todas las garantías de libertad de expresión y pensamiento político. Es muy fácil hacer el postureo del rebelde con el silencio, la indiferencia de los que están callados que viven de la equidistancia según el momento y los intereses.

Es esta equidistancia la indiferencia que ha llevado a perder el respeto y el orgullo ante todos nuestros símbolos nacionales, intentado llevarnos a la pérdida de nuestra identidad nacional como españoles. Con todo lo que ello conlleva, bandera, himno nacional, retrato del jefe de Estado, todo ello representan nuestras leyes y nuestra historia.

 
Pero eso no entiendo ni acepto  a los que queman la bandera de mi país, porque están quemando parte de mi persona,  parte de mi hogar. Una bandera no es un trozo de tela,  sus colores y el escudo representan a cada uno de nosotros, a nuestras leyes y a nuestra cultura. De la misma forma, cuando queman el retrato del jefe de Estado, queman el retrato de quien vela por la unión, la igualdad y el cumplimiento de la Constitución que nos ampara a todos. 

Es posible que por ignorancia y desidia algunos no entiendan el valor de la bandera, quizás porque nunca se han encontrado en una situación de peligro, nunca han estado lejos de España. A todos ellos les recomendaría que vieran la película «No sin mi hija». Narra la historia real de una americana, lo que tuvo que sufrir para conseguir escapar con su hija del Irán de Jomeini.  La última escena, cuando termina todo el sufrimiento, cuando llega el final feliz, se centra en una imagen y una frase, la bandera americana que ondea en un edificio y la frase final hemos llegado a casa. 


Una bandera es más que una representación simbólica de nuestro país y de nuestras leyes,  es nuestro hogar. Los que hemos estado en tierras lejanas,  los que han sufrido alguna desgracia o dificultad lejos, conocemos la emoción y la alegría que se sienten cuando ves la bandera de tu país, porque sabes que estas en tu hogar,  te sientes protegido por todo lo que representa.

Por ello no deberíamos tener ningún complejo en mostrar nuestra bandera ni aceptar que los rebeldes del postureo se sientan impunes al quemar nuestra bandera, igual que no aceptamos que un delincuente queme nuestro hogar. Seguramente a los que queman banderas y retratos, los que rompen el orden constitucional,  no les gustaría verse tirados en según qué país en según qué circunstancias, quizás entonces entiendan el valor y la grandeza del hogar que envuelve una bandera.

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