Solos ante el cine. Cuando se apagan las luces y empiezan los sueños. Pedro García Cueto. Photo Club. Anaya

La soledad. Nacemos solos, morimos solos. El gran filósofo Xavier Zubiri afirmaba, ante la muerte, la conciencia de que en los momentos fundamentales de la vida, estamos solos. Hay experiencias que son intransferibles, no se pueden delegar, nos resulta complicado traducir, en palabras, o en imágenes. Hay momentos en la vida, quizá menos trascendentes de los que hemos citado, en los que nos gusta la soledad. Y otros en los que nos encontramos solitarios después de la gloria, al día siguiente de alcanzar el poder, o de conseguir una meta. La condición humana es la de ser seres solitarios. Y este es el tema de fondo de Solos ante el cine, que viene cargado de una sabia erudición cinematográfica.

La soledad. Nacemos solos, morimos solos. El gran filósofo Xavier Zubiri afirmaba, ante la muerte, la conciencia de que en los momentos fundamentales de la vida, estamos solos. Hay experiencias que son intransferibles, no se pueden delegar, nos resulta complicado traducir, en palabras, o en imágenes. Hay momentos en la vida, quizá menos trascendentes de los que hemos citado, en los que nos gusta la soledad. Y otros en los que nos encontramos solitarios después de la gloria, al día siguiente de alcanzar el poder, o de conseguir una meta. La condición humana es la de ser seres solitarios. Y este es el tema de fondo en este libro, que viene cargado de una sabia erudición cinematográfica.
Portada de ‘Solos ante el cine’

En Solos ante en el cine, Pedro García Cueto repasa la carrera de algunos directores de cine que han puesto en imágenes historias de la soledad del ser humano. El desafío de seguir ese hilo y reconstruir las motivaciones detrás de grandes historias del cine está al alcance solo de los grandes críticos. Porque no solo se necesita saber de cine, sino también del contexto en el que se rodaron esas películas, incluso de la filosofía que subyace en los símbolos que se manejan en la pantalla. Hay ejemplos en el libro, en cada página. La obra comienza fuerte, con el análisis de Muerte en Venecia de Luchino Visconti, llena de referencias sobre la atracción fascinante de la belleza, el paso del tiempo, la pasión y sus heridas.

Deseo y belleza

Está después la soledad opresiva que suele retratar el cine negro. El autor se detiene en Deseos humanos, de Fritz Lang “una de las grandes muestras de la soledad de los personajes de Lang, cuyo destino está trazado por la adversidad”, y en Laura, de Otto Preminger, la historia de un policía encargado de investigar en asesinato de Laura Hunt, papel interpretado por Gene Tierney, “una de las mujeres más bellas del cine americano clásico”.

Pero el leit motiv del libro tiene muchas visiones, innumerables versiones:la soledad es una palabra que nos habla del mundo real, de muchos seres anónimos que descubren trágicamente su desubicación vital, de la mirada del hombre a un espacio hostil, de los rincones donde el ser humano mitiga su pena, como puede ser, entre ellos, el cine, la sala donde se proyectan películas”.

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La soledad del hombre corriente en la gran ciudad está en El apartamento, con el genial Jack Lemmon, o en Taxi driver, en el personaje que interpreta Robert de Niro, en el Norman Bates de Psicosis o en el Kane de Ciudadano Kane. O en Toro salvaje: “la película es una radiografía de la soledad de un hombre que vive la angustia de tener las manos pequeñas para boxear, como le dice  a su hermano Joey en una excelente secuencia de la película, cuando le pide que le pegue en la cara; un hombre que vive obsesionado por los celos, creyendo que hasta su hermano se acuesta con su mujer”. El fracaso unido a la soledad.

Solos ante el cine
Una escena de Toro salvaje

Épica y soledad

Pero también está el análisis de la soledad unida a la épica: El puente sobre el río Kwai, o Lawrence de Arabia. Al final de la cinta, cuando es evidente que la unidad árabe es un imposible, “Auda (Anthony Quinn) le pide a Lawrence que vuelva al desierto, pero él sabe que ya nada le espera, ha descubierto su esencia de hombre, su imposibilidad para ser un dios y el fracaso de su misión. La libertad, como la felicidad, es una quimera que el hombre persigue”

Hay un capítulo al final del libro en el que se repasa la obra  de  otros grandes directores, “el mundo onírico” de Luis Buñuel, la poética de El espíritu de la colmena, de Víctor Erice, la melancolía en el cine de Garci, la nostalgia en el de Truffaut, o la soledad en la obra de Antonioni, Bertolucci  y  Orson Welles, en especial en Ciudadano Kane, la historia del magnate que no puede superar  el exilio de su infancia, simbolizada por ese trineo en la nieve.

El resultado de este viaje por el cine con el pretexto de la soledad, es de una profundidad inusitada. El lector no solo aprende técnicas cinematográficas, no solo conoce la razón de símbolos, planos y formas de narrar, sino que asiste a la declinación en imágenes e historias, de la condición radical humana, de la soledad que acompaña a los éxitos y a los fracasos, a las cumbres y a los abismos de la experiencia del hombre. Solos ante el cine es un libro genial, rico y profundo, que nos ayuda a amar mucho más el arte complejo, el “arte compartido” que es el cine.

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