Amazonia es el nuevo trabajo de Sebastiao Salgado. Una forma de celebrar la belleza de la selva tropical más grande del mundo. Una forma de protegerla. Salgado dice que siempre vuelve a la Amazonia para fotografiarla con la única intención de que siga ahí, para siempre. El libro que ha presentado en París, acompañado de una exposición de las obras que reúne el tomo de Taschen, es el resultado de siete años de trabajo, un largo viaje por el bosque tropical. La muestra viajará a Londres y a Roma, también a Rio y a ao Paulo. Como aquella otra llamada Génesis que dio la vuelta al mundo, y que pudimos ver en Madrid. Amazonia es quizá su trabajo más personal, su empresa más reivindicativa, frente a las amenazas contra la supervivencia de la selva.

La belleza frente a la destrucción

Fiel al blanco y negro, a esa textura granulosa de imágenes que causan un gran impacto visual, Salgado retrata la belleza de la Amazonia. No quiere fijar el objetivo de su cámara en la destrucción. Dice que ese trabajo ya lo hacen muy bien los fotoperiodistas. Quizá la estrategia para conseguir un compromiso más sólido con este bosque tropical sea enfatizar la belleza. Y para eso, Salgado es un gran maestro. Así que entrar en la exposición es tener una atalaya para ver los grandes momentos de la selva. De fondo suena una música compuesta por Jean Michel Jarre.

Amazonia

La de Salgado con la Amazonia es una vieja relación. Sus primeros viajes fueron en helicópteros militares. Las fotos aéreas, como esta en la que se ve el momento en que una nube descarga una lluvia torrencial sobre la selva, son sobrecogedoras. Ríos voladores, les llaman, tanto a la lluvia cerrada como a las corrientes de vapor que suben desde la fronda.

«La Amazonia es la prehistoria de la humanidad, el paraíso sobre la Tierra», dice Salgado en la presentación de la muestra parisina. Está claro que se trata de despertar conciencias: «quiero mostrar cosas que el mundo nunca ha visto y que están en este libro. Si no lo conocemos no lo podemos preservar. Esas cosas existen y tenían que ser mostradas. Me organicé para eso, y no es fácil obtener las autorizaciones, algunas tardaron más de un año»

Amazonia
Keiá Yawanawá pinta la espalda de una joven kanamashi en la aldea de Amparo, en el estado de Acre.

Para retratar a los indios, se puso en contacto con la Fundación nacional del Indio, que cuida las comunidades indígenas desde más de sesenta años. En la muestra se pueden ver diez grupo de indígenas. Las imágenes son el resultado de largas temporadas de convivencia con los yanonami, los marubo, los yawanawá. A veces los retrata en la jungla, otras en un estudio improvisado en medio de una aldea. Salgado dice que no les reclama posar, deben ser ellos los que busquen al fotógrafo.

Amazonia

La muestra de París está compuesta por 200 fotografías, organizadas por Lélia Wanick Salgado, la esposa de Sebastiao. La música de Jarre armoniza bien con una selva que el espectador sabe llena de ruidos. El músico ha incorporado el sonido de la selva en su composición, también algunas voces de indígenas. Jarre dice que «la exposición podría haber sido fruto de un documentalista, pero es el trabajo de un artista. Salgado nos invita a un paseo místico, que es lo que necesitamos ahora que empezamos a salir de esta pandemia».

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