viernes, febrero 23, 2024

‘Cambiar: Método’. De la desigualdad por clase y condición sexual

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Cambiar: método. Édouard Louis. Més Llibres. Traducción: Jordi Martín Lloret.

El libro ‘Cambiar: método’ sigue la estela de los cuatro libros anteriores de Louis, un escritor francés con gran éxito internacional que empezó a publicar muy joven. Una novela que, como todas las anteriores, se basa en sus experiencias personales.

Cambiar Método

Louis es un escritor que no solamente describe los hechos, selecciona muy específicamente los hechos, sino que los juzga de forma precisa y profunda, algo que muchas veces se encuentra a faltar cuando se trata de analizar la propia vida. Siempre es más fácil ser tajante cuando se trata de analizar la vida de los demás. Me permitiría decir que el libro de Louis tiene algo de bernhardiano en su análisis cruel, falto de piedad, de uno mismo, pero también de las personas a las que más ama.

Un escritor de gran talla, muy interesante y con un estilo propio y peculiar. Esta capacidad para ir alternando el análisis psicológico y sociológico de sus propias vivencias con ir hilvanando historias. Lo uno funciona como una muestra de inteligencia y reflexión y lo otro como un elemento que nos induce a seguir leyendo motivados por la curiosidad.

Un libro que se caracteriza por no saltarse ningún aspecto de su vida personal e íntima, un libro que trata sobre una parte de la sociedad que no queremos ver: la de los pobres que han estado siempre aquí, en un país desarrollado, no los nuevos pobres que vienen de África o de Sudamérica, hombres que por generaciones han sido siempre pasto de los poderosos.

Este libro pretende ser la historia del proceso de huida, de cambio, del protagonista frente a una realidad en la que no se siente a gusto y que sabe que lo va a destruir. Un camino que se demuestra mucho más difícil de lo que inicialmente hubiera podido pensar porque no se trata solamente de luchar contra lo económico sino también contra lo social. Lo primero, de algún modo, es lo que consigue en primer lugar, pero lo segundo requiere de un esfuerzo mayor.

En este sentido el libro está lleno de frases para subrayar relacionadas con el crecimiento personal o el autoanálisis, como por ejemplo cuando dice: «Haz ver lo que no eres hasta serlo», y que no deja de ser el paso 1 de su método de cambio. Se trata de imitar a otros para alejarse de lo que uno es y de un pasado, de una familia, de que lo estaba matando. Y ello es curioso, porque, un escritor que es manifiestamente tan moderno, parece defender, de hecho defiende, las obsoletas y denigradas tesis fisiognomistas, es decir, que, de algún modo, nuestro aspecto exterior, nuestro modo de comportarnos, refleja nuestro mundo interior, quiénes somos. De ahí que luche por transformar ese mundo exterior para convertirse en otra persona distinta de la que es: una persona rechazada.  Pero los cambios a abordar son numerosos y difíciles: la forma de hablar, la forma de vocalizar las vocales, las consonantes, el vocabulario que uno utiliza, las películas y los libros que uno lee y lo que dice sobre ellos, la forma de comer, la forma de reír, la forma de vestir, los antecedentes familiares tienen que cambiarse, … Es un proceso extraordinariamente complicado en el cual, en la fase de transición, no se sabe muy bien que es peor: si ser natural o mostrar esa impostura propia de la adolescencia. En este sentido, Louis describe con gran verosimilitud la intensidad de los sentimientos en la adolescencia: por ejemplo, cuando va a buscar su primer trabajo como acomodador en el teatro de Amiens.

En la descripción de su transformación, de su voluntad de parecerse a otros, de practicar el ser otro para transformarse, en la explicación de sus motivaciones, que muchas veces se visualizan a través del espejo que es el otro, parece dar validez a las teorías de Giraud sobre la envidia mimética y, en este caso, además, con una fuerza absolutamente extraordinaria para llegar a ser lo que acabará siendo. Todos cambiamos con el paso del tiempo y eso es algo que en las primeras etapas de la vida es fundamentalmente a través de una educación reglada y obligatoria para todos los ciudadanos, pero en el caso del autor, este es muy consciente de esta necesidad y por ello quiere cambiar, cambiarlo todo, continuamente. No quiere dejar que sea el tiempo el que lo cambie, si no tomar las riendas de su destino.

Dicen que lo que no nos mata nos hace más fuertes y, realmente, en la historia de Édouard Louis hay algo de cierto, en la medida en que sin toda esa rabia que llevaba dentro, derivada fundamentalmente de una homosexualidad no aceptada por su entorno, no hubiese sido posible su transformación, una transformación que le llevó a ser un escritor reconocido internacionalmente. En realidad, la cuestión de la homosexualidad es anecdótica, pero es fundamental porque es de donde nace la rabia. Desde la comodidad y desde la burguesía no es posible crear un personaje como el de Édouard Louis.

Podría pensarse y así lo afirma el propio autor en el libro que esta infancia derrotada, humillada, es una fuente de energía inagotable, casi podría afirmarse que es una suerte, pero, realmente, la mayoría de personas, en una situación así, sucumben. Es aquello de que lo que no te destruye te hace más fuerte, pero, sin duda alguna, hay cientos y miles de escritores a quienes les van muy bien las cosas y no han tenido una infancia desgraciada. Y si hay uno que sí, que tiene la infancia desgraciada, el dolor no es el camino. Cortarse una pierna no es el mejor modo para ganar los 100 metros lisos.

Leyendo a Louis uno percibe que las personas que en la infancia y en la adolescencia son rechazadas por el grupo, por los otros, desarrollan una actitud de sobrerepresentación, sobreactúan continuamente para llamar la atención. Porque esa voluntad de ser queridos que se les niega y que se ofrece a todo el mundo en menor o mayor medida menos a ellos los impulsa a la sobreactuación. Sin embargo, el histrionismo, la sobrerepresentación, lo que produce en el interlocutor, en el oyente, es una sensación de cansancio, de fastidio.

Lo que sí que es cierto y es algo de lo que se da cuenta el narrador, que lo explicita en el libro indicando que estas mismas experiencias que cuenta, alguna de ellas, ya las ha contado otras veces, es que las cosas se pueden contar de muchas maneras. Así, por ejemplo, narra la historia de cuando deja de acudir los fines de semana a casa, cuando está estudiando en el instituto, a raíz de una pelea con agresión física con su madre. Esta historia es contada de manera ambivalente por parte de él, culpando a las dos partes un poco, y de una forma que te hace comprender la profundidad del dolor que padecen los dos personajes. Pero se podía haber contado de otras muchas maneras. Podía haber culpabilizado totalmente a la madre o podía haber optado por no contar esta historia. Es decir, el punto de vista del narrador es muy importante a la hora de cómo percibimos una historia. Y eso recuerda un poco a ‘Los ejercicios de estilo’ de Queneau, y, de hecho, hay algo en la novela que te hace pensar en ellos, a través de las formas estilísticas que utiliza, como cuenta los hechos desde distintas perspectivas.

El libro está lleno de consideraciones interesantes, como por ejemplo el hecho que la geografía, el espacio, delimita la personalidad del grupo, de los seres humanos, de modo que no es lo mismo vivir en una ciudad, que en un pequeño pueblo, o en la capital, que en una ciudad que no es capital.

Hay una frase muy interesante en el libro cuando dice: «la ingenuidad es una condición de la huida», a lo que añadiría que la ignorancia es un paso necesario para avanzar en el conocimiento. Es desde el atrevimiento que da la ignorancia que se avanza. Con 17 años uno no sabe nada, no tiene nada que decir, interesante por escribir y, sin embargo, al final resulta que sí que tiene algo interesante que escribir.

También explica el proceso lector. Como en ocasiones nos resulta difícil o directamente imposible entrar en un determinado libro por sus características técnicas, no porque no nos gusta. Como nos decimos a nosotros mismos que un día leeremos ese libro. A veces ocurre, otras no. Grandes verdades como cuando dice que«un libro lleva a otro libro» en una cadena infinita.

Un libro que es una historia, pero sobre todo es un conjunto de reflexiones excelentes. En este sentido es un libro que reflexiona sobre la homosexualidad, sobre la paternidad, la maternidad, las relaciones de amistad, el rechazo, la voluntad de transformación, la rabia, el dolor, el triunfo, la ambición, la imagen que damos a los demás y la imagen auto proyectada que tenemos de nosotros mismos.

En el epílogo del libro dice algo que parece de brujería: si uno piensa en su futuro, este acaba por materializarse. Esto no es necesariamente así, pero sí que es una condición. Si quieres que algo suceda tienes que pensar en ello, planificar, dar pasos. Si quieres crear una nueva teoría científica, primero tendrás que imaginarla, luego ya la demostrarás, pero no va a surgir de la nada.

Y, para terminar, resaltar lo que el narrador dice hacia el final del libro: «lo que encuentro a faltar es el presente» porque realmente la felicidad es tener la capacidad de retener el instante.

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