Un especial dedicado a la figura de la gran cantante de boleros y rancheras mexicanas, quien descendió a los infiernos del alcoholismo para levantarse gracias a la canción y quiso demostrarle a la vida, que quedaba mujer para rato.

Un 17 de abril del año 1919 llegaba a este mundo María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, en el seno de una humilde familia costarricense. El tiempo la terminaría situando en el panorama mundial bajo el nombre de “Chavela Vargas”.  De padres divorciados, vivió su infancia bajo la batuta de sus tíos y con una enfermedad que afecta al sistema nervioso infantil conocida como Polio. Con 14 años empezó a cantar por su ciudad, San Joaquín de Flores (Costa Rica) empezando a sembrar la disconforme semilla que le llevó a grabar más de 40 discos a lo largo de su vida. Su estilo era impetuoso, desolado y a la vez respetuoso para el público. Aunque a la corta edad de 17 años, en plenos años 50 del siglo pasado, decidió emigrar a México y nacionalizarse como tal.

Ambición y carácter

Chavela Vargas estaba enfadada con su tierra natal por no saber valorar su talento. Chavela era todo ambición y carácter. Allí en tierras mexicanas se ganó la vida como criada y después montando una agencia de las mismas, donde se encargaba de dejar a cada una de las chicas en sus respectivos lugares de trabajo con el coche. Vivía en una azotea y no dejaba de lado ni el tequila, ni el cante. Cenar tequila era una más que confortable medicina para la joven artista. Se hizo famosa con una canción rebelde basada en un término adoptado del siglo XVI llamado “Macorina” y que hablaba sobre la primera mujer chófer que hubo en La Habana.  El poeta asturiano Alfonso Camín, compuso un poema al que Chavela puso voz que cayó de pie entre la multitud que habitaba en las cantinas.

Realmente se hace muy complicado elegir temas de la cantante conocida como “La Chamana” por su vestimenta con amplios ponchos. También fue conocida como “La Dama del Poncho Rojo” o “La Vargas”. Contaba que debajo de ese poncho siempre llevaba una pistola, porque “hacía bonito”.  Su vida fue complicada debido al alcoholismo que le retiró del mundo de la canción durante 12 años. Se sumergió en un mundo de excesos y desafío a las reglas con armas, secuestros y coches. Su hermano contaba que llegó a ingerir a lo largo de su vida hasta 40.000 litros de alcohol.

La llorona

Cayó y logró resucitar gracias a su gran pasión por la canción. Fue amiga del poeta y compositor mexicano, Agustín Lara. Se erigió como musa del escritor Juan Rulfo, y convivió con los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo. Nunca ocultó, ni presumió de su condición sexual, aunque en el año 2000 en una televisión colombiana reconoció ser lesbiana . Una mujer de complexión pequeña pero con mucho que trasmitir, por eso si he de quedarme con uno de sus apodos más llamativos es el de “La Llorona”, gracias a su forma de cantar y al nombre de uno de sus grandes temas.

Con ese pelo plateado tan característico y sus amarguras que dejaban de parecer amargas, llegó a vivir hasta 93 años. Se retiró en el año 2006 dado que no quería perder la voz y que el público fuese a verla simplemente por ser una simpática viejecita. Una mujer que cantó por los grandes escenarios del planeta y dio más de 1000 conciertos en lugares como Nueva York, París o México, y que fue galardonada como “ciudadana distinguida” de Ciudad de México en el año 2009 por su 90 aniversario.

El último trago

A finales de los años 80, cantaba en la ciudad azteca de Coyoacán en el teatro-Bar “El Habito”. Allí un editor de libros, que se convirtió en su gran amigo y rescatador, Manolo Arroyo, decidió llevarla a España. Fue su mejor decisión, la sociedad española acabó amándola, y ella hizo lo mismo con la tierra europea. En su búsqueda siempre por el último trago de la botella, para después acabar con un beso, conoció al director de cine Pedro Almodóvar, y éste consiguió que Chavela participase en su película “La flor de mi secreto” (1995) actuando y poniendo voz a la Banda sonora del largometraje con su canción “El último trago.

En España Chavela Vargas fue galardonada con la Gran Cruz de Isabel la Católica por el Consejo de Ministros en el año 2000, y también recibió de la mano de su amigo Pedro Almodóvar el Premio Latino de Honor. Ella siempre se sintió agradecida y abierta de brazos a este país. Cantó con gente como Ana Belén o Miguel Bosé, y sintieron admiración mutua con uno de los grandes poetas de la canción española como es Joaquín Sabina. El maestro le compuso un tema a la cantante mexicana llamado “Por el bulevar de los sueños rotos” en el año 1994, donde contaba lo que era la figura de Chavela Vargas. Una delicia que deja versos como este:

En el bulevar de los sueños rotos
Vive una dama de poncho rojo,
Pelo de plata y carne morena
Mestiza ardiente de lengua libre,
Gata valiente de piel de tigre
Con voz de rayo de luna llena

Por el bulevar de los sueños rotos
Pasan de largo los terremotos
Y hay un tequila por cada duda
Cuando Agustín se sienta al piano
Diego Rivera lápiz en mano,
Dibuja a Frida Kahlo desnuda

Se escapó de una cárcel de amor,
De un delirio de alcohol,
De mil noches en vela
Se dejó el corazón en Madrid
Quien supiera reí­r
Como llora Chavela!

Por el bulevar de los sueños rotos
Desconsolados van los devotos
De San Antonio pidiendo besos,
Ponme la mano aquí, Macorina
Rezan tus fieles por las cantinas,
Paloma Negra de los excesos

Por el bulevar de los sueños rotos
Moja una lagrima antiguas fotos
Y una canción se burla del miedo
Las amarguras no son amargas
Cuando las canta Chavela Vargas
Y las escribe un tal José Alfredo

Las amarguras no son amargas
Cuando las canta Chavela Vargas
Y las escribe un tal José Alfredo

“Por el Bulevar de los sueños rotos”, Joaquín Sabina (1994)

Aunque aquí os quiero dejar un tema que cantan los dos juntos que se llama “Nosotros” que habla de ese amor a distancia. Un tema recogido desde la profundidad de dos personas que se admiran.

Una cantante de rancheras y boleros que se alejó del ambiente festivo de los mariachis y quiso mostrar al mundo su otra cara, la del corazón y el desconsuelo. Mala suerte fue que nos dejase aquel  5 de agosto del año 2012. Una voz que se levantó de una vida marcada por los excesos y que fue admirada por los rincones por donde pisaba allá donde fuese.

Como el chile verde

Chavela Vargas fue una mujer valiente, inquieta y diferente, que imponía tanto en los escenarios que nadie se atrevía a toserle. Las cantinas respiraban desconsuelo y desamor, pero también pasión y fuego por conseguir lo que quería. Siempre dispuesta a coger el último trago de una botella de tequila, y volar como una paloma negra. Se identificaba con el chile verde, que es picante pero sabroso. Todo ello esperando que el corazón ajeno no le fallase. Os dejo esta despedida. Mi favorita.

2 Comentarios

  1. Ay, la gran Chavela Vargas. Grande entre las grandes. Y frases como «la música no tiene fronteras, pero sí un final común: el amor y la rebeldía» son algunas de las perlas que mejor definen a ese arte que a ella tanto le gustaba, la música. ¡Buen artículo, Álex!

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