Poemas de Dios y del diablo. José Régio. Edición bilingüe de Pablo Javier Pérez López. Hermida editores

Entre Dios y del diablo. Sin prescindir de ninguno de los dos. Régio es uno de los tres grandes poetas de la literatura portuguesa del siglo XX. Impulsor del segundo modernismo portugués, Régio fundó en Coimbra en 1927 la revista Presença. Su primer manifiesto literario dio el nombre de presencismo al movimiento literario que le siguió. ¿Qué buscaba el presencismo? Para Régio, la literatura debe buscar lo que el escritor tienen de más íntimo y humano. Pero lejos de quedarse en la experiencia concreta, debe encontrar los rasgos comunes que le unen con el resto de la humanidad. Un mirar dentro para hallar la esencia humana. Los Poemas de Dios y del diablo, su primer libro, publicado en 1925, dos años antes de ese manifiesto, son un traducción poética certera de aquellas ideas.

De Cioran a Unamuno

José Régio

Con esas premisas, no es extraño que el traductor de estos Poemas de Dios y del diablo de José Régio, evoque en el prólogo las figuras de Cioran y de Unamuno. El primero porque Régio se asoma en muchos poemas al abismo. Siente la proximidad sufriente de Cristo, pero reconoce en su naturaleza, la humana, la obra del diabólico y su presencia constante. En ese «chapotear en lo incurable» de nuestra esencia de ángeles también caídos, que deben elegir entre lo divino y lo diabólico.

El propio Cioran recordaba aquella leyenda según la cual, los humanos provienen de una legión de ángeles que en el enfrentamiento entre Lucifer y Dios dudaron qué bando elegir. La vida nuestra sería tan solo un castigo, una oportunidad para decidir en qué formación combatir. El recurso o la conexión con Unamuno es evidente para cualquier lector de ambos. Tenían mucho en común, a pesar de que nunca supieron uno del otro, que nos conste. El mismo sentimiento trágico de la vida circula por la obra de ambos.

La encrucijada

Régio contempla el abismo como un lugar de autoconocimiento, como un Narciso que se asoma al pozo «por dentro de mí yo quiero verme. Temblaba, en dos doblado sobre mi propio pozo», en busca de su yo más profundo y salvaje: «pues yo vivo a la espera de esa noche extraña. ¡Noche de amor en que me goce y me tenga, …. Allá en el fondo del pozo en que reflejo!» El poeta recurre con frecuencia al autoconocimiento como forma de revelar las mentiras de la ficción personal, como en El diario: «así descubrí el modo de ejercer, continuando entre vosotros, sin máscara, todas las facultades de mi ser: infamias y virtudes que no oso revelar…»

En el centro de estos poemas, está Cántico Negro. Un poema como este justifica por si sólo la edición de Régio, vertido por primera vez al español. Es un poema colosal, una cumbre, y demuestra que Régio no solo se limita a anotar ese duelo telúrico entre lo divino y lo diabólico, sino que es capaz de sublimarlo en toda una bandera, en una fórmula vital, de aire romántico y existencial: «¡»Ven por aquí» – me dicen algunos con ojos tiernos, abriéndome los brazos, convencidos de que estaría bien que los escuchase cuando me dicen: «Ven por aquí»!» Pero el poeta se cruza de brazos y nunca va hacia allí: «Prefiero resbalar en los callejones embarrados, arremolinarme entre los vientos como harapo, arrastrar los pies sangriendos a ir hacia allí…» El poeta rechaza la patria, los techos que le ofrecen, las reglas, los tratados, la filosofía: «¡Yo tengo mi locura! ¡La levanto como una antorcha que arde en la noche oscura, y siento espuma, y sangre y cánticos en los labios!»

La luz y las tinieblas

La vida individual como un vendaval desatado, el individuo como un lugar donde viven «cientos de locos en este hospicio», en La jaula y las fieras, que termina con una invitación a dejar sueltas todas esas fuerzas salvajes: «Oh, cuerpo mío, mi hospicio de alienados, ¡Ábrete a mis deseos enjaulados, déjalos despedazar toda mi vida!» En cada poema de Régio hay una lucidez radical, la verdad de la luz, pero también la de las tinieblas.

Para Régio, el humano es un ser que contiene en sí mismo un lado terrenal y un lado espiritual. Es, en esencia, una división entre un polo que ejerce fuerza hacia la separación y la individuación y otro que tira hacia la unidad absoluta En Jacob y el ángel, el personaje del ángel tonto resume perfectamente esta dualidad cuando, dirigiéndose a la Reina, dice: «La vida de cada persona es un desierto inalcanzable para los otros desiertos. El Espíritu es lo que acompaña a todos. ¿No es el mismo cielo que pende sobre todos los desiertos?» 

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