Era una mujer culta, bella, divertida, fresca. Sus compañeros de colegio la adoraban. Era la chica de la que todos estaban enamorados, según su biógrafo, el periodista Peter Weyden. Pero llegó el nazismo y se convirtió en el “veneno rubio”. Stella Goldschlag se convirtió en una delatora. La mujer que identificaba judíos para la Gestapo. Su vida se ha convertido en una novela. Ha sido un superventas en Alemania. Pero la crítica la califica de ultraje, de insulto, de ofensa real, por presentar “una historia nazi para tontos”. Lo cierto es que Takis Würger, que es el autor de Stella, se basa en el trabajo de Weyden para construir una historia sentimental, un triángulo amoroso que disuelve el horror nazi en el azúcar de bailes, noches de amor, y melaza. Ahora Stella llega a España, publicada por Salamandra

La Stella de Würger

Takis Würger es escritor y periodista, y escribe en el semanario alemán Der Spiegel. Würger es el autor de Stella este superventas que rescata la historia de Stella Goldschlag, un personaje tan bello como siniestro. Stella se convirtió en colaboradora de la Gestapo. Conocía los lugares donde se reunían los judíos, los ambientes que frecuentaban. Stella les citaba con promesas, les esperaba en el metro, en la esquina de una calle. Aguardaba a que abandonaran por una urgencia su vida semiclandestina, y les delataba. El resto de la historia de esos judíos, ustedes ya la conocen.

Stella Goldschlag se avino a ejercer ese papel letal después de pasar por el salón de las torturas de la Gestapo. La policía nazi le amenazó con matar a sus padres. Lo cierto es que a pesar de la colaboración de su hija, los padres fueron enviados a Auschwitz, donde fueron asesinados. En Auschwitz también terminó su primer marido, el músico Manfred Kübler y sus suegros. Pero Stella continuó con su labor. Se calcula que entregó a los nazis a más de trescientos judíos. Muchos de ellos eran conocidos de su propia familia. Entre ellos había una compañera de escuela.

Stella, Würger y su deuda con Wyden

Terminada la guerra,  la bella y carismática Stella pasó por tres procesos judiciales. Un tribunal militar soviético la condenó en 1946 a diez años de trabajos forzados. Stella se convirtió al cristianismo y al antisemitismo. En 1994 se quitó la vida. Saltó de la ventana de su apartamento en Friburgo. Tenía 72 años. El primero que indagó en su historia hasta  construir una detallada  biografía fue  Peter Wyden, que había sido compañero de instituto de Stella. Wyden había conseguido huir del nazismo junto con sus padres. Wyden tenía 13  años cuando emigraron a los Estados Unidos. Regresó a Alemania como soldado en 1945. En Berlín se  enteró de que la bella Stella se había dedicado a delatar a los judíos. Entrevistó a 150 personas, entre ellas a la propia Goldschlag.

Después de la guerra  Stella  se quiso hacer pasar por víctima del nazismo, pero fueron judíos de Berlín los que la identificaron y permitieron su detención. Stella se casó cinco veces. Tuvo una hija, Yvonne Meissl, que terminó emigrando a Israel después de repudiar a su madre. La novela de Würger se basa en el trabajo de Wyden, que después de entrevistarse con Stella confesó:  “Me sentí sucio por sus palabras (…). Haber compartido la misma clase con Stella se convirtió en algo embarazoso, como haber tenido una cena alegre con un violador”. De la historia de Stella se llegó a hacer incluso un musical, como pueden comprobar en este video.

Crítica despiadada

La crítica en Alemania ha sido despiadada con esta novela de Würger. Sobre todo por recurrir a un narrador al que se describe como un joven suizo que llega a Berlín en 1942. Friedrich es hijo de una familia acomodada y solo se preocupa de viajar y de vivir. Se enamora de Stella y se rodea de amigos de las SS. Es rico y desinhibido. La crítica acusa a Würger de haber querido montar una especie de triángulo de amores a lo Jules et Jim de François Truffaut. Lo que más reprochan al autor es su tratamiento neutral del personaje.

Jan Süselbeck, profesor en la Universidad de Calgary, en Canadá, escribía en el semanario Die Zeit una crítica según la cual Würger había escrito “una abominación” con “estilo de literatura infantil”. En  Süddeutsche Zeitung, el crítico literario Fabian Wolff titulaba:  “Un ultraje, un insulto y una ofensa real”. Julika Griem, directora del Instituto para Humanidades de Essen), llegaba a decir en la radio pública Deutschlandfunk que el volumen de Würger era “deprimentemente malo”. Se le reprocha también haber caído en una representación kitsch del nazismo. El Frankfurter Allgemeine Zeitung se llegó a preguntar, ¿qué es esta historia de nazis para tontos? Nada de esto ha impedido que sea un superventas.

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