La campana de cristal. Sylvia Plath. Random House y Mary Ventura y el noveno reino. Random House

Una nueva edición de La campana de cristal y la publicación de un relato inédito nos devuelve a la actualidad a una mujer que ha marcado la literatura con una obra de tono autodestructivo, con el relato de una voz que no encuentra sentido a la existencia.

Sylvia Plath escribió una única novela, La campaña de cristal, y la publicó un mes antes de morir, en un suicidio a una edad temprana, que la convirtió en una leyenda. Su muerte marcó el sentido de su obra, quizá como ninguna muerte ha marcado la interpretación de la huella literaria de ningún otro escritos. A Sylvia Plath se la ha leído siempre a la luz de su final. Convertida en leyenda, su alma pasó a ser de dominio público. Algo que molestó siempre mucho a su ex marido, Ted Hughes, a quien se señaló como culpable por haber abandonado a Plath. Sus dos obras fundamentales son Ariel, editada hace ya unos cuantos años por Hiperion, y la novela que nos sirve de pretexto para volver sobre su legado. Es un tema actual, no solo por la reedición de sus obras sino porque como señalan algunos expertos en la obra de Plath, se trata de una escritora que escribió para ser leída por lectores futuros.

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La campana de cristal
La campana de cristal

Plath creció marcada por otra muerte, la de su padre, un hombre aficionado a la apicultura que falleció cuando su hija tenía ocho años. El padre vuelve siempre a la poesía de Plath, representado en todo aquello que está relacionado con las abejas. La campana de cristal fue publicada por primera vez en 1963, en el Reino Unido, y firmada con el seudónimo «Victoria Lucas». Habría que esperar a 1967, cuatro años después de su muerte, para que saliera con el nombre real de la autora. Novela que roza la autobiografía, con nombres y lugares cambiados, es un descenso a los laberintos de la enfermedad mental, las crisis bipolares, y los abismos de la depresión. Es el relato de una vida en observación.

Estamos ante un clásico de la literatura universal, algo más que un icono del feminismo. Plath vivió su corta vida obsesionada con romper con los papeles asignados a la mujer. Siempre se mostró contraria al corsé que su madre asumió como viuda y madre. En sus años en la Universidad de Smith, ese ambiente privado solo para chicas que evoca en La campana de cristal, le escribe a un amigo en estos términos: «Líbreme de cocinar tres veces al día, líbreme de la inexorable jaula de la rutina y la costumbre. Amo la libertad y deploro las restricciones y las limitaciones. Yo soy yo y soy poderosa».

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La obra de Plath no es de lectura fácil. Su escritura salta de un extremo a otro, es cambiante, de una intensa plasticidad, creativa, y con una forma de colocar los adjetivos sorprendente, por la capacidad que tiene de percibir y expresar impresiones que se reciben por los cinco sentidos.

Literatura y enfermedad mental

La obra de Plath ha servido también para analizar la relación entre la creatividad y la enfermedad mental. El psicólogo James Kaufman afirma que los poetas son más susceptibles de padecer enfermedades mentales que otro tipo de escritores. Si esos poetas son mujeres, las posibilidades son mayores. Kaufman se basa en un trabajo de investigación que ha analizado la vida y la obra de más de mil quinientos escritores. Y el psicólogo denominó a esa correlación como el «efecto Sylvia Plath».

Plath dejó una hija, Frieda Hughes, que con el tiempo se hizo poeta. En alguna de sus obras se queja de que su madre se haya convertido en un souvenir. En Mother escribe contra la película que protagonizó Gwyneth Paltrow. «Se les ha ocurrido hacer una película para aquellos incapaces de imaginar su cuerpo, su cabeza en el horno, y luego la rebobinarán para verla morir, una y otra vez».

Esta nueva visita a la obra de Plath lleva la firma de la traductora Eugenia Vázquez Nacarino, conocida entre los lectores de los cuentos de Lucia Berlin, porque es su traductora al español. Tanto en el caso de Berlin como de Plath, Vázquez Nacarino consigue una voz que concuerda y vibra en los mismos tonos que aquellas autoras. Algo más que una traducción, la lectora, en este caso, tiene la impresión de que se ha recreado una voz con el mismo color, intensidad y notas, que la original.

Mary Ventura y el noveno reino es una pieza más para recomponer el inmenso puzzle de una vida breve. Mary es una joven que tiene que hacer un viaje en tren, obligada por sus padres. El relato tiene un tono onírico, para entrar pronto en un ambiente de pesadilla. Plath escribió este relato en los años cincuenta, y ya se atisban en tan corto relato los primeros cantos de sirena de la muerte y las brazadas para resistir a la depresión: los temas que luego serán la constante de su obra.

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