‘Birth of the Cool’ fue primero el título de un álbum que Miles Davis publicó en 1959. Un álbum mítico. Y ahora sirve como título a un documental sobre su vida. Tomando fragmentos y citas de la autobiografía de Miles Davis, Birth of the Cool‘ ofrece una profunda reflexión sobre la obra del músico y trompetista, su carrera en busca de un sonido nuevo, sus éxitos y sus caídas. Se estrena en Netflix. También disponible en DVD y Blu Ray, y edición para coleccionistas con fotos y grabación en DVD del concierto de Montreux en 1985.

Un personaje complejo

Son 112 minutos de brillante documental. Primero porque Stanley Nelson es un director de documentales serio y profundo. Segundo porque ha exprimido la vida y la obra de Miles Davis hasta la última gota. Sus cumbres y sus miserias, sus ascensos y sus profundos abismos. Reúne testimonios imprescindibles para separar la realidad de la leyenda, y emerge un Davis real, contradictorio, un retrato rico, lleno de matices y de relieves. Complejo, como compleja era la personalidad de uno de los músicos más importantes del siglo XX.

Miles Davis nació en Illinois. No vino al mundo en una familia pobre sino más bien acomodada. Los problemas en casa no eran de dinero sino de sentimientos. En las continuas broncas de sus padres, el pequeño Miles se escapaba al parque para escuchar cantar a los pájaros. Buena parte de la voz en off de este documental proviene de textos entresacados de la biografía que Davis escribió con la ayuda de Quincy Troupe. El único defecto que le encontramos al documental es precisamente un apoyo excesivo en ese texto, lo que hace que pierda objetividad a la hora de narra la vida de un personaje tan complejo.

Testimonios relevantes

El documental está producido por la televisión pública norteamericana, la PBS, para su serie American Masters. La gran aportación del documental es la variedad de personajes entrevistados por Nelson. Muchos de ellos conocieron a Davis, y algunos tuvieron un acercamiento muy íntimo a su persona como para aportar detalles reveladores sobre su biografía. Entre ellos, músicos con los que tocó, como el saxofonista Jimmy Heath, el percusionista Jimmy Cobb, y tres supervivientes del gran quinteto formado en los sesenta por Davis: Wayne Shorter, Herbie Hancock y Ron Carter. Tampoco falta el compositor Gil Evans, y algunos amigos de la infancia que ayudan a recomponer esa etapa crucial de su vida.

Las entrevistas abarcan todas las épocas de la vida de Davis. Destacamos las de Juliette Gréco, de la que se enamoró en el París de los años inmediatos al final de la Segunda Guerra mundial. Gréco le introdujo en los ambientes intelectuales de la época. A París volvería Davis años más tarde, para componer la banda sonora de Ascensor al cadalso, de Louis Malle. La compuso de forma improvisada. Improvisó a la trompeta mientras veía la película.

Ángel y demonio

Sus mujeres, sus hijos, sus agentes, sus productores, son las voces que van armando el puzle de la biografía. Componen el retrato de un ser contradictorio, capaz de crear una música de una belleza elegante y sutil, que en la vida cotidiana podía convertirse en un demonio de celos, violencia y arrogancia. Sus infiernos estaban siempre acompañados de drogas y alcohol, que le ayudaban a soportar los dolores de un cuerpo que le dio largos periodos de abatimiento.

El trabajo de Nelson establece algunos elementos fundamentales para comprender al personaje y su forma de entender el mundo del jazz. Mucho material de archivo, además de entrevistas con algunos amigos cercanos, como el también músico Quincy Jones, permiten ilustrar la mentalidad de un hombre intenso y contradictorio en busca de un sueño: crear una nueva forma de expresión. Algo que logró y que sigue influyendo en la música muchos años después de su muerte.

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