Cartas de amor a Jenny Colon. Gérard de Nerval. Posfacio de Juan Eduardo Cirlot. Wunderkammer

Las Cartas de amor a Jenny Colon nos sirven para hablar de Gérard de Nerval y de WunderKammer, esta editorial romántica, producto de la pasión lectora y escritora de Elisabet Riera. Desde un rincón de Gerona, y después de hacer un master de edición, Riera se ha dedicado a amueblar una habitación, una cámara de las maravillas, con obras escogidas, que están en los márgenes de la creación de grandes escritores. Así, comenzó por Lo que dicen las mesas parlantes de Victor Hugo. Unas sesiones de espiritismo en la aburrida isla de Jersey dictaron a Hugo desde el más allá unas conversaciones con las almas de Platón, de Shakespeare, con Jesucristo o con la Muerte. Un texto misterioso y lírico. Siguió con Los raros de Rubén Darío, «el mejor libro de prosa» escrito por el poeta, según Pere Gimferrer, que escribe el prólogo. Y luego el Diario íntimo de Pierre Loti, o Sol negro de Julia Kristeva, o el fascinante tomo dedicado a La condesa sangrienta de Valentine Penrose. O el delicioso Los bellos y los dandis de Clare Jerrold.

Libros ocultos, libros de culto

Las Cartas de amor a Jenny Colon es el número 13 de esta colección de WunderKammer, que imprime sus cubiertas en una vieja máquina Minerva, compone sus textos en tipos Bodoni y acompaña cada tomo con una lámina de Ernest Haeckel, naturalista alemán, en la que se reúnen las más extrañas formas del mundo natural. Todo un homenaje a lo romántico, una obra editorial que se inspira en la pasión por los libros, en la que la forma envuelve a los textos como un traje de noche a una elegante condesa. Libros ocultos, libros de culto, es el lema o principio al que dice obedecer el catálogo editorial de esta rareza editorial.

Cartas de amor a Jenny Colon
Cartas de amor a Jenny Colon y otras obras de la colección WunderKammer

Gérard de Nerval es, como apunta la nota de edición, «el más romántico de los poetas franceses». Las cartas a Jenny Colon, amor imposible, se hallaron entre sus pertenencias después de su muerte. Gérard Labrunie (1898-1855), llamado Nerval, se colgó en una «gélida madrugada parisina», en la calle de la Vielle Lanterne, que hace mucho dejó de existir. Dejó una obra maestra póstuma, Aurélia, y estas cartas en las que se entrega en alma y en cuerpo a una mujer a la que nunca tendrá y ante la que se ofrece en su totalidad: «si necesita un brazo que la sostenga, si necesita un cuerpo en que apoyar el pie para subir más alto, ya sabe…..»

Del amor erótico como religión

Gérard de Nerval vivía su amor como una religión, y percibe a la mujer amada como un ser que lleva un mensaje divino: «¿Qué somos, pobres criaturas? ¿Cómo responder dignamente al poder que ha puesto en nosotros el cielo? No soy más que un hombre y usted una mujer, y el amor que hay entre nosotros..» En otro pasaje de las cartas mide su amor por el muro infranqueable que tiene delante: «un amor como el mío necesitaba una lucha penosa y difícil; esta pasión infatigable necesita una resistencia inaudita».

Dos textos más componen el libro además de las Cartas. El primero es de Théodoro de Banville, en el que evoca la cama Renacimiento que Nerval compró en Turena con la finalidad, nunca alcanzada, de compartirla con su amada Jenny Colon. El último, como posfacio, es El pensamiento de Gérard de Nerval de Juan Eduardo Cirlot, en el que analiza todos los caminos que llevan en Nerval a la fusión del mundo real y del imaginario.

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