La casa de Chiqui tiene un salón con luz cenital y un ángel dorado que toca una trompeta en la esquina de una mesa. No hay un orden que gobierne los muebles, ni un solo estilo para los cuadros. Pero el visitante entiende enseguida que las cosas están en el lugar que les corresponde: cayeron allí, en el centro o en un rincón y allí se han quedado. El taller está en un sótano. Al bajar va subiendo un guirigay de voces. Mon Air , la marca que ha llevado la innovación a los trajes de comunión nació en este pequeño espacio.

Las cosas de verdad

Chiqui Navarro es socia fundadora de la firma Mon air. Es un torbellino de energía y creatividad. Habla por los codos mientras nos guía hasta el taller de Mon air en  la que fuera la casa de Nacho Cano. “Aquí”, nos dice, en lo que era la discoteca, hacemos las pruebas a nuestras niñas, y el atelier está en lo que era el estudio de grabación”. Chiqui Navarro habla siempre de sus niñas, porque su único hijo es varón, paradojas de la vida, y por la especialísima relación que mantiene con sus clientes. “Aquí les tratamos como si fueran de nuestra familia. No somos capaces de vender un vestido por vender. Cada niña que pasa por aquí es como si fuera mi hija”. “A la gente que le gustan las cosas de verdad, quiere un Mon air. ¿Por qué? Porque son puro sentimiento. Además sientan fenomenal. A una niña pequeñita le queda perfecto, a una niña grande, le queda perfecto y sabemos sacar lo mejor de cada niña y lo mejor de cada familiar”.

Vestido ‘Mon air’ de la colección 2020

Y en Mon air también hay una ética y unos valores y unos principios. Nos cuenta Chiqui, que en ocasiones, cuando una niña no se decide entre dos vestidos, y los padres se lo pueden permitir, le dicen “¿No sabes cual elegir? Llévate los dos”. “No le vendemos los dos, explica Chiqui. «Tienen que tener conciencia de que estar aquí y llevar un vestido como estos es un privilegio y nos gusta que las niñas sepan el valor que eso tiene. Al final, las madres vienen a por un vestido y las niñas se van con un mensaje, y yo creo que eso es lo que nos hace un poco más especiales”

Primero la tela, luego el vestido

Los trajes de Mon air, son espectaculares. El escote puede tener la forma de las lágrimas de la virgen de Fátima o su tela puede llevar bordadas las iniciales de una cita religiosa en latín. En la web gustan, pero verlos, tocarlos, darse cuenta del mimo y del gusto con el que están diseñados, es una sorpresa. Los diseños de las telas salen del propio taller y se fabrican, siempre que es posible, en España. “Primero veo la tela”, explica Navarro, “y luego creo el vestido. A veces lo más difícil es que lo que yo veo en la cabeza se plasme en el telar”.

Estos vestidos vaporosos, en tules bordados o lino con encajes harían perder la cabeza a una estrella de Hollywood, ¿Cómo se las arreglan para poner de acuerdo a madre e hija a la hora de la elección?  “A madre e hija, no. Primero hay que convencer a la abuela”, nos explica. “Cuando la abuela ve cómo están hechos nuestros vestidos, con qué detalle, cosidos a mano, se queda satisfecha. Cuando la abuela ha dado el visto bueno, la madre está contenta y entonces la decisión es de la niña y de eso nos encargamos nosotras. Le probamos los vestidos, la peinamos y de pronto, sabemos cuál es el que está hecho para ella”. “Empleamos unas dos horas con cada niña para que todo el mundo quede satisfecho. Y lo adaptamos para que no sea el vestido el que lleve a la niña sino que sea la niña quien lleve el vestido. Ese día, al verla tienen que decir qué preciosa va la niña, no qué vestido más bonito lleva

El vestido de Carmen

Entre toda estas niñas recuerda a Carmen, porque le recordó a Santa Bernadette. Venía de Valencia con toda su familia, y al colocarle el velo, todos se echaron a llorar. Carmen recibió la extremaunción al nacer y su familia temió no llegarla a ver vestida comunión.

Complementos ‘Mon air’ a juego con los trajes de comunión

Mon air nació modestamente hace cinco años, con vestidos que distribuía en varios puntos de venta con bastante éxito. Cuando se presentaron en la primera feria, sus vestidos tenían un precio de 500 €, frente a los 200€ que valía la media de la competencia. El panorama no era halagüeño. Era una feria de venta directa al público y como cuenta Chiqui: “Llegamos allí, y empezamos a hacer lo que hacemos siempre, ser naturales, peinar a las niñas, vestirlas, disfrutar y se nos hizo una cola en el stand y vendimos los primeros 40 trajes de comunión. Y ese dinerito que ganamos lo invertimos en la primera feria oficial y de allí comenzamos a crecer primero con cinco puntos de venta hasta llegar a los 80 en España”

En ‘Mon air’, las comulgantes encuentran el calzado coordinado con el vestido

El taller de Mon air rebosa de actividad, pero es una actividad reposada, sin agobios ni estridencia. Mientras la costureras rematan dobladillos o hacen ojales, se preparan pedidos que van a Roma, a Dublin a Miami…. Y se repasa lo que queda pendiente de preparar. Porque del atelier de Mon air no solo salen vestidos de comunión dignos no ya de princesas, sino de reinas.

El bolso y el atrapasueños

Aquí se cosen las alpargatas a juego, se hacen las coronas, se viste a la legendaria muñeca Nancy, en su versión moderna, con idéntico traje del de la comulgante. A juego con los vestidos, se diseñan atrapasueños, bolsos e incluso se preparan canastillas, que podrían albergar a un recién nacido, para contener las chucherías que se entregan para recordar la fecha de la comunión.

Prueba del éxito de los vestidos que salen de este talle es que De todos los clientes que visitan el taller, el 95 por ciento se llevan un vestido. Nuestros trajes tienen un precio razonable para el producto artesano y exclusivo que ofrecemos”.

Los tules bordados de los vestidos ‘Mon air’ son diseñados por la firma y fabricados en España

Mon Air, una lección de empresa

La crisis del 2008 cambió la mentalidad de la moda, explica Chiqui Navarro. Ahora, las tiendas de niños cifran sus esperanzas en la ceremonia. Pero este año, con el Covid, “no ha habido momentos especiales, los hemos perdido todos. Hemos perdido los trajes de las hermanitas, los trajes de las mamás. Ha afectado a toda la industria de la moda. ¿Las comuniones? Al final es un sentimiento religioso el que te lleva a hacer la comunión. No es en todas las familias así.  A quienes les mueve el sentimiento religioso están haciendo las comuniones. A quienes les mueve la fiesta o la ceremonia civil, lo están dejando para el año que viene porque hacen de eso un acto social”.

Los vestidos ‘Mon air’ son totalmente artesanales y tienen un precio muy ajustado para su nivel de calidad

Para superar la crisis, Navarro recomienda echarle agallas, aunque reconoce que es más fácil ponerle agallas cuando tienes respaldo. A quienes no tienen respaldo les aconseja que con el mínimo hagan el máximo. Yo creo que el éxito está escondido en sacar de la nada el máximo. Nosotras lo conseguimos hace 6 años, muy poco a poco, con los costes controlados, sin ambiciones y sobre todo, con lo que generabas, invirtiendo. En este momento, quien tenga sueños, que los lance al aire, pero muy medidos, poquito a poco. Que primero sueñe una cosa pequeña, y luego otra y luego otra, para que al final ese sueño sea un sueño grande”.

Como decíamos más arriba, Mon air además de ser una firma de trajes de comunión es una firma de principios. Este año, cada vestido va acompañado de una mascarilla a juego. Su precio, 5€, es una donación que hace la firma a Cáritas en nombre de la comulgante. Porque como explica Chiqui Navarro “En un año en el que los niños tienen que ocultar su sonrisa tras una mascarilla, hay que intentar poner una sonrisa en las caras de los niños menos afortunados”.

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