Traemos hasta Cuentos únicos a uno de los grandes escritores del siglo XX. James Joyce es conocido sobre todo por su Ulises, obra compleja que revolucionó la literatura occidental, y que tiene una legión de apasionados lectores, y un ejército de detractores que nunca la pudieron terminar. Joyce escribió Dublineses con 32 años. Uno de los relatos de esa obra es La casa de huéspedes.

La obra

Ezra Pound escribió en una reseña sobre Dublineses que «Joyce contribuye a la dignificación artística de la vida mediocre». Se refiere a sus personajes. Muchos de los que aparecen en Dublineses tienen una vida que se prolonga en Retrato del artista adolescente, en Ulises e incluso en Finnegans Wake. Para Joyce, los retratos de Dublineses son un «capítulo moral de la historia de su país».

James Joyce ambienta las historias de Dublineses en los meses previos a la independencia de la católica Irlanda respecto al protestante Reino Unido. Joyce decía que se sentía asfixiado por el catolicismo, y su intención, según aseguró, era escribir un capítulo de la historia moral de Irlanda. Y escoge Dublín. El verdadero protagonista del libro es la ciudad. De Dublín, Joyce decía que era el centro de la parálisis. Y con eso se refería a una especie de bloqueo de la ciudad, bloque cultural, social y moral, por el sometimiento de la sociedad dublinesa a la Iglesia católica y al Imperio británico.

El Dublín de Joyce

Los quince relatos que componen Dublineses sorprendieron en su tiempo por la libertad del lenguaje, la crudeza de los temas y las irrespetuosas alusiones que salpican el texto. La obra no pretendía escandalizar sino ser un retrato objetivo y preciso de la vida en Dublín. Desde Trieste, James Joyce escribía cartas a su hermano en las que le pedía detalles y preciosiones sobre algunos aspectos de la vida en la ciudad.

Dublín se constituye en el protagonista de la obra, a la vez como medio histórico concreto y como símbolo de todas las metrópolis del mundo. Los relatos se ordenan en torno a cuatro motivos: las primeras experiencias infantiles, las frustraciones de la juventud, los desengaños de la madurez y la ruina final de las ilusiones. La casa de huéspedes se integra en la tercera parte.

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