Bienvenidos al mundo de Roal Dahl. Cuentos únicos inauguró el carril del humor con Mark Twain y ahora seguimos por Dahl, otro genio, más rebelde, más salvaje, más ácido que Twain. Quizá ustedes le conozcan de Charlie y la fábrica de chocolate. Si solo han probado la literatura para jóvenes de Dahl, escuchen este cuento y entren en el mundo de sus cuentos para adultos. La mente de Dahl es morbosa y retorcida.

El cuento

Roal Dahl pone en el centro de La Cata a un agente de bolsa, con más dinero que talento, invita a cenar a un conocido gastrónomo, un gourmet que dirige un club de epicúreos, gentes entregadas al placer, que son capaces de hablar del vino como si se tratara de un ser vivo. El agente de bolsa es un rico al que le falta el refinamiento de la cultura elitista. Y han empezado a rellenar sus lagunas con el vino. Pretende saberlo todo del vino, y desafía al gourmet con continuas apuestas. Le reta a adivinar el origen del vino, el pago en el que se cosecharon las uvas, la añada a la que corresponde el vino.

La cosa, como en casi todos los cuentos de Roal Dahl, se les va de las manos. La apuesta llega a extremos ofensivos, pero sigue adelante. Dahl da al cuento un giro final inesperado, sorprende siempre gracias a un portentoso dominio de los mecanismos de relojería de los relatos. No sorprende que muchas de sus historias fueran adaptadas en la famosa serie televisiva Alfred Hichcock presenta, porque el cineasta y el escritor compartían el gusto por los giros imprevistos, las atmósferas perturbadoras, el humor negro y los toques macabros.

El autor

Nació en 1916 y murió en 1990. Fue espía, piloto de combate experto, historiador del chocolate e inventor médico. También fue el autor de la novela Mi tío Oswald, y de los libros de relatos El Gran Cambiazo (Gran premio del Humor negro), Historias extraordinarias, Relatos de lo inesperado y Dos fábulas. Es uno de los mejores contadores de historias de la literatura inglesa. Obviamente por detrás de Robert Louis Stevenson.

Dahl aplica una desbordante imagiación a sus cuentos, siempre cargados de retorcida perfidia, salvaje ironía y sobre todo de una descomunal habilidad en el manejo de la tensión narrativa. Sus historias provocan al lector carcajadas y asomobro, son una golosina adictiva.

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