Daguerrotipos y otros ensayos. Karen Blixen. Prefacio de Clara Pastor. Traducción de Jesús Pardo. Editorial Elba

Daguerrotipos y otros ensayos es eso, una colección de textos y reportajes en los que predomina el recuerdo. Karen Blixen habita el pasado como el territorio en el que se siente más cómoda. El futuro no es lo suyo. Cuando lo imagina, vuelca su sentido esteticista y patina. Pero en la descripción de los viejos tiempos es una maestra, una gran dama de la literatura, a pesar incluso de que ahora sepamos, por la biografía La leona. Karen Blixen en África (Ediciones del viento) que la vida en Kenia fue menos romántica de lo que contó y más dura y prosaica de lo que nunca admitiría. Los textos de Blixen abordan aspectos de su vida en África, un viaje por la Alemania nazi, su visión del feminismo, lo que piensa de los ensayos clínicos con animales, y un texto final en el que explica su vuelta al hogar.

El regreso a casa

Karen Blixen

El libro termina como una vuelta a casa, como un regreso al hogar en el que creció con su padre hasta los diez años. A esa edad, el padre de Karen Blixen, Wilhelm, se suicida, según algunas biografías, atormentado por la sífilis. Había sido un aventurero, un cazador que había pasado años con los indios chippewas en el oeste americano. Karen veneraba a su padre. En ese texto final, el lector percibe en la vida de Blixen una imitación del impulso paterno hacia el viaje, la convivencia con los indígenas, el regreso a casa. Una Odisea, la de una mujer que se sentía «de la sangre de Ulises».

La historia de su matrimonio es conocida, la de sus amores con Denys Finch Hatton también. Después de las rupturas y la muerte de Denys llegó la quiebra, y el regreso a casa. Se refugió en la escritura, publico los cuentos góticos y en 1937 Memorias de África. Los textos reunidos en Daguerrotipos y otros ensayos son posteriores. El primero de estos ensayos, por orden cronológico es Negros y blancos en África, una conferencia pronunciada en Suecia en 1938. Hay algunos textos que fueron leídos en la BBC o en la radio danesa. El último, en julio de 1968, es precisamente el texto en el que habla de Rungstedlund, el refugio familiar donde construiría un hábitat para proteger a las aves migratorias.

África y el colonialismo

En los textos de Daguerrotipos es evidente el continuo contraste entre el comportamiento de Blixen, su audacia, su sed de aventura, de no responder a los estereotipos, y sus ideas, a veces anticuadas, siervas de las formas de otros tiempos. En Blixen es la experiencia la que tiene la fuerza, y el terreno en el que nacen sus convicciones, por mucho que se sienta hija de otro mundo.

No es cierto, como se afirma con ligereza que Blixen abstraiga una dimensión lírica de África e ignore la injusticia del sistema colonial. Lo desmienten estas líneas: «nuestra aportación no fue muy afortunada» porque lo que hicieron los colonos fue «convertir a un pueblo libre, íntimamente unido a la naturaleza, en un proletariado cuyo destino es duro». Blixen reconoce en este texto que la experiencia vital más intensa que ha sentido es el amor por los negros africanos, esos a los que en algún pasaje llama, con evidente paternalismo «mis negros».

Karen Blixsen

El texto sobre feminismo está también lleno de sorpresas. Las que reparte una mujer que piensa que «lo que si es humillante es una sociedad cuyas mujeres no saben respetar debidamente a sus hombres, como también es humillante el que los hombres de cualquier sociedad no honren debidamente a sus mujeres». Para Blixen, los hombres se concentran en la empresa de hacer cosas mientras las mujeres se afanan en el ser. Cien años después de la irrupción del feminismo, Blixen afirma que sería una victoria dejar a un lado las armas.

Blixen en el III Reich

Otro de los textos es un reportaje sobre la Alemania del III Reich. Blixen viaja en el año 1940, entre marzo y abril, a Alemania, con un encargo del diario Politiken. Pronto reconoce que no es periodista. Tiene curiosidad, sin duda, y anota con precisión lo que ve. Tiene ojo para captar la atmósfera alemana y los riesgos que plantea, pero renuncia a las mejores oportunidades de hablar con los dirigentes nazis. Como otros muchos viajeros de la época, la Alemania hitleriana les somete a un férreo control.

Blixen pone en conexión la obediencia nazi con la sumisión islámica cuando se pregunta si habrá habido en el pasado algo similar al III Reich: «por lo que he visto personalmente a lo largo de mi vida, yo diría que lo más parecido es el Islam, el mundo y la cosmovisión de los mahometanos». Pero Blixen patina cuando afirma, ante una conjunción astral insólita, que lo que se recordará de la II Guerra mundial, más que los tanques, son esos planetas alineados. Su esteticismo le juega en algunos pasajes muy malas pasadas.

Blixen vuelve a Londres, regresa a Shakespeare, evoca el lema de Pompeyo navegar es necesario, vivir no es necesario, y regresa a la vieja casa familiar, donde crea su Fundación, dedicada a proteger a las aves migratorias, de las que se siente parte, un refugio, un paraíso para su descanso. La Odisea de una mujer que era de la estirpe de Ulises.

En esa aventura constante que fue su vida, en esa búsqueda de su destino, hay una aventura épica de una fuerza colosal, escrita y descrita con una prosa elegante, repleta de observaciones agudas e ideas propias, que brilla con elegancia en la traducción de Jesús Pardo.

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