Diarios completos. Fernando Pessoa. Hermida Editores. Segunda edición.

Fernando Pessoa nace en junio de 1888. Vino al mundo el 13 de aquel mes. Nació en el piso cuarto del número cuatro de la plaza de San Carlos. Cuatro son los poetas que habitaron en su alma, en su «corazón deshabitado» como escribe Ángel Campos en el prólogo a la Antología poética que Galaxia Gutenberg publicó en España. Vivió cuarenta y siete años. En esa corta vida nos dejó una de las obras más complejas, enigmáticas e inquietantes de la literatura contemporánea. Los diarios, sus diarios completos, publicados por Hermida, son una pieza clave. La edición incluye sus notas personales, los fragmentos autobiográficos del Libro del desasosiego, y algunos poemas de sus heterónimos Alberto Reis, Ricardo Caeiro y Álvaro Campos. Cierra el libro Tabaquería, cumbre de la poesía contemporánea, que comienza con ese susurro: «No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada».

Un paso hacia lo desconocido

Diarios completos
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¿De qué hablan los Diarios de un Pessoa que renunció a la vida? ¿Qué cuentan de esa vida que según el autor fue un «drama de personalidades y no de hechos»? Apenas hay hechos en sus anotaciones, tan solo algunos atisbos, como vistos entre la niebla de las calles de Lisboa, de donde el autor no sale. «Poeta de las cuatro cabezas», le llamó Bianciotti. Y Octavio Paz, en un texto lúcido, añade que en ese multiplicarse de identidades, Pessoa ni es un mentiroso ni se trata de una mixtificación sino más bien «de la destrucción del yo, pues eso son los heterónimos, provoca una secreta fertilidad. El verdadero desierto es el yo, no solamente porque nos encierra dentro de nosotros mismos y de ese modo nos condena a vivir como fantasmas, sino porque desgasta todo lo que toca». La obra de Pessoa es un paso hacia lo desconocido.

Hasta el punto es así, que en el capítulo Notas sobre lectura, después de reconocer que ha abandonado el hábito de leer, anota lo siguiente: «mi intelecto se ha vuelto tan plástico y extenso que puedo reproducir cualquier emoción y adoptar cualquier estado mental. En la dirección hacia la que me muevo, erizado de angustia, ningún libro puede ayudarme». Pessoa busca la totalidad del ser: sentirlo todo de todas las maneras

El infierno de ser Yo

¿Y en qué dirección se mueve Pessoa? En los Diarios se pueden encontrar algunas claves, en especial las referidas al hermetismo, doctrina de la que Pessoa es un gran conocedor: «tengo que vivir todo el tiempo en el desierto inerte de ser yo, somo un error abstracto de la misma creación que me ha dejado atrás. ¿Arderá siempre en mi, tan eterno como inútil, el deseo yermo de regresar al ser?» Pessoa renuncia a la vida exterior para iniciar una de las aventuras más insólitas de la vida interior. Su mundo exterior se reduce a unas pocas calles, la oficina, los cafés, las tabernas. A veces una incursión en la Livraria inglesa, o a Potugália, donde le suministran libros de ocultismo o de masonería. El mundo de Pessoa es cerrado, intransferible, procede de su propia experiencia.

Imposible hablar de Pessoa sin referirse a su descubrimiento: los heterónimos. «Hoy constituyo el punto de reunión de una pequeña humanidad tan solo mía«. Caeiro, Reis, Campos y el propio Pessoa, que es también una realidad de ficción, están relacionados, debaten sobre los grandes temas del pensamiento y de la poesía: la soledad, la conciencia, el misterio de existir: «Vivir es ser otro. No es posible ni siquiera sentir si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer es recordar hoy lo que ayer se sintió, ser hoy el cadáver vivienda de lo que ayer fue vida perdida».

Entusiasmo poético

Replegado en su interior, la luz exterior llega a su alma tamizada. Los Diarios están casi vacíos de hechos y sucesos. Tampoco hay muchos nombres: el pintor, poeta y amigo Almada Negreiros, y otros cercanos como Sá-Carneiro o Coelho. Y algunas notas que testimonian los valles de la depresión: «me siento débil, a menudo mareado, pero siento mucho entusiasmo poético». O su afición por las novelas policiales: «buena parte de mis horas más doradas y felices que me ha ofrecido la vida, una cuenta bastante escasa, las he pasado con la conciencia ocupada por completo por las páginas de Conan Doyle o Arthur Morrison».

Pessoa renunció a la vida exterior en busca de la posteridad. Conforme avanzan las notas de sus Diarios se pierden las anotaciones vacías, las que consignan sus ingresos magros, sus comidas en las tabernas, o las cartas mercantiles que escribe para ganarse la vida. Las notas van acumulando espesor, y entramos en la sinceridad profunda de sus impulsos: «si en la epopeya de mi propia vida no logro interpretar el papel que he concebido para mi mismo, deberé considerar que mi existencia ha fracasado. Si en todos y cada uno de mis versos no sopla un aliente de posteridad, reconoceré que he malgastado el tiempo que los dioses han invertido en mi (…) Mi orgullo es de una materia mucho más densa que la de esos fantasmas que llamamos hombres»

Lo que traerá el mañana

Todos sus esfuerzos humanos estuvieron dedicados a la literatura, a la posteridad. Hoy 132 años después de su muerte, seguimos dando vueltas a una experiencia literaria colosal, iluminando rincones de ese laberinto inagotable que es Pessoa, uno de los grandes hitos de la literatura universal. Murió el 30 de noviembre de 1935. Un día antes, ya internado, escribió en inglés, su segunda lengua (su patria, decía era la lengua portuguesa) No sé lo que el mañana me traerá.

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