Días de sumisión. Cómo el sistema democrático venezolano perdió la batalla contra Fidel. Orlando Avendaño. Prólogo de María Soledad Hernández Bencid. Ígneo Editorial

En enero de este 2020 Nicolás Maduro anunció la incorporación del embajador de Cuba al gabinete de ministros de Venezuela. La noticia confirmaba un secreto a voces: la injerencia de Cuba en los asuntos de Venezuela. Los cubanos no solo controlan el ejército venezolano, la policía, el servicio secreto y los organismos que se encargan de la represión de los disidentes. Ahora se sientan en el órgano de gobierno de Caracas.

Si quieren saber cómo la Venezuela chavista ha llegado a ese estado de genuflexión ante Cuba, la explicación y los detalles de esta larga historia los van a encontrar en ‘Días de sumisión’, que Avendaño subtitula con esta frase: cómo el sistema democrático venezolano perdió la batalla  contra Fidel. Porque ha sido una batalla  librada desde que Fidel llegó al poder, en 1959. Dado el giro de la política exterior española hacia Venezuela, el ensayo de Avendaño cobra para el lector español una relevancia especial.

Días de sumisión
Días de sumisión

Dos momentos históricos

Hay dos momentos clave en esta historia. El 23 de enero de 1959 Fidel Castro hace su primer viaje al exterior. Llega a Caracas y es recibido con las calles y la Universidad llenas. Venezuela acaba de poner fin a una dictadura. Rómulo Betancourt, presidente electo,  ha abierto una etapa democrática. Fidel le pide petróleo en condiciones especiales, y Betancourt le responde que Venezuela no regala petróleo a nadie. El encuentro fue áspero. Para Fidel Castro, Betancourt será a partir de ese momento su enemigo mortal.

El otro momento, con el que se cierra ‘Días de sumisión’, es el viaje de Hugo Chávez a La Habana, en 1994. Chávez acaba de ser puesto en libertad por el presidente Caldera, que antes de ganar las elecciones, ya había justificado el golpe dirigido por Chávez y sus militares bolivarianos contra Carlos Andrés Pérez. Caldera ordenó el “sobreseimiento” de la causa. Chávez y sus coroneles estaban siendo juzgados por un tribunal militar. La causa se anula. La pena por rebelión, 30 años de prisión, se disuelve. Los golpistas son liberados, según Caldera, por interés nacional. Todo un presidente, democráticamente elegido, respalda el golpismo y desarma la democracia, en una claudicación que tendrá trágicas consecuencias.

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Castro y Chávez en el aeropuerto de La Habana. 1994
Castro y Chávez en el aeropuerto de La Habana. 1994

Liberado, Chávez viaja a Cuba, donde un astuto Castro le recibe en el aeropuerto, le otorga reconocimientos y medallas, le presenta ante la Universidad de la Habana. Los discursos pronunciados esos días por Castro y Chávez y recogidos en amplias citas en Días de sumisión son estremecedores. La despedida de la Habana, en el aeropuerto, fue un presagio evidente de lo que vendría después. La despedida en La Habana es una imagen pública que causa revuelo en Caracas. Revuelo, pero nada mas. Fidel en esos días, nombra a Chávez como la personificación del  movimiento revolucionario bolivariano en América. Es el triunfo de Fidel. Cuarenta y cinco años después de su entrevista con Betancourt, Venezuela está a punto de convertirse en una provincia de la dictadura comunista cubana.

Castro toma posesión de Caracas

El 2 febrero de 1999, escribe Avendaño en los primeros compases del libro “Fidel estuvo en el palacio de Miraflores. Ya antes había visitado la sede de la presidencia de Venezuela; pero esta era su primera entrada triunfal” “Nadie lo notó, pero ese dos de febrero quien tomaba el poder era él, no Hugo Chávez”

Entre un punto y otro de la historia, Avendaño traza un relato minucioso de las dos estrategias desplegadas por La Habana para hacerse con el control de Venezuela. Primero la insurrección, después la infiltración. La primera se organiza con el apoyo a las guerrillas, con atentados terroristas como el de septiembre de 1963 contra un tren repleto de excursionistas. En mayo del 67 lo intentan con una invasión por mar que termina en tragedia.

Cambio de estrategia

Después de la muerte de Che Guevara en Bolivia, fracasada la estrategia de hacer estallar  focos revolucionarios en América, Cuba se orienta hacia la infiltración en las Fuerzas Armadas. Utiliza sus servicios secretos y las escuelas de formación de cuadros de Cuba (Maduro fue alumno de una de ellas) Es un trabajo lento. La captación de partidarios de la revolución es clave. Chávez será uno de ellos.

El relato de su carrera militar que hace Avendaño es minucioso y honesto. Donde no puede hacer luz, lo reconoce. Sorprende la facilidad con la que Chávez asciende, incluso para su sorpresa. Causa perplejidad cómo su expediente se va limpiando de dudas y sospechas, y cómo se le concede el mando de tropas y responsabilidades en la Academia Militar a pesar de recaer sobre él la sospecha de haber pasado información a la guerrilla comunista para organizar una emboscada en la que caerán soldados compañeros de Chávez.

La primera sublevación «espontánea»

La infiltración era un paso previo a la sublevación. En 1989 Carlos Andrés Pérez toma posesión para  su segundo mandato. Era un hombre sin rencor. Había sido ministro del Interior con Betancourt, pero su visión de Cuba y los Castro era radicalmente diferente. Nunca percibió las ansias de control de Castro, nunca lo vio como un enemigo. Le invitó a su toma de posesión. Castro llegó con dos aviones, un gran séquito, muchos contenedores. CAP dejó el control de esa delegación en manos de un venezolano amigo de los Castro. La élite venezolana aplaudió la llegada de Castro, le abrió las puertas al dictador.

Veinticinco días después estalló el Caracazo. La propaganda comunista dirá que fue una sublevación espontánea. Son muchos los testimonios sobre la implicación extranjera y la actividad de francotiradores contra las Fuerzas Armadas. Fue el primer golpe certero contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. La corrupción del sistema venezolano fue un pretexto dinamizador. Pero justificar el golpe de  Chávez como hizo Caldera por la corrupción sistemática era dinamitar la legitimidad democrática para entregar el país a los golpistas, y a través de ellos, a los cubanos.

Fidel Castro en la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez. 1989. Foto de Vasco Szinetar
Fidel Castro en la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez. 1989. Foto de Vasco Szinetar

El relato de Avendaño es vibrante. Su prosa es ágil, su documentación minuciosa, su capacidad de fijar los momentos clave de la historia compone un libro que se lee con facilidad, con un creciente interés. Insistimos: la relevancia de este libro es máxima para el lector español. No solo por las noticias del poder de los Castro y su control de Venezuela, no solo por la inclinación del gobierno de Sánchez hacia Venezuela (hacia Cuba en realidad) sino por las consecuencias que tienen los gestos de debilidad de las democracias con sus enemigos, el compadreo con los golpistas y la complacencia con un comunismo disfrazado a veces de populismo, otras de nacionalismo.

Orlando Avendaño es un periodista venezolano, licenciado en Comunicación social por la Universidad Católica Andrés Bello y estudios de Historia de Venezuela en la Fundación Rómulo Betancourt. En la actualidad es redactor de PanAm Post.

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