corral cervantes

Es el hombre que mira los cuadros de la pintura y ve las plantas. Sabe qué hacen ahí, cuál es su sentido, cómo llegaron hasta el estudio de los pintores. Ha identificado y catalogado todos los vegetales que aparecen en la obras del Museo del Prado. Y ha volcado su experiencia y su conocimiento en El Jardín del Prado, una obra editada por Espasa, que es una mezcla de pasión, vida y conocimiento. Eduardo es jardinero, investigador botánico y profesor de jardinería. Y les recomiendo que lleguen hasta el final del audio que acompaña este artículo, porque sabrán cómo trabaja un jardinero experto en el mundo de los apasionados del jardín. Digo mundo y digo todos los continentes, porque Eduardo Barba ha trabajado para instituciones y particulares, desde Estados Unidos hasta Australia. La vuelta al mundo de jardín en jardín.

El Jardín del Prado
El Jardín del Prado

Lo primero es mirar, y observar

El Jardín del Prado, de Eduardo Barba Gómez, es un libro que nos abre los ojos a una realidad rica que siempre ha estado ahí: las plantas en la pintura. Aquello en lo que pocas veces nos fijamos. Su obra es el producto de dos pasiones: la botánica y la pintura. A Eduardo le preguntamos por el origen de las dos, y confiesa que antes de esas pasiones, estuvo la mirada curiosa de un niño:«Lo primero es la observación, la curiosidad por aprender todo lo que nos rodea. las plantas me cautivaron desde niño. La influencia viene a traves de mi madre, que ciudadba de sus splnatas en las terrazas. Una casa con plantas dice cosas. Cuando entro en una casa que no conozco hay dos cosas que captan mi atención de inmediato: las plantas y los libros. Una casa con plantas dice que las personas que están allí tienen una atención distinta sobre el entorno, que cuidan de las cosas».

El jardín de las delicias

Los vegetales están en la pintura como adorno pero también como mensaje. Las plantas participan de la simbología: «hay momentos artísticos que no se entienden sin ese papel principal de las plantas, por ejemplo el gótico « Le preguntamos a Eduardo Barba por los pintores con más pasión por el mudno vegetal: «habría que hacer un podio compartido, en el primer escalón está Brueghel el viejo, que absorbe la botánica de una forma espectacular y la introduce en sus pinturas. Las plantas aparecen representadas con mucha fuerza. Hay cuadros en los que podemos encontrar cien especies disntintas. Pero también deben estar en ese podio El Bosco, Patinir, que también prestaban mucha atención a la botánica».

Hay algunas plantas productos de la imaginación. Los maestros a veces incluían la fantasía en sus cuadros. Por ejemplo un tulipán azul, que no existe en la naturaleza. La conversacion nos lleva hasta El jardín de las delicias. Y le pedimos a Eduardo que nos diga las plantas que figuran en esa obra: «si por supuesto, hay un amigo que juega con esto como un desafío y siempre sale perdiendo. En El jardín de las delicias hay drago que sale en la tabla izquierda, un drago con muchas presencia, o el sello de salomón que es una planta que tiene unos frutos alineados como soldados. Está la borraja, las fresas, la aguileña, una flor espectacular con mucha vida. El Bosco era un amante de la botáianc . El Bosco conoció el drago a través del comercio entre las islas Canaris y el norte de Europa. La pimera noticia que tuvo del árbol subtropical fue a través de grabados».

El jardín de las delicias
El jardín de las delicias de El Bosco, con un drago en la tabla izquierda.

La rosa en la pintura

A Eduardo Barba le preguntamos por la frecuencia estadística de algunas plantas. La más repetida es la rosa: «Hay cientos de cuadros y de esculturas que tienen una rosa, a veces la rosa está en manos de personajes. La azucena también se repite mucho. Y en cuanto a especies me quedo con la hiedra. Aparece en más de cientosesenta obras del Prado».

El libro nos descubre el mundo de la botánica en el arte pero también el trabajo de un profesiona, apasionado, y que comunica muy bien. Como jardinero, Eduardo Barba tiene detrás un largo trabajo internacional: » me gusta viajar y siempre que viajo me involucro con los jardines que encuentro. A veces son jardines de personas particulares y yo me implico en su vida. Vivo con ellos, me dan alojamiento y mi contribución es el embellecimiento y la comprensión del jardín. Ayudo a mejorarlo con nuevos espacios o con la implantación de nuevas especies».

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